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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 18 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

La escena que presenta el evangelio de hoy, con Santiago y Juan pidiendo los primeros puestos, serviría para juzgar muchos de los hechos que pasaron en las elecciones: compra de votos, trasteo de los mismos, ambiciones desmedidas de los candidatos, etc. Son fenómenos que bien pueden ser juzgados con los criterios que Jesús propone a sus discípulos: “el que quiera ser importante entre ustedes que sea el servidor” (Mc 10, 34).

Jesús tampoco actúa como la entidad judicial colombiana que condenó a la “Iglesia” a pagar un dineral por la falla - horrible por cierto - de un sacerdote. Un juicio que valdría para condenar a pagar grandes sumas a los periódicos que tanto escándalo hicieron con este motivo, si uno de sus directivos o colaboradores inmediatos fuera sorprendido, por ejemplo en una casa de citas, abusando de una menor de edad.

Y eso por no hablar de la cantidad de material pornográfico que exhiben en las ediciones diarias y que crean un ambiente tan materialista y sexual como estamos viviendo.

Jesús no aceptó la actitud de los dos hijos del Zebedeo, ni tampoco la petición de la mamá de ambos (Cfr. el texto paralelo de Mateo 20, 20-28), a la que bien pudiéramos llamar clientelista, como decimos hoy.

Dio un sabio consejo a todos, incluidos nosotros los que asistimos este domingo a misa, pero no condenó a los 12 apóstoles ni a los 72 discípulos como culpables de este acto de ambición de estos dos discípulos, que por cierto se convirtieron y después se destacaron por el ejemplo que dieron a las comunidades nacientes.

Esta misma escena tiene un valor extraordinario si hablamos de Ecología. Aquí la ambición está siendo la causa de la creación de tantas minas de oro, de la explotación del petróleo en sitio donde los más perjudicados son los campesinos más pobres.

Lo mismo digamos del afán de ganar dinero con grandes monocultivos, acabando con las fincas medianas o pequeñas, en las que no se contamina la tierra con insecticidas o con abonos, muchos de ellos comprados casi por obligación a compañías tan explotadoras como lo es la llamada Monsanto.