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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 02 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy nos ofrece una oportunidad excelente para meditar el sentido de trabajo en equipo, tan necesario en las personas que desean hacer algo por la Casa Común, nuestro planeta, en gran regalo de Dios.

Se trata de observar la manera como los discípulos, que estaban en la otra barca, acudieron en ayuda de los que iban con Pedro y no alcanzaban a sacar las redes repletas de pescados, cuando siguieron la orden de Jesús de echarlas al mar, a pesar de que en toda la noche no habían pescado nada.

Nuestra pesca actual es en otro “mar tempestuoso”, como el que nos presenta la encíclica LAUDATO SI del Papa Francisco. En un mar donde predomina la Riqueza, el Poder, el Paradigma tecnocrático, como lo describe el capítulo III de la encíclica. En un mar que sufre los horrores del cambio climático, de la contaminación de las aguas, debido al extractivismo y la codicia por los dólares del oro.

Por fortuna están surgiendo cada día más instituciones, más equipos y grupos de personas preocupadas por luchar por cambiar las aguas de este mar tan contaminado. Uno desearía que fueran más en cantidad y calidad.

En cantidad, pues lo ideal sería que todos nos comprometiéramos con esta tarea o al menos que cada día creciera más la conciencia de la importancia de esta labor.

En calidad, porque todos los interesados en este proyecto lo sintiéramos como una misión que la misma Iglesia nos confía hasta el punto de que el mismos Papa nos regala unas páginas tan iluminadoras como las de la encíclica.

La tarea es inmensa y no será fácil colaborar por atajar el actual sistema de corrupción político que con fraudes y engaños perjudica al pueblo. Sistema que no mira las miserias ajenas, en especial las de quienes sufren las inclemencias del tiempo, del fenómeno del Niño, etc.

Pero no hay que desanimarse, pues Jesús nos dice a cada uno de nosotros unas palabras parecidas a que dijo a Simón: “No tengas miedo, pues desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 10), pescador de quienes naufragan en aguas parecidas a las descritas arribas.