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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 21 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En el debate de la Reforma se buscaba volver al evangelio en su simplicidad, desechando la tradición. Sin embargo, con el correr del tiempo, hoy es admitido que el evangelio mismo ya es tradición, pues primero recorrió la comunidad de boca en boca para recogerse luego por escrito. El evangelio de hoy nos trae un resumen de la actividad de Jesús cuando dice: «Curaba a muchos, y cuantos padecían algún mal se echaban sobre él para tocarle. Los espíritus impuros, al verle, se arrojaban ante él y gritaban, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. El, con imperio, les mandaba que no lo diesen a conocer». Aquí se hace alusión a muchos hechos de la vida de Jesús que se explican más en extenso en otras partes de los evangelios. Que así se haya llegado a los textos que hoy tenemos es algo admitido por todos los biblistas. Pero hay elementos aún anteriores a estos resúmenes que se llaman confesiones o profesiones de fe. Por ejemplo Jesucristo es una profesión de fe que significa que Jesús (el hombre de Nazaret) es el Cristo (ungido o Mesías) pues en griego ungido se dice Cristo; “reino de Dios” es otra fórmula de fe que contrasta con la fórmula judía de “pueblo escogido”. El apóstol Pablo es el que más fórmulas o profesiones de fe recoge en sus cartas, de manera que podríamos establecer el siguiente proceso: Primeros credos ⟶ Pablo ⟶ evangelios. Vale la pena aclarar que Pablo escribió sobre el cristianismo antes de que se recogiera lo que hoy conocemos como los cuatro evangelios. Incluso reconoce Pablo que ha recogido de la comunidad, como cuando expresa: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes...porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: "Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras.... que resucitó al tercer día, según la Escrituras» (1 Co 15:1-4). También el kerigma (predicación) era un resumen de lo que creía la comunidad y que se transmitía a otras comunidades o personas y es especialmente lo que difunden los apóstoles. De similar manera se formó el Antiguo Testamento con los credos que sintetizaban las experiencias religiosas del pueblo con Yahvéh. En el evangelio de Marcos hay por lo menos cuatro resúmenes similares. Entre fórmulas que tuvieron mucha repercusión en la comunidad podemos citar: “Cristo resucitó al tercer día ”, “Cristo murió y resucitó para salvarnos”. Pero una fórmula no es una teoría o una definición a la manera como decimos “los rumiantes son mamíferos” sino la expresión de una experiencia de salvación. Esa experiencia es la que se espera pueda vivir el creyente. Una más extensa es: «Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10:9) que evidentemente tiene un contenido más allá de lo que las palabras expresan, pues a la letra entraría en conflicto con expresiones como: «No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos» (Mt 7:21). Cuando expresamos la fe en fórmulas, el riesgo es que las confundamos con expresiones abstractas o dogmáticas y no como experiencias de Dios captadas en el acontecer de la comunidad que las formuló y que entrañan experiencias existenciales para nosotros. En el Antiguo Testamento, las fórmulas de fe como “pueblo santo” llevaron a codificar una ética comunitaria en consonancia con dicha fórmula. Uno de los resúmenes más significativos y repetidos de la vida de Jesús es: predicar y curar enfermos. Otra especialmente significativa para la vida de la comunidad es la que transmiten de la última cena: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros» (1Co 11:24) que no se reducía a un mero memorial, sino que en la medida en que lo celebraban lo vivían como acontecimiento salvador, esto es, que se convierten también ellos mismos en el Cuerpo paciente del Señor que se entrega. Por eso Pablo puede preguntar a la comunidad: «¿El pan que partimos no es comunión con el Cuerpo de Cristo?» (1 Co 10:16). A la luz de las fórmulas adquieren sentido los relatos de las palabras y hecho de Jesús que cuando se dan resumidos pueden incluso malinterpretarse. Sería como tratar de descifrar lo que dice todo un libro por el mero prólogo. Todo el evangelio lo que busca en última instancia es que el lector se anime a tener actitudes como Jesús y estas no aparecen tan claro en los resúmenes. Por ejemplo, en el evangelio de hoy se dice: «Cuantos padecían algún mal se echaban sobre El para tocarle» pero en los relatos más extensos se nos dice esto de la hemorroísa, la cual consigue lo que busca en el trato personal con Jesús quien indaga a pesar de la protesta de los discípulos. Luego le dice: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y seas curada de tu mal» (Mc 5:34) y es la fe popular de la hemorroísa la que la lleva a pensar que quedará sana tocando la fimbria (vestimenta judía) del manto de Jesús. La actitud del lector ha de ser la de Jesús y no la de la hemorroísa y esa actitud no se percibe en este resumen. El evangelio consigue su efecto cuando sucede en la persona, transformándola en otro Jesús. El evangelio no es una doctrina abstracta, ni una “historia” de Jesús que propiamente no encontramos ni en Marcos ni en Mateo ni en Lucas. El relato en sí no salva si no conduce a ser como el Jesús del relato. Cuando elaboramos a partir de esto unas doctrinas, estamos buscando el mismo fin; que la persona encuentre su coherencia personal en el seguimiento de Jesús; incluso, a veces, en contra de sus coherencia lógica y racional. Pablo, consciente de esto, decía que el mensaje del evangelio era escándalo para los judíos y locura para los griegos, pero sabiduría para el que se salva. Marcos incluye pues en el evangelio de hoy un cuadro sintético de diversas escenas independientes, y evocadoras de la obra apostólica de Jesús que tienen sentido en la medida en que se conozca los hechos a los que alude. El resumen de las curaciones y endemoniados sintetiza lo que se tenía en el judaísmo como establecimiento del reino. Son los endemoniados los que proclaman a Jesús como “hijo de Dios” en una alusión que suena irónica. En boca de los sanados tendría más sentido pero éstos lo que captaban era la compasión de Jesús y es la que confiesan. ««¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». En la lógica del evangelio los sanados estarían llamados a tener la misma compasión de Jesús con otros más que a la confesión de los demonios a quienes Jesús manda callar (secreto mesiánico). En el evangelio de Lucas aparece aún más claro. Las numerosas regiones que cita el resumen de Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea Transjordania, Tiro, Sidón, además de la muchedumbre, no armonizan tanto con un evangelio como el de Marcos que presenta un Jesús básicamente en Galilea y con dificultades allí mismo donde tiene cinco controversias. La comunidad cristiana si pudo extenderse a todos estos lugares. El resumen podría muy bien marcar lo que se espera de los seguidores de Jesús si actuamos como él. Entonces la lista sería interminable.

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1 En la mentalidad judía “tercer día” no es una categoría de calendario sino de salvación. «El nos dará vida en dos días y al tercero nos levantará y viviremos ante él» (Oseas 6:2).