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Guíon para la radio

  •   Domingo Septiembre 27 de 2015
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“Al que escandalice, que lo echen al mar” (Mc 9, 38-43. 45. 47-48)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy presenta a Juan, hermano de Santiago, uno de los tres discípulos preferidos de Jesús, que se muestra celoso de alguien, que no era de su grupo, pero que expulsaba demonios en nombre de Jesús. ¿Cómo respondió Jesús? Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (Marcos 9, 38-43. 45. 47-48)

NARRADOR/A – En aquel tiempo dijo Juan a Jesús:

JUAN – Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

JESÚS – Jesús respondió:

NARRADOR/A – No se lo impidan, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. El que les dé a ustedes de beber un vaso de agua porque siguen al Mesías, les aseguro que no se quedará sin recompensa. Al que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Pregunta 1 – El evangelio de hoy comienza con una queja de un discípulo de Jesús, contra otra persona. ¿Cuál fue la queja?

El discípulo le dice a Jesús que han visto a uno que expulsaba demonios en su nombre y que se lo habían tratado de impedir “porque no es de los nuestros”.

Aquel exorcista desconocido seguramente observó la sanación del niño epiléptico por parte de Jesús relatada poco antes por Marcos (9:14-29), y, usando el nombre de Jesús, consiguió quizá una sanación parecida; cosa que no habían logrado los discípulos de Jesús por su falta de fe y oración.

Este éxito del desconocido no le gustó a este discípulo de Jesús, y se puso a sacarle defectos.

Pregunta 2 – ¿Qué le responde Jesús?

Jesús le viene a decir: “Todo el que hace el bien, aunque no lo haga en nombre nuestro, no está contra nosotros, está a nuestro favor. Lo que importa es hacer el bien, no importa a nombre de quién. Más bien, los que están en contra nuestra, son los que no obran el bien.”

Es interesante ver cómo Jesús matiza, precisa, afina, corriege y mejora las opiniones de los discípulos. Ellos opinan como humanos llenos de egoísmo. Jesús opina a lo divino, de una forma pura y sin mezquindades, a quien sólo interesa que se haga el bien, no importa a nombre de quién.

El Espíritu de Dios sopla donde quiere (cf. Juan 3,8) y distribuye sus dones a cada cual como quiere (cf. 1 Colosenses 12,11).

Pregunta 3 – ¿Ocurre eso también hoy?

Siempre hemos visto personas ateas o agnósticas que practican el bien junto a cristianos. Muchos sacerdotes y colaboradores cristianos han trabajado con marxistas a favor de los pobres. Su actitud ha sido colaborar con ellos en hacer el bien, sin importar su increencia.

De la misma forma, cada vez vemos más personas de diversas religiones en nuestro alrededor, que hacen el bien.
La posición del cristiano frente a ellas es respetar la posición religiosa de cada uno, y alabar que hacen el bien. Lo importante es que hagan el bien.

Un incidente similar tuvo lugar tres siglos antes, cuando Moisés designó setenta ancianos, a quienes Dios concedería el don de profecía. (Ver Primera Lectura de hoy: Números 11:29). Dos de ellos, Eldad y Medad, no acudieron a la tienda de la Reunión. Pero el espíritu del Señor descendió también sobre ellos y comenzaron a profetizar.

Todos somos Eldad y Medad. Dios se sirve de todos nosotros y de otros muchos que no conocemos, y que quizá hasta militan en partidos políticos distintos al nuestro. Dios nos quiere utilizar a todos para revelar su amor a los hermanos.

Pregunta 4 – Entonces, ¿uno tiene que ser muy cuidadoso en opinar contra otros?

Te contaré este cuento:

<Érase un rey que cada día dedicaba un tiempo a recibir y escuchar las peticiones de sus súbditos. Y cada día un hombre bueno, vestido de mendigo, se acercaba al rey y le ofrecía una fruta muy madura. El rey la recibía y se la entregaba al tesorero que estaba detrás del trono.

Un día, al cabo de muchos años de repetirse este gesto, un mono del palacio vino a sentarse en un brazo del sillón del trono. El mendigo acababa de ofrecer al rey su fruta y éste se la dio al mono. Cuando éste la mordió, una joya de mucho valor cayó al suelo.

El rey, maravillado, le preguntó al tesorero qué había sido de las otras frutas. El tesorero no respondió porque había tirado las frutas por la ventana a un patio interior cerrado.

El tesorero corrió al patio y allí, en el suelo, encontró entre frutas podridas un montón de joyas preciosas.

Gracias a un mono, que se atrevió a morder la fruta, se descubrió el tesoro que le regalaba, cada día, un hombre bueno.> (Félix Jiménez, escolapio).

Pregunta 5 – ¿Cómo se aplica este cuento al evangelio de hoy?

El hombre bueno, vestido de mendigo, es Jesús, que nos ofrece día tras día la fruta del amor. Jesús, vestido con nuestra carne, nuestros sufrimientos y nuestra debilidad, nos ofrece la fruta del perdón, del servicio y de su vida entera para hacernos nuevos y felices. Lo que nos da parece como algo común y sencillo; en realidad es un tesoro escondido, como la Parábola del tesoro escondido, que contó el mismo Jesús.

Nosotros somos el tesorero, que recibimos del rey el regalo de la fruta, pero que se nos antoja pequeño e insignificante, y lo botamos por la ventana.

¿Qué hacemos con el regalo de la Palabra de Dios, con el regalo de su mesa y con el regalo de su sangre?

¿Qué hacemos con los que no están a favor nuestro, con los niños, con los pobres?

Y ahí en la calle, amontonadas y abandonadas están las joyas, que son los pobres, esperando ser descubiertas.

Pregunta 6 – Aquí Jesús dice cosas muy fuertes contra los que escandalizan, ¿no?

Es tajante y radical. Hace un giro un tanto áspero: de la alabanza del bien cumplido con los pequeños pasa a la dura admonición de no escandalizar a "uno de estos pequeños que creen".

Llegó el momento de la poda.

Dios no quiere que tus ojos te inciten a la lujuria, a la venganza y a hacer mal al que no piensa como tú. Tus ojos son para ver la belleza de Dios, de la creación y de los hermanos.

Dios no quiere que tus pies caminen hacia lugares de pecado, sino con Jesús hacia la vida y con los hermanos a la comunidad del Espíritu. Las manos son para hacer el bien.

Pregunta 7 – Pero, ¿se trata realmente de cortarse la mano, si es necesario?

Esto no debe entenderse de una forma literal, sino debemos, con la fuerza que viene de Cristo, hacer morir los miembros terrenos, que son: "fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría" (cf. Colosenses 3,5).

A veces, el discípulo sí requiere amputaciones y podas. Hemos de amputar malas costumbres – resentimientos – ambiciones que nos impulsan a actuar sin ética. Por ejemplo, el alcohólico o el drogadicto necesita amputar viejas relaciones que amenazan con hundirle de nuevo en una vida de adicción.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí aprenderemos que lo más importante no es pertenecer a esta iglesia o a otra, sino hacer el bien. Ahí aprendemos que las personas más importantes en este mundo son las que se dedican a hacer el bien a los demás.