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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Agosto 30 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El Papa Francisco en su encíclica LAUDATO SI, Alabado seas, nos recuerda cómo “La gran riqueza de la espiritualidad cristiana, generada por veinte siglos de experiencias personales y comunitarias, ofrece un bello aporte al intento de renovar la humanidad” (nr. 216).

Más adelante reconoce que no siempre los cristianos “hemos recogido y desarrollado las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea” (nr. 216).

Hablando del cuidado de la Creación para el bien de toda la humanidad, de nuestro país y de nuestros barrios, es un llamado a llevar a la práctica el evangelio. Es lo que pide la segunda lectura: “y no sean meros oyentes que se engañan a sí mismos” (Sant. 1, 22).

El apóstol Santiago es muy concreto y nos invita a tener en cuenta aspectos prácticos como: “socorrer a los huérfanos y a las viudas cuando estén necesitados” (Sant. 1, 26).

A cada uno de nosotros corresponde reflexionar en qué aspectos debemos cuidar la naturaleza para nuestro bien y de un modo muy especial para los pobres. La encíclica con mucha frecuencia presenta a los pobres como las víctimas de loa desmanes ecológicos. Así lo hace, por ejemplo hablando del calentamiento global (nr. 24), del cambio climático (nr. 25), del problema de la contaminación de las aguas (nr. 27), por sólo citar unos pocos números.

En el nr. 14 nos invita a pensar en dónde podemos “colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”.

Qué bueno que de nuestro país se pudiera decir: “Y cuál de las grandes naciones tiene unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que les promulgo hoy” (Deut. 4,8). Por desgracia nuestro Congreso le ha dado más prioridad a discutir sobre el reconocimiento de los méritos de un cantor, no siempre ejemplo de vida, que a estos problemas que atañen a toda la población.

Con razón en el evangelio insiste nuestro Señor en examinar nuestro corazón que “concibe el propósito de hacer cosas malas, como inmoralidad sexual, robos, asesinatos, adulterios, ambiciones, maldades, engaño, desenfreno, envidia, difamación, orgullo e insensatez. Todas estas cosas malas proceden del interior del hombre y lo hacen impuro” (Marcos, 7,23).

Es la invitación de las lecturas de hoy, a no dejarnos llevar por el mal espíritu que nos impulsa a todo esto, sino por el espíritu de Jesús que nos anima a la solidaridad, al servicio a los demás y al cuidado de la Creación.