Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 13 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Jesús va con los discípulos Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés, quienes vivirían en Cafarnaún y allí está en cama la suegra de Simón. Las “familias ampliadas” de entonces vivían con muchos parientes en la misma casa. En Marcos es levantada por la mano de Jesús, en Lucas se dice que la fiebre era alta y Jesús la cura con una orden. La variación en estos detalles muestra que el acento del relato hay que ponerlo en otro lado y es en lo que ambos evangelistas coinciden: «les servía». Es el único relato en donde Jesús usa su poder para beneficiar a alguien relacionado con los “doce”. El que esta mujer se conozco simplemente como “suegra de Simón” refleja la cultura judía en la que la mujer recibe un estatus social solamente a través de su relación con un hombre, pero a la vez que esa mujer “anónima” es del interés de Jesús. Así como envía al leproso curado y lo manda a los sacerdotes, esta mujer se “reintegra” en el servicio. La palabra que usa Marcos para decir que Jesús levantó a la mujer ηγειρεν (egeiren) es la misma que usa Marcos para describir la resurrección, igualmente la que usa para acostada (katekeito) se usa para describir la persona muerta. Podía entenderse, pues, como un adelanto de lo que Marcos nos va a decir sobre Jesús. Igual insinuación de palabras aparece en la resurrección de la hija de Jairo donde se dice igualmente «tomándola de la mano». Se magnifica el relato con las palabras en arameo “Talitha qumi” que son inmediatamente traducidas para evitar sean tomadas como fórmula mágica. El paralelismo en el lenguaje continúa con la expresión «la fiebre la dejó» que es la misma usada cuando se dice «tus pecados te son perdonados» (literalmente tus pecados son idos). Pero la palabra más significativa del relato vuelve a ser el servicio (diaconía), que es una especie de leitmotiv en el evangelio de Marcos. Se usa para los ángeles que sirven a Jesús en el desierto y es clave en la definición que da Jesús del discipulado: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» y de una forma más clara «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir». Que la primera y única persona designada diácono en este evangelio sea la suegra de Simón, la muestra en el camino correcto del discipulado. Así como previamente Jesús ha diferenciado entre el hombre y su “espíritu impuro” distingue ahora entre el estatus marginal de la mujer y su capacidad para servir. Ahora ha cambiado de “suegra de Simón” a diaconisa. Más adelante una mujer con una triple segregación, la Sirofenicia, pues es mujer, gentil y con una hija poseída por un demonio, no solamente consigue convencer a Jesús de tener misericordia de ella sino también que su fe sea alabada por Jesús. En el evangelio de Marcos aparecen trece mujeres contando la hija de la Sirofenicia y otras que se citan en grupo y son como los héroes ocultos que siguen a Jesús en el camino de la pasión y la cruz, es decir, mostrando el verdadero discipulado en Marcos. Siendo discretas, cumplen lo que el mismo evangelio anota de que «muchos últimos serán primeros y muchos primeros serán últimos». Los discípulos, aunque aparecen en los relatos, no terminan de descifrar quién es Jesús y son las mujeres las que al final actúan como testigos tanto de la muerte como de la resurrección. En Marcos la estructura familiar judía tiene su elemento de crítica. El patriarcalismo queda mal librado en la respuesta que da Jesús a la pregunta de Pedro sobre lo que recibirán por haberlo dejado todo. «En verdad os digo que no hay nadie que, habiendo dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos por amor de mí y del Evangelio, no reciba el céntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre e hijos y campos» en donde vale resaltar que se renuncia a padre y en la comunidad creyente se queda sin padre y por otro lado se renuncia a madre y se recibe varias madres. Una comunidad pues, en donde predomina el sentido fraternal y maternal parece ser el ideal de Marcos. El incidente de la suegra de Simón se da luego de salir de la sinagoga, por lo cual sucede en sábado. Según los rabinos, ni siquiera las enfermedades graves debían suspender las prescripciones sabáticas. Pero Jesús toma a la enferma de la mano y la endereza. Los siguientes enfermos fueron llevados «puesto ya el sol» lo cual significaría que había pasado el sábado. Los judíos contaban el día desde las seis de la tarde y no desde las doce de la noche como nosotros. Allí se repite masivamente lo que ha obrado en la sinagoga de Cafarnaún con el hombre con un “espíritu impuro” y con la “suegra de Simón”. El relato presenta a Jesús como quien sana a los enfermos, expresando así su misericordia. En todo el evangelio se percibe esta tensión entre lo que Jesús busca que es mostrar el discipulado como seguimiento de la pasión y las razones por las que lo busca la multitud que es su poder sanador. Son los demonios los que “conocen” a Jesús, pero a quienes impone igualmente el silencio llamado “secreto mesiánico”. Podríamos establecer un proceso creciente que lleva a que más importantes que las curaciones de cualquier tipo de dolencias son las expulsiones de demonios (males más rebeldes o extraños) pues revelan de un modo más fehaciente que el dominio de Satán ha sido quebrantado y que el reino de Dios está llegando. Pero más importante aún es la predicación de Jesús, contenida en Marcos básicamente en las parábolas, pues en ella se pone de manifiesto el objetivo de su misión y la llamada de Dios a la fidelidad. Las muchas curaciones reflejan la magnanimidad de su asistencia; pero su sentido no está en eliminar todos los padecimientos terrenos, que después de todo no son eliminables. Las curaciones no pretenden ser más que un signo de la compasión de Dios; pero los hombres no lo entienden, no van más allá y así no hacen sino buscar nuevos remedios. Para Jesús las curaciones de enfermos estarían en el mismo plano de su misión; también ellas son un signo de la salvación que Dios reserva a los hombres; pero incluyen el peligro de que los hombres se queden sólo con la imagen del taumaturgo, que los libera de sus necesidades terrenales, sin ahondar en el sentido profundo del hecho y malinterpretando los fines salvíficos de Dios. Para Jesús, en el evangelio de Marcos, es como una tentación dejarse arrastrar por la ola del entusiasmo popular. En este sentido es muy diciente que a continuación de las curaciones anote el texto: «A la mañana, mucho antes de amanecer, se levantó, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba». Desierto que nos recuerda el lugar donde se retiró luego del bautismo para superar las tentaciones. La hora temprana, cuando todavía es de noche, sugiere la lucha interior que supone para Jesús afrontar un mesianismo nuevo diferente al que esperaban, con tentaciones como aparece en los tres sinópticos. Pero la apertura a Dios en la oración le permite discernir, encontrar el camino adecuado que no será otro que el de la pasión. Cuando sus discípulos se llegan a él para hacerle volver, quizás por el aparente éxito obtenido, surge su decisión firme: «Vámonos a otra parte, a las aldeas vecinas para predicar también en ellas, pues para eso he venido». La popularidad no lo detiene, las curaciones tampoco.