Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 06 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio habla de un sordo y tartamudo a quien el Señor Jesús curó. Eso mismo podemos ser nosotros en cuanto al campo ecológico. Somos sordos y tartamudos. No escuchamos a quienes nos hablan del tema, como lo está haciendo el Papa Francisco y los mismos obispos.

Sin mencionar a todos, el Papa nos ofrece en su encíclica bellas palabras de obispos alemanes, chilenos, argentinos, africanos, filipinos, bolivianos, etc. Escuchemos sólo a dos de ellos: “Tanto la experiencia común de la vida ordinaria, como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufren la gente más pobre” (Conferencia Episcopal Boliviana, citada en el nr. 48).

Más adelante, en el mismo número cita a los obispos alemanes: “El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres…”.

Si preguntamos a los fieles Que asisten a Misa, quiénes han escuchado hablar del tema al Papa Francisco, quizás algunos pocos podrán responder afirmativamente. Lo mismo digamos de quiénes han leído la encíclica LAUDATO SI, ALABADO SEAS, SEÑOR. Sea esta una ocasión para invitar a leerla con atención y gusto, como se merece tan rico texto.

Por todo eso tartamudeamos en lugar de hablar también nosotros con claridad, levantando la voz y denunciando todas las fallas y errores que están cometido el gobierno, las empresas explotadoras y nosotros mismos.

Es cierto que en los últimos años ya se habla más este tema. Basta con recordar cómo hace unos 30 años sólo un periódico de Medellín dedicaba cada 15 días una página al Medio Ambiente con noticias y buenos consejos. Hoy casi todos lo tocan con mayor o menor acierto.

Gracias a Dios la cosa ha cambiado. Sólo por retomar la metáfora del agua de Isaías en la primer lectura, basta con constatar cómo hoy si se está hablando del problema del agua, que en muchos sitios se está sintiendo fuerte, bien porque no cae agua de las nubes o porque la que cae la contaminamos.

Por fortuna hay una gran inquietud y en esto los campesinos y los indígenas nos están dando ejemplo. Basta con mencionar a los defensores del Páramo de Santurbán en Santander, la Mesa Ambiental del Sureste de Antioquia, las mujeres defensoras del Departamento de Cauca. Lo mismo a los defensores de los páramos de Pisba, Sumapaz, del Macizo Colombiano. Mucha gente se está movilizando para defender no sólo los páramos, sino los humedales, ríos y quebradas.

La bella encíclica el Papa vino en un momento oportuno para despertarnos la conciencia y sacarnos de la sordera y tartamudez que nos aprisionan.