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Pistas para la homilía

  •   Domingo Noviembre 15 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

No hagamos caso a los pesimistas de profesión

• Lecturas:

- Libro de Daniel 12, 1-3
- Carta a los Hebreos 10, 11-14. 18
- Marcos 13, 24-32

• Al escuchar las lecturas de este domingo no podemos ocultar un sentimiento de preocupación porque se habla de acontecimientos catastróficos:

- En el libro de Daniel se afirma que “Será aquel un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo”.

- El texto del evangelista Marcos dibuja con trazos dramáticos ese momento de la historia: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá”.

• Este género literario, llamado apocalíptico, aparece en varios textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Sin entrar en explicaciones técnicas sobre la estructura literaria de estos escritos, que serían interesantes para los especialistas pero no para los fieles que participan en la eucaristía dominical, los invito a reflexionar sobre las dos actitudes básicas con que los creyentes se apropian de estos textos: por una parte, está el grupo de los alarmistas, que creen al pie de la letra que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina; y el otro grupo lo constituyen aquellos que leen estos pasajes como un llamado a la responsabilidad que asume el presente que Dios nos concede, y mira hacia el futuro con fe y esperanza.

• ¿A quiénes nos referimos cuando hablamos de una actitud alarmista y dramática?

- Hay grupos religiosos que están convencidos de la inminencia del fin del mundo. Cuando ven los titulares de las noticias sobre los desastres naturales y las guerras, los consideran pruebas irrefutables de que el fin está cerca.

- Es evidente que semejante convicción paraliza cualquier actividad humana. Estos grupos no emprenden proyectos sociales o económicos pues todo está condenado a desaparecer en el próximo futuro. Su visión del mundo es pesimista. Todo está impregnado de fatalidad.

- Su teología cultiva la imagen de un Dios terrible, destructor y vengador. Debe ser muy deprimente asumir la vida desde una espiritualidad donde no hay lugar para el rostro misericordioso del padre de la parábola del hijo pródigo… En ellos no hay lugar para la esperanza, y la misericordia es una palabra desconocida.

- Es sorprendente la credulidad de muchas personas que quedan atrapadas por los discursos de pastores que son profetas de desgracias.

• Quisiera invitarlos a explorar la otra actitud con la que es posible leer estos textos apocalípticos. Hablamos de una actitud que asume el presente con responsabilidad y se abre al futuro con fe y esperanza:

- Sabemos que la vida es un regalo y que cada día que pasa es un don de Dios. La acción de gracias está en nuestros labios al comenzar la jornada y cuando la concluimos. El amor providente de Dios nos va guiando hacia la casa del Padre. Por lo tanto no vemos el paso del tiempo como un avanzar hacia el abismo de la nada, sino como la cercanía del encuentro amoroso con la fuente de la Vida. Para los cristianos la muerte no es destrucción sino transformación.

- Mientras caminamos en comunidad hacia el encuentro definitivo con nuestro Padre, debemos administrar responsablemente la casa común que tenemos en préstamo durante nuestra existencia terrena. El cambio climático que estamos padeciendo afecta gravemente la calidad de vida de millones de seres humanos. El Papa Francisco, en su encíclica Laudato si, denuncia con lucidez y valor el modelo de desarrollo económico que nos está arrastrando hacia el abismo y la destrucción de las condiciones de vida del planeta.

- Todavía es posible corregir el modelo. Sería mucho más útil que estos grupos religiosos, que están de brazos cruzados esperando el fin del mundo, se pusieran a trabajar para cambiar las prácticas depredadoras de una economía donde el afán de lucro es un valor absoluto.

• Ciertamente, los textos sagrados nos hablan de la segunda venida de Jesucristo, Señor del universo y justo Juez. Será un encuentro con el Santo y el Justo por excelencia. Finalmente, brillará la justicia, que es tan esquiva entre los seres humanos. “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y Él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo”.

• Que estas lecturas bíblicas de hoy no nos llenen de zozobra e incertidumbre. Vivamos el regalo de la vida que el Señor nos renueva cada día. Asumamos las tareas de nuestra casa común, y estemos preparados para el encuentro con el amor misericordioso del Padre que nos entregó a su Hijo para que tuviéramos vida en abundancia. Y no nos dejemos engañar por los profetas que anuncian desgracias y crean pánico en la comunidad.