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Pistas para la homilía

  •   Domingo Agosto 09 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Jesucristo como pan de vida

• Lecturas:
- I Libro de los Reyes 19, 4-8
- Carta de san Pablo a los Efesios 4, 30—5,2
- Juan 6, 41-51

• En las lecturas de este domingo, llama la atención el protagonismo que tiene el pan, no solo como un bien que es esencial para la conservación de la vida, sino también porque es un símbolo que nos recuerda el amor providente de Dios, quien no nos abandona en los momentos de crisis – como lo experimentó el profeta Elías en el desierto -, y quien nos comunica la vida divina, concepto que Jesús desarrolla en esta catequesis sobre el pan vivo que ha bajado del cielo.

• Empecemos por la primera lectura, en la que Elías se encuentra en una situación muy difícil:
- El pueblo de Israel había caído en prácticas idolátricas y se había desviado del camino señalado por los profetas; había dado la espalda al Dios de la alianza.
- Yahvé pide a Elías que denuncie estos comportamientos e invite a volver al camino de la fidelidad. Como era apenas natural, su predicación le generó muchos enemigos, y debió retirarse al desierto. El texto bíblico que hemos escuchado nos muestra a Elías cansado de caminar por el desierto, desilusionado con su pueblo y con hondos cuestionamientos sobre su futuro: “Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres”.
- Se trata de unos sentimientos profundamente humanos que no deben sorprendernos ni escandalizarnos. Por santa que sea la persona y por generosa que sea su entrega al Señor, no deja de sentir. Los sentimientos son un componente esencial de nuestra humanidad.
- Pero Elías no está solo. Lo acompaña el amor providente de Dios, que se manifiesta a través de la figura de un ángel, quien despierta a Elías en dos ocasiones, y le ofrece pan y agua, regalos preciosos en medio de la precariedad del desierto. En dos ocasiones le dice: “Levántate y come”. Dios alimenta a Elías para que pueda llevar a cabo la tarea que le ha confiado.

• El significado teológico de esta escena en la que el ángel del Señor ofrece alimento y bebida a Elías, es hermosamente expresado en el Salmo 33, que hemos recitado juntos: “Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias. Junto a aquellos que temen al Señor, el ángel del Señor acampa y los protege”.

• La riqueza teológica de la imagen del ángel que ofrece el pan a Elías, adquiere una profundidad especial en la catequesis que desarrolla Jesús sobre el pan vivo:

- El contexto en el que Jesús lleva a cabo este diálogo es bastante difícil, pues ha chocado con el escepticismo de sus paisanos. La excesiva cercanía de sus contemporáneos les impedía ir más allá de los datos que ellos tenían sobre Jesús y que provenían de su entorno social inmediato: “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?”
- ¿Cómo controvertir estos argumentos que se apoyan en la experiencia inmediata? Los contemporáneos de Jesús están atrapados pues les era muy difícil, casi imposible, hacer una lectura diferente de la persona de Jesús, de sus palabras y acciones milagrosas.
- Con frecuencia, hemos visto que personas que vienen de fuera y que no están condicionadas por los prejuicios culturales que nos paralizan, son capaces de identificar valores que siempre estuvieron delante de nosotros, pero que fueron invisibles a nuestra mirada. Pidámosle al Señor que nos conceda la gracia de ver aquello que es invisible por causa de nuestros prejuicios, y que seamos capaces de escuchar interpelaciones que nos resultan incómodas pero que son necesarias.

• A continuación, Jesús desarrolla una catequesis muy densa, en la que Él plantea con mucha claridad su rol como revelador del Padre. En rápidas pinceladas, Jesús abre los ojos de sus conterráneos:
- Lo primero que pone de manifiesto es que la iniciativa parte del Padre: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado”. Así Jesús nos dice que seguirlo a Él es algo mucho más profundo que un fenómeno de atracción de masas o de mercadeo. El seguimiento de Jesús es un llamado de la gracia.
- En seguida, el Maestro hace una afirmación de índole trinitaria, pues expresa el misterio de la relación entre el Padre y el Hijo: “Todo aquel que escucha al Padre y aprende de Él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre”.
- Después de darnos a conocer la relación especialísima entre el Padre y el Hijo, Jesús explica, mediante la imagen del pan, lo que significa seguirlo a Él, y lo que implica la relación de los bautizados, que hemos compartido su misterio pascual. Estas palabras de Jesús, pronunciadas delante de los vecinos que lo vieron crecer, debieron causar escándalo y perplejidad: “Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene la vida eterna. Yo soy el pan de la vida (…); yo soy el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera”.

• ¡Impactantes palabras! Ser discípulos del Señor es mucho más que aceptar sus enseñanzas y ajustar el estilo de vida al camino señalado por el Maestro. La fe es un sí total que implica la razón y el corazón; es acoger a Jesucristo como revelador del Padre; es participar del misterio de su muerte y resurrección, con lo cual se da comienzo a una nueva creación, es decir, se establece una nueva relación entre Dios y la humanidad.

• La experiencia del profeta Elías y las palabras del Señor sobre el pan vivo fortalecen nuestra esperanza. A pesar de tantos signos de muerte y desesperanza, el Señor nos conforta: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.