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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 04 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Con las características propias de cada evangelio, se da la imagen de los discípulos de Jesús. En Marcos se describen como “seguidores”. Esto aparece ya en el llamado a los primeros: «Seguidme y os haré pescadores de hombres» (Mc 1:17), que algunos traducen como “venid conmigo”, “venid en pos de mí”, “venite post me” en la Vulgata. El seguimiento es a la pasión; a la pasión por el reinado de Dios. Esto es algo que sobrepasa la comprensión de sus discípulos que solamente con la experiencia pascual empiezan a dilucidar. Por esto, en Marcos, es el mismo Jesús quien vive el evangelio para mostrarles cómo debe vivirse. Podríamos decir que el verdadero discípulo, el verdadero seguidor es Jesús mismo llevando a cabo lo que el apóstol habrá de hacer. En Juan la imagen clara es la de “pastor” que toma la perspectiva de la oveja perdida, amenazada, indefensa para aprender a ser pastor (que huela e oveja). Mientras Lucas usa seis veces la palabra apóstol, Marcos sólo dos veces. En cambio, la palabra discípulo (aprendiz) es usada generosamente por Lucas y Marcos. El discípulo deberá obrar lo que obró Jesús, especialmente cuando se enfrenta a similares dificultades. También encontrará que: «No pudo, pues, hacer allí milagro». Si fuéramos a tipificar el evangelio con una imagen del Antiguo Testamento, diríamos que es como un nuevo Exodo hacia el reinado de Dios. Así como en el Exodo, el pueblo tuvo que superar las tentaciones, en Marcos tiene que triunfar sobre el demonio ilustrado en las curaciones. Así triunfó igualmente sobre la tormenta en el lago. Los discípulos son llamados a perpetuar el testimonio, no precisamente del Cristo resucitado y exaltado sino de su pasión terrena pero con sentido escatológico (futuro). La misión, con las características propias del envío, es un destello del venidero reinado de Dios. Para el efecto, Jesús les muestra su misión (siguen en pos de él), los instruye en el camino y los instruye en casa. Jesús empieza llamando a los doce —de donde viene el término vocación— para enviarlos. El envío que hace Jesús de sus discípulos, emula el envío que el Padre hace del Hijo, estableciéndose así una continuidad sin rupturas desde Jesús hacia la comunidad, pasando por los discípulos. Que los envíe de dos en dos (falta en Mateo y Lucas) refleja las condiciones de credibilidad de los testigos según el Antiguo Testamento y las costumbres judías. Si esto deriva de Jesús mismo o de la práctica de la comunidad, no es tan determinante como que el viaje compartido da seguridad y compañerismo. La literatura rabínica muestra con frecuencia el envío por parejas. El poder prioritario que Jesús les concede es sobre los espíritus impuros. Curiosamente omite mencionar la proclamación que tipifica el envío de los doce en otros textos. En texto anterior Marcos dice que el propósito del envío es doble: proclamar y expulsar demonios. Pero en el mini resumen de la actividad de los doce vuelve a mencionar que los discípulos predicaron. Para algunos, esto indicaría que la autoridad sobre los espíritus impuros tiene precedencia sobre el predicar en orden a manifestar la llegada del reinado de Dios; además, el tiempo escatológico es dinámico y no solamente asunto de proclamar unas verdades fijas. Si las palabras y los hechos son inseparables en general, en los evangelios, la predicación surgirá necesariamente asociada o inducida por los hechos.

Jesús les da el poder para hacer, pero en función de otros, no para autocomplacencia; la misma autoridad de Jesús —recibida del Padre— define la naturaleza que se entrega a los discípulos para ser compartida. La comunidad creyente no tendría una etapa apostólica y post apostólica, sino un seguimiento constante de Jesús. Sus curaciones, expresadas como expulsiones de demonios, deben tener continuidad en la vida de todos los creyentes. El poder con el que Jesús predica y obra y que será cuestionado por los escribas, fariseos y sumos sacerdotes, es compartido con los discípulos y a través de éstos con la comunidad. Es el poder sobre el demonio que ya ha sido derrotado. Por eso el poder de expulsar demonios (no es exorcismo) es en Marcos parte fundamental del envío. En el primer siglo de la vida cristiana, “expulsar demonios” estuvo estrechamente relacionado con el establecimiento del reinado de Dios; a la manera de Zacarías quien hablaba de que saldría de Jerusalén una fuente de agua que limpiaría de pecado e impureza. Las características de lo que le es prohibido al misionero (como el polvo que deben sacudir de sus pies), nos recuerdan la manera como el pueblo hubo de apañarse en el Exodo: en la austeridad del desierto y con la conciencia de que la tierra que pisaban no era la tierra prometida. Hay instrucciones para el camino así como para la estadía “en casa”. Casa que era tan de paso como las tiendas del desierto. Las provisiones para el camino son escasas, por no decir nulas: «Ni pan, ni alforja, ni moneda de cobre en el cinturón»; solamente lo atinente al vestido del misionero. El bastón puede significar desde lo pragmático hasta lo simbólico, para defenderse de algún animal o bandido, pero Marcos no menciona este tema.

Además, en todo el evangelio se enfatiza la necesidad de la absoluta confianza en Dios. Se sabe que los predicadores de la escuela griega de los cínicos no se permitían un bastón y que en Mateo y Lucas se les pide no llevarlo. Al enfatizar Marcos que llevan solamente “un” bastón, pesó la interpretación simbólica. En la tradición judía, incluido el Exodo, el bastón sirve para ejercer el poder de autoridad (como con Moisés y Arón. El bastón de Arón llega incluso a florecer). Pero el bastón no es endosable, pues no es liderazgo humano sino divino. Es la prerrogativa de Yahvéh seleccionar los líderes que quiera. Tampoco el líder puede hacer cuanto se le antoje, pues su deber es seguir la agenda de Yahvéh respecto a la historia humana. Con el bastón hará Moisés los signos para herir a los egipcios o para cruzar el Mar Rojo. Marcos no alude a tales signos con el bastón, ni siquiera en el caso de los demonios, sino como poder simbólico únicamente para conducir al pueblo al reinado de Dios. Al Templo de Jerusalén no se podía entrar con bastón porque mandaba solo Yahvéh. En cierta forma, Jesús los instruye más en lo que no deben llevar que en lo que deben llevar. Autoriza sandalias pero sin llevar dos túnicas. Las sandalias ocupan un puesto especial en el relato de la pascua egipcia, cuando deben celebrarla con las sandalias ceñidas y el bastón en la mano. No los envía a Jerusalén (en Matero sí), pues a medida que Jesús se acerca a dicha ciudad no encuentra más que corrupción y resistencia violenta en vez de santidad. En la acogida en las casas se muestra Marcos más benigno, no sin advertirles que también pueden hallar rechazo. La casa (familia) es el destino primario de los misioneros. Allí tendrán lo que se les prohibió llevar. Mateo hablará de entrar en aldeas y villas. Lucas habla como Marcos de entrar en casas. Marcos muestra predilección por las casas como aparece en la suegra de Pedro, en casa de Leví, en la región de Tiro. La difusión misma del evangelio ya forma parte del mensaje. Todo puede ser superfluo excepto el corazón de quien lo recibe y de quien al entregarlo se entrega.


1 Lucas dice: «Pescadores de hombres vivos».