Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 20 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El libro de la Sabiduría se escribió como respuesta a la mentalidad de una sociedad decadente que vivía del pasado, del siglo de oro de Grecia y despreciaba a los judíos honestos que habitaban la costa norte de África.

Al honrado, afirman aquellos, “hay que vigilarlo, pues nos resulta incómodo…” (Sab. 2, 12), “hay que someterlo a prueba, incluso a una muerte ignominiosa” (Sab. 1, 20). Si continuáramos leyendo el libro, encontraríamos otras amenazas a quienes vivían esta sabiduría heredada de Abraham, Moisés. Los profetas, David y Salomón.

Eso mismo pensamos han dicho y hecho las empresas transnacionales que explotan nuestros suelos, sin ninguna ética. No se han detenido a considerar la sabiduría de los campesinos que les piden y exigen no seguir abusando de la Naturaleza.

La respuesta a esta sabiduría popular, comentábamos hace unas semanas, ha sido el asesinato de unos 400 defensores de la Ecología en toda América Latina y unos 50 en Colombia.

La razón de esta explotación económica la presenta el apóstol Santiago: “Donde hay envidia y rivalidad, hay anarquía y toda clase de malas obras” (Sant. 3, 16). Esta envidia, sin duda, se da entre las mismas empresas por el afán de competencia y de ganancias fáciles.

Las malas obras son los desastres ecológicos, de los cuales la encíclica LAUDATO SI se queja: “Es la misma lógica del “usa y tira”, que genera tantos residuos sólo por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita. Entonces no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes para evitar los comportamientos que afectan al ambiente, porque, cuando es la cultura la que se corrompe y yo no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar” (L. S, Nr. 123).

Este mismo racionamiento vale para nuestros gobiernos cuando cohonestan, como sabemos, las explotaciones mineras, especialmente, del oro. Y en el fondo quizás se pueda aplicar también a los políticos ese afán que tenían los discípulos, como narra el evangelio de hoy, de sobresalir, de discutir cuál de ellos ocuparía el primer lugar.

Jesús les cambia la propuesta: El que quiera ser el primero deberá ser el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9, 35). Y les coloca como ejemplo la inocencia del niño, la sinceridad con que este se suele porta. Del día de hoy, cuando los niños entran a colegios donde ni la religión ni la ética se enseñan y practican, no se puede decir lo mismo.