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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 03 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Mateo y Lucas, quienes recogen la vida oculta de Jesús en contraste con Marcos y Juan que nada dicen de ella, son imposibles de armonizar en sus relatos. Mientras en Lucas se da una “pacífica” vida aldeana en los primeros años, con el cumplimiento de rituales y escenas judías, Mateo muestra unos primeros años “tormentosos” con matanza de niños, desplazamiento a Egipto y amenazas de Arquelao. Pero si no se armonizan en los estudios de los biblistas, sí lo logran en la devoción popular. Francisco de Asís, en 1223 en su pesebre vivo de Greccio, coloca juntos los magos de Mateo con los pastores y el establo de Lucas (en Mateo los magos llegan a una casa) y le añade los animales que no aparecen en ninguno de los dos (tampoco José en el midrash de Mateo). Probablemente salen de la queja del profeta Isaías sobre la ignorancia de su pueblo: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento». Ya los animales no van a simbolizar el rechazo humano de Jesús sino el aliento que calienta las pajas del establo. El arte se encargará de ir transmutando la escena hasta las obras de arte de hoy, lejos de los midrashim originales. La tradición luterana le añadirá el árbol y el comercio el obeso de Santa Claus. Buenaventura con su “Meditaciones sobre la vida de Cristo” la llena de diálogos inventados y meditaciones edificantes. Se vuelve la navidad una selva de textos de las Escrituras, costumbres locales, variadas tradiciones que dejan la duda sobre si fortalecen o debilitan el mensaje cristiano. La palabra magos que utiliza Mateo para los visitantes de Oriente designaba una profesión prohibida y considerada causante de impureza entre los judíos. En la época de Daniel, los magos formaban parte de la corte de Babilonia. El libro del Levítico dice: «No comeréis carne con sangre ni practicaréis la adivinación ni la magia» y la pena era la muerte. En Efeso, según los Hechos de los apóstoles, había muchos libros de magia entre los convertidos: «Muchos de los que habían creído, venían, confesaban y manifestaban sus prácticas supersticiosas; y bastantes de los que habían profesado las artes mágicas traían sus libros y los quemaban en público». Yahvéh habría dado al pueblo profetas, precisamente para que no acudieran a adivinos, agoreros, pitonisas, adivinadores, magos, hechiceros, astrólogos, encantadores con el ánimo de conocer su futuro y su destino, pues debían dejarlo en manos de Yahvéh. Abrahán aprende que debe confiar en Dios y no en las estrellas. Si Mateo quería incluir junto a Jesús la compañía de los impuros —como en la vida pública los pecadores— los magos desempeñan aquí el mismo papel que los pastores (también impuros) en el midrash de Lucas. En el midrash de Mateo aparece la estrella de Oriente, que era uno de los elementos que entraban en la astrología relacionada con la ciencia y con la magia. En la creencia babilónica, existía una estrella por cada ser que nacía y grandes acontecimientos cósmicos se habían asociado en la literatura con el nacimiento de grandes héroes (Augusto, Tiberio, Nerón). En el libro de los números leemos: «La veo, pero no ahora; la contemplo, pero no de cerca: Alzase de Jacob una estrella». Pero curiosamente un hecho celestial notorio no es detectado por Herodes ni sus asesores a pesar de que se “detuvo” sobre la casa del infante (menor de dos años). Igualmente por qué los magos no fueron directo a Belén. Mateo contrapone el título de “rey de los judíos” que dan los magos y rey Herodes como su rival . No dice Mateo que se “arrodillen” ante el niño, costumbre que nace en el Medioevo para marcar la relación de vasallo y señor. Fue Tertuliano (160-225) quien hizo de los magos reyes (con lo cual desaparece su impureza y adquieren un significado distinto) aplicándoles un texto de Isaías: «Las gentes andarán en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora», magnificando así su importancia e ilustrando la sujeción del poder temporal al espiritual. Oriente, por otro lado, tenía en general una mala imagen. Juvenal dice de los orientales que eran esclavos o libertos, dados a la bebida y a la prostitución y abiertos a la superstición, a la astrología y a todo lo impredecible o fanático. Era la manera de resolver el “misterio de Oriente”. Los magos podían poner en peligro el poder real de Herodes, al predecir reinados breves, la muerte inminente de un monarca, el nacimiento de un nuevo rey. Aseguraban tener poderes y conocimientos extraordinarios. El contraste entre lo grande y lo pequeño, el poderoso y el pobre, quedan bien dibujados en este relato entre Herodes y el niño (ocho veces se usa el término en el relato). El niño en el mundo grecorromano contraste con el que nace en la Ilustración como como dulce, inocente, bueno e inofensivo. Entonces era visto como un desafío para la convivencia pues era débil, irracional, ignorante, impredecible, de escaso valor en el presente y solo importante como futuro adulto. El niño debía ser obediente y respetuoso, capaz de aprender a las buenas o a las malas el papel que deberían desempeñar cuando fuera adulto. En la predicación de Jesús es el niño (o pequeño como un adulto indefenso) el criterio para juzgar el comportamiento adulto. Pero también hay al menos dos contrastes más interesantes. Herodes no va a adorar a Jesús pues tiene mucho que perder. Los magos, marginales e impuros, tienen mucho que ganar aun siendo gentiles. Los grandes de Jerusalén (escribas, fariseos, saduceos, sumos sacerdotes, gobernantes judíos) van a al Templo de Jerusalén a adorar y peregrinar; los magos de Oriente van a Belén. Jesús hablará de un nuevo templo en el cual encontrar y reconocer la presencia de Dios. Mateo no hace la identificación que ha hecho la piedad de los dones de incienso, mirra y oro como realeza, divinidad o sacerdocio y muerte ni buenas obras, oración y mortificación e incluso amor, esperanza y pureza. La lectura alegórica no deja de tener riesgos y más bien es un ejercicio privado que cada uno se aplica. Como dice un crítico medieval si hubiesen llevado azúcar, jabón y velas hubieran sido más sabios. También la teología feministas dice que si hubieran sido tres mujeres hubieran llevado regalos más prácticos y hubieran llegado más a tiempo para limpiar el establo (casa en Mateo) y ayudar en el parto del niño. Por prosaica que parezca la alegoría está más cerca de lo que el mismo Mateo dirá el juicio de las naciones: «Tuve hambre y me diste de comer…» El incienso se empezó a usar hacia el siglo IV básicamente en la Iglesia Oriental y para el culto.

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1 Para algunos no son de él sino que utilizaron su buen nombre.
2 Máyoc mago, sacerdote entre los medas y los persas; encantador, practicante de magia. Tiene algunos términos emparentados en griego como Mages, uno de los seis pueblos que conformaban la nación Meda, y magos como se llamaba las tribus médicas. Estas son las que luchan contra los griegos hasta Alejandro.
3 De Ignacio de Antioquia viene la leyenda de que el sol y las demás estrellas formaron un círculo alrededor de la “estrella de Oriente”. También son de leyendas apócrifas el número de tres para los magos y sus curiosos nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.
4 Según Josefo a Herodes se le conocía también como rey de los judíos.