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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 02 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En el Antiguo Testamento hay una ordenanza de presentación de las primicias: «Cuando hubieres entrado en la tierra que Yahvé… tomarás una parte de las primicias… irás al lugar que Yahvé… Te presentarás al sacerdote entonces en funciones y… dirás: “Un arameo errante fue mi padre…» (Dt 26:1-5). No existía propiamente un rito de presentación del hijo, aunque sí existía el rescate el primogénito. Esto debido a que al disminuir la tribu de Leví, décima tercera tribu, encargada del culto y la enseñanza de las Escrituras, el primogénito varón debía dedicarse al culto o ser rescatado. Lucas junta pues varias tradiciones diferentes en un solo acto de purificación de la madre, rescate del primogénito (que no aparece explícito) y presentación de las primicias, que se referían a los productos de la tierra; no de la prole.

En el texto griego se dice que “cuando llegaron los días de la purificación de ellos” con el sentido de José y María, pues los niños no requerían de ninguna purificación. Incluso porque luego afirma que “ellos” llevaron al niño a Jerusalén. Pero en el siglo I el marido judío no se sometía a ninguna purificación junto con su mujer; era el nacimiento físico lo que hacía a la madre, y sólo a ella, ritualmente impura. La purificación de la madre, según el Levítico y disposiciones rabínicas posteriores, requería una visita a la tienda del templo y el rescate del primogénito varón exigía el pago de cinco siclos al templo, pero no una visita al mismo. En este sentido es inexacto que Lucas diga que el niño fue llevado al templo "conforme a" la Ley de Moisés. También es inexacto cuando conecta el rescate o "presentación" de Jesús con el sacrificio de tórtolas y pichones (era en realidad una parte del rito de purificación), mientras que no menciona el pago de los siclos, una parte necesaria del rito de rescate. Esto se entiende mejor como un relato que permite a Lucas presentar su teología sobre Jesús desde la perspectiva de María que es el enfoque que da a su midrash sobre la vida oculta. Así puede incluir el Nunc Dimittis de Simeón como recapitulación en Jesús de todo lo que esperaba Israel. Lucas presenta cuatro cantos en este midrash que no aparecen en los otros evangelios: el magnificat, el gloria, el nunc dimittis y benedictus. En Mateo, con la persecución y matanza de Herodes no hay lugar para las escenas que introduce Lucas. Después de la purificación o rescate o presentación en el Templo, ¡en contraste con Mateo!, toda la familia regresa en paz «a su ciudad de Nazaret», en donde el niño crecía y se fortalecía. Más adelante, en el relato de la subida a Jerusalén a los 12 años, también anotará Lucas: «Jesús crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2:52). En Lucas la infancia de Jesús es más tranquila sin necesidad de huir a Egipto, lo que en Mateo marca una historia similar a la de Moisés para Jesús. En otras palabras, mientras que en el relato de la infancia ofrecido por Mateo la familia se traslada desde su residencia original en Belén a otra de adopción en Nazaret (movimiento necesario por razones políticas), en el esquema de Lucas el cambio es en sentido contrario: desde la residencia original en Nazaret, la familia se traslada para una estancia temporal —resulta poco verosímil una residencia permanente— en Belén (movimiento necesario por razones políticas) y luego regresa «a su casa» en Nazaret. Respecto al rescate podemos anotar que tiene origen en la tradición de pueblos vecinos del sacrificio. Dentro de la polémica del Antiguo Testamento contra los sacrificios humanos, el primer nacido de todo rebaño (primogénito) se ofrece en agradecimiento a Dios; pero como Yahvé no quiere la inmolación del primogénito del hombre (Isaac), el primogénito humano es rescatado mediante una ofrenda y devuelto al hombre. Precisamente cerca de Jerusalén existía el valle de Ginón en donde los cananeos sacrificaban seres humanos, abominación para los judíos. Con el correr del tiempo el hombre cambia a Gehena y es el lugar de castigo judío que se asimilará a infierno. Esta escena del rescate se utilizará para teologizar la salida del pueblo de Egipto: también Dios rescata a su primogénito Israel; pero con una gran diferencia: como Yahvé no es deudor ante nadie, sino que es Señor de todos los pueblos, rescata a su primogénito sin pagar ningún precio. Lo rescata simplemente "con su mano poderosa y su brazo extendido. Esto puede estar a la base del relato de Lucas en el que no hay ningún pago en Jerusalén por Jesús. Estrictamente el pago del rescate podría hacerse a cualquier sacerdote, sin necesidad de ir a Jerusalén, pero tampoco tal pago se menciona. La reflexión anterior deja sin mayor piso la interpretación de la muerte de Jesús como rescate de las garras del demonio por el cual Cristo sería el precio pagado en virtud de unos supuestos derechos adquiridos por el demonio sobre el hombre a causa de su pecado . La ley de purificación judía hablaba de que una mujer que diera a luz un varón quedaba impura por siete días como en tiempo de menstruación y al octavo día hacía circuncidar al niño; pero ella permanecía impura por cuarenta días. Si daba a luz una mujer quedaba impura por ochenta días. Además en dicho tiempo no podía tocar nada santo ni podía ir al santuario. La subida al Templo de Jerusalén permite en Lucas asimilar a Jesús con Samuel, llevado por Ana para consagrarlo a Yahvéh; igualmente permite que Simeón y Ana den testimonio del significado salvífico del niño. Simeón que no parece que fuera sacerdote (a diferencia de las primicias que se presentaban al sacerdote) era fiel a la ley y temeroso de Yahvéh y aguardaba el consuelo de Israel. El anuncio de Simeón de una espada para el corazón de María, muestra el momento de dificultad que el pueblo atravesaba. Para ello utiliza las palabras del profeta Isaías que era el más leído en las sinagogas. Jesús será una figura en que se cifra la decisión, la división de los campos; no ya entre judíos y gentiles sino entre quienes haciendo su propio juicio se definen por Jesús o sin Jesús. No por ser Israel el pueblo elegido de Dios recibe la salud y logra la salvación, sino porque toma su decisión optando por Jesús. Jesús es signo, señal, porque sitúa al hombre ante la decisión. Es objeto de contradicción. La contradicción de que será objeto Jesús, afectará también a María. Será el evangelio de Juan el que la ponga junto a la cruz en el momento en que Jesús entrega su espíritu. Pero de esta manera, con la contradicción y el dolor de la pasión, quedan patentes los pensamientos de muchos corazones. La decisión que se toma ante la señal que es Jesús, descubre las profundidades ocultas de los sentimientos humanos. Al fin y al cabo toda la revelación es la palabra de Dios sobre el hombre, sobre su realidad última y trascendente. Por Jesús, y por María en la medida en que le está ligada, se formula un juicio sobre la humanidad. El Dios encarnado revelará la máxima contradicción en la cruz; allí se hará la denuncia de lo peor del ser humano, pero a la vez, el anuncio del tope de su generosidad: dar la vida por los demás. Esto es lo que mejor define a Jesús: hombre para los demás.

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1 Bernardo de Claraval defiende esta teoría y es refutado por Pedro Lombardo, aunque en éste el precio es pagado a Dios mismo volviendo la redención un negocio entre el Padre y el Hijo e inocua para el hombre.