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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 15 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

El relato de la curación del paralítico se sale de los esquemas normales de curaciones en muchos aspectos. Da luces para entender otros relatos similares y cuestiona una lectura complaciente o fácil de las curaciones. Algunas detalles interesantes son que el paralítico recibe el “perdón de los pecados ” sin haberlo solicitado, que Jesús no confronta la fe del paralítico sino que nota la fe de los que lo llevan, que cuestiona la relación entre enfermedad y pecado, que presenta como más difícil la superación del pecado que la parálisis, que hace de la curación el signo de que el pecado ha sido perdonado. El perdón recibido sin solicitarlo expresamente se ilustra también en el caso de la mujer sorprendida en adulterio: «Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más» (Jn 8:11), a la mujer hemorroisa: «El le dijo: Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz», en la muerte en cruz: «Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen» y en una expresión más genérica: «Este acoge a los pecadores y come con ellos»" (Lc 15:2). En la última cena, con una frase que ha dado para escribir mucha teología, se anota: «Esta es la sangre de la alianza mía, que se derrama por todos para el perdón de los pecados» (Mt 26,28). En pocas palabras podía resumirse que para Jesús el pecado es un mero accidente incómodo pero lo verdaderamente importante es la conversión de la cual el perdón de los pecados es mera cuota inicial .

Hay un paralelo en Marcos que podría considerarse igualmente de parálisis, que es el hombre de la mano seca en la sinagoga. Aquí la pregunta de Jesús es más clara en su intención: «Les dice: ¿Es lícito en sábado hacer bien en vez de mal, salvar un alma (psyche, también vida) o dejarla perecer?» (Mc 3:4). Es indudable que una mano seca no pone en peligro la vida física, pero el sentido figurado es evidente. Sentirse excluido de la comunidad o castigado por Yahvéh, es un dolor profundo del alma humana. Sentirse aceptado y amado, antes que sentirse sano, es una terapia prevalente. Precisamente es Freud quien desbarata la ley griega de mente sana en cuerpo sano. En un cuerpo sano puede habitar una mente enferma y en un cuerpo enfermo puede habitar una mente sana. La parálisis interna es más compleja que las leyes que puedan regir el movimiento externo o físico. Esto es expresado en el relato como levantarse (una de las palabras que se usa para expresar la resurrección), tomar la camilla (da para variadas interpretaciones) y vete (que indica que tiene que seguir adelante con su vida). La camilla o yacija es símbolo de inmovilidad igual que la parálisis mientras que el reinado de Dios es movimiento hacia adelante, hacia lo escatológico, hacia el futuro, donde nos espera el milagro por excelencia. En el relato del paralítico de la piscina de Betzata en Juan, hay una actitud similar de Jesús, con la diferencia de que en este caso no hay amigos que lo ayuden como en Marcos y Lucas. En Juan son los judíos los que quedan paralizados por las leyes religiosas que nos les permiten entender que al contacto con Jesús el paralítico recupera el movimiento. En Marcos es la relación de la enfermedad con el pecado la que no les permite a los escribas ir más allá de calificar a Jesús de blasfemo. En palabra de un sicólogo el diagnóstico podría ser que el paralítico sufría los efectos psicosomáticos de un grave complejo de culpabilidad. En palabras de un escriba o de un fariseo que el paralítico estaba poseído por un inmundo espíritu de cojera. El diagnóstico de Jesús es menos “científico” pero más humano. El paralítico era un ser humano que sufría y merecía compasión o amor preferencial de Dios. Casi que la parálisis en diferentes formas se hace pandemia si no fuera por las palabras finales: «Todos se maravillaban, y glorificaban a Dios diciendo: Jamás hemos visto cosa tal». ¿Tal misericordia? Si Jesús lo que nota es la fe o confianza de los que lo llevaban, que ciertamente era digna de notar pues los cuatro abrieron el techo y descolgaron al enfermo en su camilla, estos cuatro ya habían expresado misericordia con el enfermo. Jesús la completa leyendo sus intenciones. Que el paralítico pudiera levantarse y andar refutaba el posible diagnóstico fariseo: sus pecados le habían sido perdonados. Pero al presentarse la curación en dos tiempos, primero con el perdón y luego con la orden de levantarse como refutación de los escribas, se estaría expresando que los pecados no eran la causa de la parálisis física. Esta es la refutación que aparece más evidente con el ciego de nacimiento en Juan: «Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9:3).

Lo que se denuncia detrás del relato es la inadecuación del concepto judío de pecado que lo hacía causa desconocida (o aparentemente conocida según la ley) de todo sufrimiento, enfermedad o mal . Un concepto de pecado que terminaba inmovilizando o paralizando al hombre o a su capacidad de misericordia: una explicación del mal que terminaba paralizando cualquier actuación para remediarlo, para mejorar, para transformar, para la conversión porque permitía desentenderse del calificado como pecador, endemoniado, impuro. Por el contrario, eran éstos los que movían a Jesús y justificaban su misión: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; ni he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mc 2:17). Quien siga teniendo el concepto judío de pecado no necesita de Jesús. El pecado para Jesús es la falta de misericordia personal o colectiva . Marcos aprovecha las curaciones para presentar cinco controversias esenciales con el judaísmo: la curación y el perdón del paralítico; la comida con los pecadores; la cuestión sobre el ayuno; las espigas arrancadas en sábado y la curación del hombre de la mano seca. En todas ellas, de una u otra forma nos invita a revisar nuestros esquemas mentales y religiosos. Bajo el ropaje de normas sociales y religiosas que pudieron tener un origen justificable, terminó escudándose la falta de misericordia, terminó camuflándose una visión de la realidad de Dios que relegaba a un segundo plano lo fundamental. Los profetas nos lo recuerdan muchas veces y otras tantas el evangelio nos lo actualiza hoy, cuando a veces al que hemos paralizado es al mismo Dios que se nos reveló en Jesús.

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1 Hamartíai (aquaptial) en plural que Pablo usa ordinariamente en singular.
2 «En el Nuevo Testamento el comportamiento de Dios tiende cada vez más a dejar impune los pecados de los hombres, porque su preocupación no es el castigo sino el arrepentimiento y la conversión de los pecadores». Gustavo Baena, Revelación, teología, vida cristiana, p. 16
3 También hoy la medicina, a pesar de sus avances, se enfrente a las idiopatías o enfermedades cuyas causas no se arriesga a definir; sólo hace hipótesis.
4 «La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.». Francisco, obispo de Roma, Misericordiae Vultus # 3.