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Pistas para la homilía

  •   Domingo Octubre 25 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La fe nos permite pasar de la oscuridad a la luz

• Lecturas:

- Profeta Jeremías 31, 7-9
- Carta a los Hebreos 5, 1-6
- Marcos 10, 46-52

• En las lecturas de hoy – particularmente el texto de Jeremías, el salmo 125 y el relato de Marcos -, encontramos descritos, de manera muy viva, los dos polos sobre los cuales transita la existencia humana, tanto de los individuos como de las comunidades: estos dos polos son dolor-alegría, lágrimas-risas, oscuridad-luz, esclavitud-libertad, muerte-vida. Son dos caras inseparables de la misma realidad. En las lecturas de hoy, estas profundas transiciones se tipifican en la experiencia vivida por el pueblo de Israel y el drama personal del ciego Bartimeo.

• El impacto que tienen estos dos polos de experiencias ha sido ampliamente analizado por las Ciencias Sociales, que tratan de explicarnos las causas que los producen y analizan las secuelas que dejan en las historias colectivas e individuales. Muchas personas hacen una lectura superficial de estos bruscos cambios de escenario, y simplemente los atribuyen a la suerte; lo positivo lo atribuyen a un golpe de suerte o al horóscopo; lo negativo lo explican por el destino.

• Las lecturas que hemos escuchado nos invitan a analizar estos cambios tan profundos experimentados por el pueblo de Israel y por el ciego Bartimeo, no como fenómenos explicables a la luz de las Ciencias Sociales o por golpes del destino, sino como manifestaciones de Dios en la historia de la comunidad y de las personas.

• ¿Qué nos dice el profeta Jeremías? El texto es una explosión de júbilo: “Esto dice el Señor: Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel”.

• El pueblo de Israel acababa de vivir una experiencia brutal de aniquilamiento: sus campos habían sido arrasados por la guerra, la población había sido diezmada, habían perdido la libertad. ¿Cómo interpretaron esta realidad de aniquilamiento? En lugar de hundirse en una depresión colectiva, la fe en Yahvé les ha permitido releer lo vivido en clave de llamado a la conversión interior. En medio del caos, la fe les ha permitido encontrar un sentido, y Dios les ha mostrado el camino para empezar a escribir un nuevo capítulo de esperanza en su historia, purificados de todas aquellas prácticas abominables que los habían empujado al abismo.

• Superada la crisis, el pueblo emprende el retorno. Estos sentimientos los expresa bellamente el salmo 125: “Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de reír nuestra boca ni se cansaba entonces la lengua de cantar”.

• Este texto del profeta Jeremías y el salmo nos ayudan a comprender que las grandes crisis y golpes de la vida pueden ser vividos como oportunidades providenciales para rectificar el curso de nuestras vidas, revisar comportamientos, cuestionar la tabla de valores que nos ha guiado hasta ese momento. Lo lamentable sería que desperdiciáramos la oportunidad de cambiar, y las cosas siguieran por el mismo cauce.

• Vayamos ahora al relato de la curación de Bartimeo. Empecemos por tratar de entender el drama humano de este personaje. Su discapacidad le impedía ser auto-suficiente y dependía de lo que los demás quisieran regarle a la orilla del camino. Una vida de total incertidumbre pues no sabía qué iría a recoger al día siguiente para su sustento y el de su familia.

• Seguramente Bartimeo había oído muchos comentarios sobre ese singular personaje llamado Jesús, que anunciaba la llegada del Reino, curaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. Cuando se dio cuenta de su proximidad, comprendió que tenía la gran oportunidad de su vida, y entonces comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”.

• Para muchas personas, las palabras compasión y misericordia tienen un significado negativo pues las asocian con debilidad, miseria, incapacidad; expresiones propias de un submundo de seres inferiores. El Papa Francisco, en su Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que tiene por título El rostro de la Misericordia, nos ayuda a comprender la riqueza teológica de las palabras compasión y misericordia. Los invito a meditar las palabras del Papa: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”.

• Dios es compasivo y misericordioso. El ciego Bartimeo, en la simplicidad de su fe, lo sabía muy bien. Por eso exclama: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Después se desarrolla un breve diálogo que tiene una gran densidad humana y teológica: “¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. El Señor le dijo: Vete; tu fe te ha salvado”.

• Bartimeo nos enseña a orar:

- Está atento al paso del Señor, pues sabe que Él tiene la respuesta a todas sus necesidades. Bartimeo reconoce su límite y busca la salvación en quien tiene la posibilidad de ofrecérsela.

- Bartimeo responde con prontitud al paso del Señor por su vida y expresa con humildad el drama que lo aqueja: “Maestro, que pueda ver”.

• A medida que transitamos por la vida, encontramos infinidad de situaciones inesperadas en cada recodo del camino. Desde la fe, tratemos de entender qué nos dice el Señor. Nuestro camino hacia la casa del Padre no está determinado por la carta astral ni por la fatalidad. Nuestro guía es un Padre amoroso que quiere nuestra felicidad. Escuchemos su voz en medio de las turbulencias. Como el ciego Bartimeo, estemos atentos al paso del Señor junto a nosotros y expresemos con sencillez nuestras necesidades.