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Pistas para la homilía

  •   Domingo Agosto 30 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La vida divina ha sido sembrada en nosotros

• Lecturas:

- Deuteronomio 4, 1-2. 6-8
- Carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21-22. 27
- Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

• En los textos bíblicos que acabamos de escuchar, hay unas palabras del apóstol Santiago que resuenan con particular intensidad, y que nos sirven de hilo conductor para nuestra meditación dominical: “Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos”.

• Es muy sugerente esta expresión de la palabra que ha sido sembrada en nosotros. Esta imagen inmediatamente nos recuerda que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, es decir, llevamos una chispa de divinidad, que se convierte en luz esplendorosa al convertirnos en hijos y coherederos. Esta imagen de la palabra sembrada nos invita a pensar en la necesidad de una adecuada educación para que esa palabra sembrada pueda desarrollarse. Esta imagen de la palabra sembrada en nuestro interior nos motiva a cultivar nuestra espiritualidad. Los invito, pues, a explicitar la riqueza de esta imagen utilizada por el apóstol Santiago.

• Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Nuestro ser es mucho más que un conjunto de órganos que desempeñan unas funciones, y mucho más que unos complejos procesos bioquímicos. Somos seres capaces de pensar, amar, desarrollar proyectos, libres. En pocas palabras, somos seres espirituales que trascendemos las fronteras de la muerte. El Creador nos ha confiado la tarea de administrar responsablemente la creación o, como dice el Papa Francisco, la casa común; tarea que hemos realizado mediocremente a juzgar por las desastrosas consecuencias de un desarrollo depredador. El espíritu que nos anima es una chispa de divinidad que da aliento a lo que somos y hacemos.

• Esa chispa de divinidad se convierte en luz esplendorosa con la encarnación del Hijo Eterno del Padre. Jesucristo es el lugar de encuentro entre la divinidad y la humanidad. Al entregar su vida en la cruz, nos convierte en hijos de Dios y coherederos del Reino. Esa palabra sembrada, de la que habla el apóstol Santiago, adquiere dimensiones insospechadas.

• Esa chispa de divinidad de la creación, que se convierte en luz esplendorosa gracias a la encarnación y pascua del Señor, debe ser cuidadosamente protegida, cuidada y alimentada. Son muchos los factores que amenazan a esa tierna semilla, a esa palabra plantada en nuestro interior.

• Cuando hablamos de proteger, cuidar y alimentar esa tierna semilla o palabra plantada en nuestro interior, lo primero que viene a la mente es la educación. Una adecuada educación en los valores éticos y religiosos crea un ecosistema que permite que la semilla se desarrolle, que esa palabra sembrada se convierta en árbol robusto. Ciertamente, las crisis que afectan a la familia y el materialismo que caracteriza a la sociedad contemporánea no favorecen ese ecosistema para un sano desarrollo.

• Cuando hablamos de proteger, cuidar y alimentar esa tierna semilla o palabra plantada en nuestro interior, también es necesario referirse a una espiritualidad en la que hay espacios para la oración, para la vida sacramental y para un comportamiento marcado por la sensibilidad hacia los más vulnerables. Si nosotros no le damos atención al desarrollo espiritual, esa palabra sembrada de la fe nunca se desarrollará vigorosamente. Es lamentable la situación de muchos bautizados que se preocupan por desarrollarse en el ámbito profesional, pero descuidan su vida interior, de manera que su formación religiosa y compromiso cristiano no pasaron de la adolescencia…

• En el evangelio encontramos la escena de un fuerte debate entre Jesús y los fariseos. El punto neurálgico es la coherencia entre lo que dicen y hacen, entre la fe que profesan y el estilo de vida que llevan. Los fariseos expresaban su religiosidad a través del cumplimiento externo de las normas; para ellos, lo más importante era cumplir las formalidades externas y en eso eran muy exigentes. Sin embargo, descuidaban lo que era más importante, es decir, la conversión del corazón y la adhesión a Yahvé que debía expresarse en unos valores éticos de justicia y solidaridad. Jesús los denuncia sin contemplaciones: “Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”. La auténtica fe en Dios exige una coherencia entre lo que confesamos con los labios y el estilo de vida que llevamos. Lo importante no es aparentar cumplir sino expresar la fidelidad a Dios a través del testimonio de una vida coherente con los valores del Evangelio.

Que esta meditación dominical, inspirada en las palabras del apóstol Santiago sobre la “palabra que ha sido sembrada en ustedes”, nos haga tomar conciencia de la vida divina que ilumina nuestro interior, tesoro incalculable que guardamos en el vaso frágil de nuestra libertad caprichosa. Esta palabra sembrada, esa vida divina que nos ha sido comunicada, debe ser protegida, cuidada y alimentada a través de la educación y de una vida espiritual consistente; y debe expresarse coherentemente en nuestras acciones, de manera que demos testimonio del Reino de Dios.