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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Enero 31 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

San Pablo nos invita hoy a pensar en la caridad con el prójimo, a preocuparnos por los demás. Esto se debe manifestar en acciones con personas cercanas y también con las lejanas, con la sociedad.

Una persona manifiesta este amor, desde el punto de vista ecológico, con las personas cercanas si se preocupa por el lugar en donde viven. Con razón el Papa Francisco hablando de las residencias vecinas propone: “La sensación de asfixia producida por la aglomeración en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cordiales” (LAUDATO SI, n.149).

En cambio, con las lejanas hay que preocuparse por aquello que afecta a grandes comunidades. Es el caso de la minería que no respeta el derecho a vivir una vida sana, con ríos de agua potable, aire sano, etc.
Es impresionante, cuando se leen artículos serios y documentados, descubrir las barbaridades que está realizando la minería ilegal, ya sea la de los guerrilleros, de los paramilitares e incluso la simple de los pobres que viven de lo que les producen sus rústicos artefactos.

Pero hay más, no sólo la ilegal. A veces es peor la “legal”. Es bien sabido que no todo lo “legal” no es justo. Dos ejemplos: un senador, en Colombia, gana 40 veces más que un obrero de salario mínimo. Un taxista en Bogotá normalmente tiene que trabajar 12 horas completas para poder responder a la empresa o al patrón. Lo justo sería 8 horas no más.

En el salmo 71, se nos dice que “El librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres”. Está hablando de Dios. ¿Cómo lo hará? ¿Mágicamente? No. Lo hará a través de las personas que vivan el evangelio, en la forma como Pablo lo propone a los Corintios.

Viniendo al campo ecológico: ¿Cuál ha de ser nuestra contribución? Podría ser la admiración de la obra creadora de Dios. También la preocupación y la denuncia de tantos males que recaen de un modo especial sobre los pobres.

En este sentido el Papa Francisco nos da ejemplo. Son numerosas las ocasiones, en su encíclica, en las que nos hace caer en la cuenta de este mal, de este pecado social.