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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 18 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Aunque los ayunos son comunes a muchas religiones ya en la época de Jesús, tan regulados como los ayunos judíos se parecen a las dietas de hoy en día. Hoy se ayuna por razones médicas o estéticas. Para los fariseos tenían seguramente similares efectos con el excedente de las razones religiosas. El ayuno, en una religión poco o nada ascética como el judaísmo, era un periodo de abstención de todas o algunas comidas como signo de tristeza o de expiación de faltas. Las abstinencias más comunes eran de comida, bebida, relaciones sexuales y el uso de sandalias de cuero. El único ayuno oficial era la expiación nacional o Yom-Kippur. La abstinencia física nunca se consideró un fin en sí misma, como no se concibe tampoco en el Ramadán o ayuno de cuarenta días de los musulmanes. El arrepentimiento que entrañaba el ayuno anulaba el decreto en contra de la persona o el grupo, como se dice en el libro de Jonás sobre Nínive. Ayunos privados se hacían para prepararse al matrimonio, cuando se tenía un sueño malvado y los fariseos ayunaban lunes y jueves en honor de Moisés (ascenso y descenso del Sinaí). Los piadosos judíos (hassidim) también suelen ayunar desde la Edad Media, para compensar por los excesos de la Pascua (Pesach) y el Sukkot (fiesta de las tiendas). También había teólogos judíos que condenaban el ayuno excesivo pues desviaba del auténtico culto. La Halakka (interpretación de la ley) obligaba al ayuno de los varones mayores de 13 años y las niñas mayores de 12. La enfermedad eximía del ayuno. En los evangelios no se entra en las minucias del ayuno, sino que se da un enfoque diferente a la tristeza o expiación que implicaba. Lo que se contrasta es la práctica del ayuno de los fariseos y de los discípulos del Bautista —probablemente siguiendo las costumbres de Qumrán— con Jesús y sus discípulos. La respuesta de Jesús tiene el tono de un dicho popular: «¿Acaso pueden los compañeros del esposo ayunar mientras está con ellos el esposo?» que suscita inmediatamente la respuesta negativa. La presencia del novio es la imagen de la presencia del reinado escatológico de Dios. La respuesta es de banquete, no de ayuno. Es probable que Marcos incluya este tema porque empezaba a ser discutido entre los creyentes. De hecho en Mateo (el más judaizante de los cuatro evangelios) Jesús invita a sus seguidores, no a suprimir el ayuno, sino su enfoque: «Cuando ayunéis, no aparezcáis tristes, como los hipócritas… Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara». Marcos deja abierta la posibilidad de que se ayune cuando les hayan arrebatado el esposo (muerte de Jesús) y el ayuno sea una de expresiones de la piedad, junto con la oración y la limosna. Pero la motivación ha de ser muy diferente a la de los fariseos y los discípulos de Juan. Esto queda aún más enfatizado con la comparación siguiente de viejo y nuevo; del paño y los odres. Lo nuevo resulta superior a lo viejo y no deben mezclarse los dos. En el relato sobre el espíritu mudo luego de la transfiguración, que los discípulos no han podido expulsar, Jesús les dice: «Esta especie no puede ser expulsada por ningún medio si no es por la oración» (Mc 9:29) y la Vulgata añade también el ayuno pero éste no aparece en la mayoría de los manuscritos. El ayuno no tiene tal objetivo en el Nuevo Testamento, a no ser el sentido de auto control siempre necesario . La oración pone en dependencia de Dios; el ayuno no necesariamente. En una mirada global del evangelio de Marcos, puede notarse como su comunidad de referencia es Galilea más que la comunidad de Jerusalén. La comunidad de Galilea sostiene el camino de la cruz, del discipulado en pasión o sufrimiento, y posibilita la misión entre los gentiles. Jerusalén represente en contraste la iglesia asociada a Pedro y “los doce” y algunos parientes de Jesús . Esta comunidad es bastante opuesta a la misión entre los gentiles y conserva algunos modos de vida judía (ayunos, observancia del sábado o Shabbath, leyes de pureza ritual, etc.). Jerusalén aparece ensombrecida (muerte en cruz) y Galilea iluminada, pues es el lugar de la experiencia pascual y donde ha de consumarse el reinado de Dios. La comunidad de Marcos, aunque esté compuesta de judíos y gentiles, es menos judía que la de Jerusalén. En cierta forma invita a la comunidad de Jerusalén a asemejarse a la comunidad de Galilea. Es de notar la parquedad con la que Marcos relata el episodio de las tentaciones de Jesús luego de su bautismo: «En seguida el Espíritu le empujó hacia el desierto. Permaneció en él cuarenta días tentado por Satanás, y moraba entre las fieras, pero los ángeles le servían» (Mc 1:12-13). No menciona para nada que hubiera ayunado ni el contenido de las tentaciones. Coincide con Lucas y Mateo en el número cuarenta que suele designar un tiempo largo. En el desierto el pueblo estuvo cuarenta años y es el pueblo el que tienta a Yahvéh y no al contrario. Tampoco es tentado por satanás. En cambio en las vidas de Moisés y de Elías aparece el período de cuarenta días en los que estuvieron con Dios, no con satanás. Incluso el Bautista no aparece en Marcos ayunando sino alimentándose de langostas y miel silvestre y no necesitó morir de hambre aunque estuviera en el desierto. El ayuno de los discípulos del Bautista debió venir por otro lado que puede ser el influjo de Qumrán o de los fariseos. Una boda era para los orientales el tiempo por excelencia de la alegría. Llegaban muchos invitados, especialmente amigos del esposo —los «hijos de la cámara nupcial»— que habían de tomar parte en la alegría y jolgorio de la pareja nupcial. Las bodas se convierten en una imagen del tiempo de salvación; así, se dice en el libro de Isaías: «Con el gozo del novio sobre la novia se gozará Dios sobre ti». También la teología rabínica mantiene esta imagen reforzándola con la aplicación alegórica del Cantar de los Cantares a Yahvéh e Israel. También la eucaristía de las comunidades, en el marco de un banquete común, según los Hechos de los Apóstoles: «Tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hec 2:46). A la comunidad creyente le tocaba aunar dos elementos contrastantes: la presencia viva de Jesús y la alegría que producía, con el tiempo de sufrimiento similar a la pasión de Jesús que experimentaba en su vida diaria. Según algunos comentaristas pudo haber en los comienzos una celebración gozosa de la eucaristía fuera de Jerusalén que enfatizaría la resurrección y una celebración más sombría en la comunidad de Jerusalén que enfatizaría su muerte. Por otro lado, la existencia terrena exige también un desprendimiento de las alegrías engañosas y el aguante de las necesidades y padecimientos, si es que se quiere conseguir la alegría plena junto al Señor. Pablo lo expresa diciendo que llevamos en el cuerpo las marcas de la pasión precisamente para que se manifieste en nuestro interior la resurrección. Pero la pasión no puede ser auto infligida sino libremente aceptada como la de Jesús.

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1 Hay testimonios de que algunos cristianos judaizantes ayunaban martes y viernes para marcar diferencia con los fariseos pero a la vez para imitarlos en sus ayunos. Asociaban los dos ayunos con la pasión de Jesús: tiempo triste.
2 El catecismo tradicional no dice “contra gula ayuno” sino “contra gula templanza”.
3 En Pablo aparece Santiago, como hermano del Señor.