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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Enero 24 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

La primera lectura destaca el valor del trabajo unido de un laico (Nehemías) y de un sacerdote (Esdras), en la reconstrucción de Jerusalén, después del destierro a Babilonia.

En la arquidiócesis de Bogotá, un diácono casado ha estado promoviendo con mucho interés este ideal, de una labor conjunta en el campo del Cuidado de la Casa común.

Es cierto que falta mucho de lado y lado. Algunos sacerdotes dan la impresión de que piensan que esa no es su misión, a pesar del ejemplo que el Papa les ha dado con sus aportes en la bella y valiosa encíclica LAUDATO SI. Allí ha destacado el espíritu de San Francisco de Asís en un doble sentido: tanto en la defensa de los pobres como en la contemplación de la belleza de la Creación.

Por el contrario, algunos laicos están trabajando en labores de la descontaminación, del estudio del cambio climático, del cuidado de los ríos y de la denuncia de la voracidad del estractivismo tanto en el campo del oro, como en el del petróleo. Pero dan la impresión de que no le ven ninguna relación con el Evangelio y la Fe.

En el campo mundial, tenemos el reto que los chinos parecen haber descubierto tarde, pues no firmaron el Protocolo de Kioto sobre el Cambio Climático. Y el año pasado gastaron 6.770 millones de dólares en la purificación del aire y actualmente los vemos cubriéndose la cara con mascarillas ARTFICIALES o comprando aire puro en latas!

Allí les ha faltado un Esdras y un Nehemías que los invite a levantar un nuevo imperio, donde la palabra comunismo no signifique despreocupación por la persona humana.

Estado Unidos tampoco firmó ese tratado. Pero ahora tampoco están haciendo nada por frenar empresas como Monsanto que está contaminando a los países pobres.

Qué bueno que tanto ellos como nosotros aprendiéramos la necesidad de trabajar por una Ética como aquella a la que invita el Papa: “Nadie pretende volver al espíritu de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera y recoger los avances positivos y sostenibles. Y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano” ( L. S, n., 114).