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Pistas para la homilía

  •   Domingo Septiembre 13 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Una pregunta que no permite respuestas evasivas

• Lecturas:

- Profeta Isaías 50, 5-9
- Carta del apóstol Santiago 2, 14-18
- Marcos 8, 27-35

• Las enseñanzas de Jesús y sus milagros hacían inevitable la pregunta por su identidad, pues percibían en Él una profundidad y un poder que trascendían el rol social como hijo del carpintero que sus coetáneos le atribuían. Ese fascinante personaje que recorría los pueblos de Tierra Santa no era un ser común y corriente; ellos intuían que estaba relacionado con las grandes figuras de la historia de Israel.

• Como los comentarios sobre la identidad de Jesús se repetían en muchos corrillos, no debe extrañarnos que el tema saliera en la conversación del Maestro con sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. En su respuesta, los discípulos repitieron lo que habían oído en las calles y plazas: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”. Jesús no se contenta con la respuesta que recoge los rumores de la opinión pública; los confronta: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”.

• Jesucristo resucitado hace la misma pregunta a los creyentes de todos los tiempos. Si solicitáramos los servicios profesionales de una empresa especializada en consultas de opinión, seguramente confirmaríamos que mucha gente identifica a Jesús como un líder social que tomó partido por los pobres y esto lo condujo a un enfrentamiento con los poderes políticos y religiosos, quienes lograron silenciarlo con una ignominiosa muerte de cruz, en medio de dos ladrones.

• Esta percepción de Jesús como líder social es verdadera, aunque insuficiente, pues no logra expresar el misterio asombroso del Hijo Eterno del Padre que se hace como uno de nosotros, nos descubre el plan de salvación a través de sus palabras y acciones milagrosas, nos introduce en el misterio de Dios Uno y Trino, da su vida por nosotros en la cruz y con su resurrección establece una nueva relación entre Dios y la humanidad.

• Este diálogo del Maestro con los discípulos sobre su identidad y misión debe llevarnos a revisar muchas de las ideas que nos hemos formado sobre Dios, Jesucristo, la fe, el testimonio de vida, la comunidad eclesial.

• Sin pretender hacer una clasificación científica de las creencias religiosas, sí podemos recoger algunas posiciones que aparecen en las conversaciones con los amigos:

- Cada vez encontramos más personas que se confiesan agnósticas, es decir, no afirman o niegan la existencia de Dios. Simplemente, toman distancia de este asunto porque no puede ser abordado por el método científico.
- También es significativo el número de personas que reconocen que existe un Principio Superior, una energía o fuerza que es la razón última del universo. Están abiertos a la trascendencia, pero de sus labios no puede salir una oración como el Padre nuestro, porque ¿cómo comunicarse con una energía que está presente en todo? El misterio de un Dios personal, trascendente, que se hace presente en la historia, se ilumina en la tradición judeo-cristiana y alcanza su plenitud en Jesucristo, revelador del Padre.
- Entre los bautizados, es muy frecuente una visión utilitarista de Dios: nos acordamos de rezar cuando vemos amenazada la salud o hemos perdido el trabajo o antes de presentar un examen en el colegio o en la universidad.

• Por eso es tan pertinente la pregunta de Jesús: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Después de la confesión de Pedro: “Tú eres el Mesías”, Jesús explica cuál es el camino que deberá recorrer. Camino que no será de triunfo sino de sufrimiento. Las palabras de Jesús sobre el sufrimiento que lo esperaba debieron estremecer a sus discípulos, porque ellos tenían unas expectativas muy diferentes. Esto explica por qué Pedro quiso disuadir a Jesús y escribir un guión diferente para la redención de la humanidad, que evitara la pasión y muerte del Señor.

• En la primera lectura escuchamos el texto del profeta Isaías, donde aparece la imagen desgarradora del Siervo de Yahvé: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos”. Con varios siglos de anticipación, Isaías describe lo que será la pasión de Jesús.

• El texto del apóstol Santiago aporta elementos muy ricos a esta pregunta sobre la identidad de Jesús y su misión, así como lo que esto significa para los discípulos de todos los tiempos. Confesar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador no es una declaración retórica. Es una confesión que debe transformar cada una de las acciones que realizamos. De ahí la profundidad de las palabras del apóstol Santiago: “Así pasa con la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta”.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. que ha estado centrada en la pregunta de Jesús a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. No hay lugar para respuestas evasivas.