Pistas para la homilía

  •   Domingo Noviembre 01 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Los Santos anónimos que nos inspiran

• Lecturas:

- Apocalipsis 7, 2-4. 9-14
- I Carta de san Juan 3, 1-3
- Mateo 1-12ª

• En este día, la Iglesia celebra la fiesta de Todos los Santos. Las lecturas que acabamos de escuchar nos invitan a reflexionar sobre el significado de la santidad. Seguramente, muchos creyentes se asustan cuando escuchan esta palabra porque la consideran extraña y lejana del común de los mortales. Precisamente, la liturgia nos invita a descubrir que la santidad no se circunscribe a un puñado de seres excepcionales en cuanto a dones místicos, ayunos y penitencias que nos sobrecogen, y estilos heroicos de vida. Los invito a reflexionar sobre la santidad, vista como una dinámica de la vida cristiana y como una invitación que el Señor hace a todos los bautizados.

• Hace pocas semanas terminó una serie de televisión sobre la vida de la Madre Laura, primera santa colombiana. Capítulo tras capítulo, fuimos descubriendo la calidad humana y la profundidad espiritual de esta maestra antioqueña que dedicó su vida los indígenas de Urabá, y se dejó llevar por el Espíritu. La comunidad de religiosas que ella fundó, a las que cariñosamente la gente llama lauritas, viven con alegría y compromiso el carisma de su fundadora.

• ¿A qué viene esta referencia a Santa Laura Montoya? En ella encontramos una personalidad recia, cautivadora, con gran liderazgo, total confianza en Dios, obstinada en el seguimiento del camino que el Señor le mostraba. Santa Laura es, al mismo tiempo, heroica y cercana; sus virtudes extraordinarias están en total conexión con los gozos, tristezas y búsquedas de los indígenas a los que sirvió.

• En esta I Carta del apóstol Juan encontramos unas palabras muy iluminadoras: “Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no solo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos”. Mediante el bautismo participamos de la vida divina, nacemos a una vida nueva. A partir de ese momento, iniciamos un camino de cristificación, es decir, avanzamos en el conocimiento de la persona del Señor y en la interiorización de sus enseñanzas. Es un camino lleno de obstáculos porque en nuestro interior coexisten la gracia y el pecado, las luces y sombras, los impulsos de generosidad y el egoísmo, los sueños altruistas y las pasiones inconfesables. Somos todo eso. De ahí la necesidad de reconocer humildemente nuestras incontables fragilidades, pedir incesantemente la ayuda de Dios y vivir en estado de continua conversión.

• En esta fiesta de Todos los Santos tomamos conciencia de que la santidad es el camino de crecimiento continuo en el amor a Dios y a los hermanos. Igualmente, esta fiesta es el reconocimiento de millones de mujeres y hombres de todos los tiempos que, anónimamente y sin el reconocimiento oficial de la Iglesia, han vivido de manera extraordinaria los valores del Evangelio. Los tenemos junto a nosotros: jóvenes y viejos, ricos y pobres, doctos e ignorantes. Todos ellos han sido dóciles a la acción del Espíritu. Han dedicado sus vidas a educar a sus hijos en la fe y en los valores, siempre sus brazos han estado tendidos para apoyar el hermano que sufre, han manifestado una profunda sabiduría en tiempos de confusión y han mostrado una confianza absoluta en Dios. En esta fiesta de Todos los Santos los reconocemos como inspiradores proyectos de vida y les pedimos que intercedan por nosotros.

• En el texto del evangelista Mateo leemos las Bienaventuranzas, que son como la Constitución del Reino que se hace presente en Jesucristo. En ellas se nos propone un estilo de vida que contrasta fuertemente con los caminos de felicidad que propone la sociedad de consumo. El Sermón de las Bienaventuranzas propone como camino de felicidad todo aquello que la sociedad considera despreciable porque lo asocia con la debilidad. Y la debilidad no tiene lugar en un mundo donde los grandes protagonistas son el poder y el dinero.

• El Papa Francisco, con su testimonio de vida y sus incisivas enseñanzas, quiere reconducir a la Iglesia por el camino de las Bienaventuranzas, purificándola de todo aquello que contamina la pureza del anuncio de la Buena Nueva.

• En esta meditación sobre la santidad, que hacemos en esta fiesta de Todos los Santos, es importante mencionar los diversos carismas con los que el Señor ha enriquecido y sigue enriqueciendo la vida de la Iglesia, y que han dado vida a movimientos, organizaciones y comunidades.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. A la luz de los textos litúrgicos descubrimos que la santidad es un camino que se abre para todos los bautizados; reconozcamos a estos santos anónimos que caminan junto a nosotros, y pidamos la gracia para que el Sermón de las Bienaventuranzas sea nuestra carta de navegación.