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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 02 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Entendido Jesús como lo hacen Pablo y Juan, como logos, dado a todo ser que viene a este mundo o como el Resucitado inhabitando en él, todo puede relacionarse con todo; todo puede mirarse como mediación de Dios para salvarnos . Uno de los personajes que aparecía como evidente para el pueblo judío como mediador, era el Bautista. Aunque su ubicación en los cuatro evangelios es variada, podemos decir que fue un profeta judío, en parte dentro de la tradición judía y en parte innovador de ella; activo hacia el año 28 entró en contacto con Jesús alguna vez. Su valor queda reflejado en el tratamiento laudatorio que le dispensa Flavio Josefo (le dedica más espacio que a Jesús en sus escritos) y el grupo de "discípulos del Bautista" —Juan los vuelve discípulos de Jesús— que siguieron venerándolo después de su muerte; se negaron a hacerse cristianos y se convirtieron en un movimiento rival o paralelo en los primeros tiempos del cristianismo. Los cuatro evangelistas utilizan algunas escenas para introducir a Juan en el cristianismo. En Marcos, aunque lo llama Precursor, el secreto mesiánico permanece velado para él y para los discípulos. En Mateo, por el contrario, el Bautista reconoce la dignidad de Jesús y confiesa públicamente su propia inferioridad incluso poco antes de bautizarlo. En Lucas se convierte al Bautista en pariente de Jesús para que desde el vientre pueda dar testimonio, en el saludo de María a Isabel. No dice que bautice a Jesús, pues narra su encarcelamiento como anterior a dicho bautismo, aunque predice que vendrá un bautismo de Espíritu Santo y fuego, que bien puede corresponder a categorías del judaísmo. En el cuarto evangelio no se aplica el título de Bautista a Juan; no se relaciona con conversión y perdón de pecados (como en Marcos) y su papel es básicamente de dar testimonio de Jesús, definiéndolo como luz, Señor, cordero de Dios, elegido, hijo de Dios, esposo, a quien le corresponde crecer mientras Juan mengua, como palabra preexistente que entra en la historia humana. El Bautista pasa a ser el primer testigo de Jesús como palabra, Hijo envido por el Padre; rechaza para si los títulos veterotestamentarios: Mesías, Elías, un profeta; sólo acepta una designación tomada de Elías: voz que clama en el desierto; es elogiado como el primer gran testigo humano de Jesús pero es sabido que algunos de sus seguidores rehusaron hacerse cristianos. En los Hechos de los Apóstoles se nos narra cómo Pablo encuentra en Efeso unos creyentes que dicen: «Pues ¿con qué bautismo habéis sido bautizados?» Respondieron: «Con el bautismo de Juan» y ni siquiera habían oído hablar el Espíritu Santo. El Bautista es pues el primer gran personaje al que se enfrenta el cristianismo con una nueva interpretación, como también lo tendrá que hacer con Moisés, Abrahán, Elías, David y otros más. El testimonio del Bautista sobre Jesús, que aparece en Mateo y Juan, tiene un carácter teológico que suaviza el embarazoso dato del sometimiento de Jesús al bautismo en el Jordán. El único que da una razón para ello es Mateo, quien ante los argumentos de Juan pone en boca de Jesús: «es conveniente que así cumplamos toda justicia». Para algunos comentaristas, Jesús se habría hecho discípulo de Juan por algún tiempo, pues aparece como él bautizando en el Jordán. Sin embargo, Jesús no acude al testimonio de Juan para dar fe a su vida pública. Los testimonios de Juan son ad hominem para las autoridades judías o para los cristianos. Interrogado Jesús por los discípulos de Juan responde: «Id a contar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia la buena nueva a los pobres, y bienaventurado aquel que en mí no encuentre ocasión de tropiezo». Poco rastro hay aquí de la actividad de Juan o del discipulado joaneo de Jesús. Mientras Juan predica el juicio, Jesús predica la llegada del reinado de Dios. El cuarto evangelio ubica el testimonio del Bautista como derivado de la actividad de Jesús con un tinte apologético y polémico, teniendo en mente los grupos judíos en general y los sectarios bautistas en particular. Al final de este evangelio, los partidarios de Juan reconocen que Jesús es el verdadero mesías, pues realiza “señales” y Juan no. Aquí el mismo Josefo (Antigüedades judáicas) dice que Jesús era conocido como taumaturgo entre sus contemporáneos y Juan no lo era. El evangelio de Juan ofrece múltiples puntos de vista para su lectura: desde la eucaristía, como un largo discurso sobre el pan de vida, desde la idea cristiana del amor, desde el juicio personal, desde la maternidad y paternidad espiritual, desde su concepción del logos (verbo, palabra), desde la relación Padre-Hijo, desde lo trinitario, desde la muerte como glorificación, y otros más. Para algunos también es un largo «proceso contra los judíos». Vale la pena anotar que en Juan los opuestos al Jesús son los judíos pero no se hacen sinónimo de Israel. Hay incluso elogios para Israel como en la entrada en Jerusalén: «Tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: ¡Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel». Israel sería el remozado por el mensaje de Jesús. Al Bautista se le interroga como al testigo principal de la mesianidad y filiación divina de Jesús. Quienes envían a preguntar a Juan son «los judíos».

La pregunta «¿Quién eres tú?» se refiere al papel y función del Bautista y tres son las funciones que preocupan a los judíos y que Juan rechaza una tras otra. La primera es sobre el Mesías , el salvador escatológico. Los mismos cristianos pudieron pensar en alguna función mesiánica de Juan, ante el retardo del nuevo reino que esperaban como todo judío. Si Jesús era el mesías, entonces tocaba releer sus tradiciones. También Lucas habla del rumor popular, según el cual posiblemente Juan Bautista era el Mesías. La segunda era el papel de Elías. Este no era mesías sino precursor y según la tradición no habría muerto sino que habría sido arrebatado al cielo. Ideas parecidas tenían los rabinos respecto al pueblo judío luego de la destrucción del segundo templo (de Zorobabel). La tercera era el papel del “profeta” como el profeta escatológico y revelador de la voluntad de Dios. La comunidad de Qumrán tenía esta expectativa y al Bautista se le ha asociado con dicha comunidad del desierto. El texto de Qumrán hablaba de «hasta tanto que venga el profeta y los mesías de Aarón y de Israel». Juan también lo niega lo cual equivale a que no sentía ninguna función reveladora escatológica. Pero en la predicación que se asigna a Juan en los sinópticos si aparece tal función mediante la figura del juicio inminente. La mediación del Bautista lo sigue siendo a pesar de algunas oscuridades y contradicciones. Pero es la fe la que nos permite confirmar aquello de que Dios escribe derecho con líneas curvas. Nos pasa con todas las mediaciones.

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1«Sabemos desde la experiencia pascual que Dios no salva Él solo, sino por medio del hombre Jesús y de todos los hombres.» Gustavo Baena, en Revelacion, teología, vida Cristiana. p. 145

2 En el judaísmo, Mesías no era Yahvéh sino un ser humano enviado por Yahvé, en general, aunque había básicamente tres concepciones diferentes. La más fuerte era de un gobernante a la manera de David. Cuando llamamos a Jesús Mesías entendemos algo muy diferente al concepto judío.