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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 12 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

El maniqueísmo (modo de pensar común en asuntos religiosos y otros ámbitos) surge de una economía explicativa que divide en buenos y malos a menudo con un criterio bastante arbitrario; es necesario un análisis más detallado para captar los claroscuros. En el evangelio este claroscuro se encuentra también en la noción de espíritu. Tanto el Espíritu santo como los demonios son llamados espíritu ordinariamente con los calificativos de “espíritu inmundo” y de “espíritu impuro”. Con los últimos se alude, de acuerdo a las concepciones y modos de representar existentes en la Palestina de entonces, en primer lugar a perturbaciones psíquicas cuyos trastornos se manifiestan en el sujeto que las padece como efectos de una fuerza superior a él e incontrolable. En Marcos es el espíritu el que impulsa a Jesús al desierto donde es tentado por Satanás (otro espíritu). Los espíritus inmundos o impuros reconocen a Jesús como Hijo de Dios, lo que difícilmente logran las personas en Marcos; incluso a Jesús terminan identificándolo con ellos como quien obra por obra de Belceebul. En Pablo hay similitud en el lenguaje que usa para el pecado y para la gracia: ambos son fuerza, reinan, se enseñorean, esclavizan, poseen sus leyes, someten y matan. La diferencia está en el hombre que se entrega (hace esclavo) de la gracia (carisma siempre en función de los demás) o de su pasiones (tener, poder y placer). No es de extrañar pues que al demonio, bajo sus diferentes nombres, se le conceda un poder similar al que se concede a Dios y que a veces, bajo apariencia de bien, haya quien proceda de manera antievangélica. El claroscuro se vuelve territorio de nadie que cualquier fuerza reivindica. El evangelio lo que busca expresar, a través de una demonología aún primitiva, es que Jesús triunfa sobre el maligno y la muchedumbre de sus espíritus. La Biblia hebrea (Antiguo Testamento) no registra más de doce alusiones a Satanás y el libro más lleno de alusiones es el Apocalipsis. Aunque en los evangelios aparezca demonio, satán, diablo, Belceebul, es notorio el viraje a identificarlo con condiciones más humanas como adversario, obstáculo, escándalo, oponente, acusador, mentiroso, padre de la mentira, que describen más la función que una personalidad. Son las supersticiones medievales (Dante, Milton y muchas leyendas) las que magnifican las personificaciones del mal, como lo hace mucha literatura contemporánea y dificultan una adecuada exégesis del evangelio. Pablo usa espíritu (pneuma) con cuádruple sentido llegando más hondo al contradictorio ser humano. a) El espíritu del hombre con su yo y sus intenciones, sentimientos y conocimientos; b) el espíritu de Dios personificado que causa mociones en nuestro interior (exclama ¡Abba!); c) el espíritu otorgado al hombre: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado»; d) un ambiente en el que nos movemos y existimos (marcado por las preposiciones en, Cristo, por Cristo, con Cristo, con-sepultados, etc.) En resumen, en Pablo no hay espacio para otro espíritu diferente al que Dios nos ha dado y que habita en nosotros. Es la expresión máxima de la creación de Dios en el hombre y no cabe ningún otro espíritu. Pablo jubila al demonio en la explicación del mal. La lucha interior (en Pablo el hombre está internamente en combate, en agonía) es entre nuestras pasiones no erradicables por ser creaturas, y el espíritu de Dios. La confrontación no cesa durante la vida del hombre. Pablo se acerca bastante a lo que los Padres de la Iglesia desarrollan del espíritu como persona en la Trinidad.

El espíritu se empobrece cuando lo entendemos, con la concepción más corriente hoy, como opuesto a lo corpóreo y por tanto objeto de la sicología, la siquiatría, la psicología profunda. Estas tienen su objeto propio pero el Espíritu en el Nuevo Testamento siempre es encarnado, no existe un cuerpo separado ni un espíritu separado (como en la idea griega ). En el relato de hoy el desafío es la persona y no el espíritu impuro. Siendo sábado, cuando estaba prohibido curar, Marcos no lo vuelve problema; pero que en un pueblo pequeño, con una sinagoga igualmente pequeña y un público pequeño, entre un endemoniado considerado impuro, es un escenario construido por Marcos para mostrarnos que el interés de Jesús son precisamente esas personas excluidas por el sistema religioso. El espíritu es tan ambiguo que habla en plural: se sienten amenazados. Como en el endemoniado de Gerasa la acción del mal es colectiva (de una legión). Una razón de más para percibir la difícil explicación del mal que resulta más clara en Pablo. Los oponentes de Jesús no son los demonios sino las personas de carne y hueso individual y colectivamente. Así aparece en el juicio en Jerusalén. Un pobre hombre atormentado queda libre de un terrible padecimiento, que se atribuye a un «espíritu impuro». En algunos textos se establece una distinción entre enfermos y posesos; en este segundo grupo se trata al menos de unas manifestaciones patológicas especialmente graves. El asombro final de los presentes es por las palabras y la enseñanza de Jesús. Ahí era donde se develaban las intenciones del corazón, de donde procede el mal en Marcos. La enseñanza de Jesús en Marcos está contenida básicamente en las parábolas; en Mateo y Lucas aparece además en el sermón de la montaña, en la referencia al Padrenuestro, en el juicio universal o de las naciones y en las disputas con los fariseos y maestros de la ley.

El relato da cuenta de un forcejeo: «¿Qué tenemos que ver contigo?, ¿Has venido a acabar con nosotros?», «Jesús Nazareno», «sé bien quién eres», «el Santo de Dios», que era común en los relatos de curación de la época. Lo confuso de los diálogos y conceptos muestra una vez más la capacidad de enmascaramiento del mal en el claroscuro antes mencionado. Dicho el nombre del conjurador se apodera de su poder. En los antiguos relatos de expulsiones demoníacas (incluso judíos) el exorcista pasa al ataque e intenta con fórmulas de conjuro y medios mágicos enseñorearse del demonio y obligarle a abandonar al poseso. La diferencia que marca este relato es que Jesús no acude a palabras de encantamiento ni a medios mágicos. «Enmudece y sal de este hombre» en singular no concuerda con un espíritu impuro que habla en plural, parece más bien dirigida al hombre poseído, cuya personalidad se confunde con la del espíritu impuro. Unas veinte veces se habla en los evangelios de este tipo de espíritus, lo que muestra lo corriente que era su interpretación. Pero precisamente éste hombre es el que interesa a Jesús como se ve en otros episodios. Lucas deja más claro que Jesús ve en cada momento la ocasión para el perdón y la misericordia. Hoy siguen siendo medicina acertada para todos los males, especialmente este año.

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1 Los padres latinos prefieren persona (prosopon) y los padres griegos prefieren comunión (hypostasis). Persona termina siendo individuo en la modernidad.
2 Ya se intuía en la antropología hebrea con la palabra Bashar (espíritu encarnado o carne espiritualizada).