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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 05 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Una de las explicaciones más convincentes del mal humano es la que subyace a las cartas del apóstol Pablo. Allí, el ser humano es habitado por pasiones (epitymías) que le son connaturales y por tanto no pueden erradicarse sino contrarrestarse. Son las fuerzas que mueven el actuar humano en busca de poseer bienes, acumular poder y acrecentar valer (otros dicen placer) y que pueden expresarse como egoísmo: fuerzas de auto-referencialidad las llama el Papa Francisco. Se contrarrestan, según el evangelio con el compartir, el servir y difundir el saber , es decir, poniendo los carismas al servicio de los demás. Cuando esas pasiones han penetrado los grupos sociales, se llaman pecados estructurales o sociales como son hoy en día los pecados ecológicos. En el caso de Herodes es claro que había acumulado bienes, pues era dueño de las tierras de Galilea haciendo de los pobres sus jornaleros; quiso acumular tanto poder que se hacía llamar rey, sin serlo; se fastidiaba con Juan el Bautista porque lo veía como una amenaza para su poder. Luego de mandar matar al Bautista, veía a Jesús igualmente como una amenaza, pues lo consideraba un profeta como los antiguos profetas de Israel. Todos los profetas habían sufrido por criticar los abusos de la monarquía y el Templo. Basta recordar a Elías perseguido por Jezabel, esposa del rey Acab; Isaías, según la tradición judía, fue aserrado; Jeremías, lapidado en Egipto; Miqueas, aprisionado por Acab; Zacarías, apedreado por orden del rey Joás; el Bautista, decapitado por orden de Herodes Antipas ; Jesucristo y los apóstoles, perseguidos y martirizados. Todos víctimas de la auto-referencialidad mencionada o sea porque los veían como una amenaza para intereses particulares o de grupo.

La historia de Juan Bautista debió impactar mucho a los cristianos y por supuesto a los judíos. Flavio Josefo dedica más espacio al Bautista que a Jesús mismo como historiador del pueblo judío. Es una historia aleccionadora que toman los creyentes y acomodan a la vida de Jesús, aunque de diversas manera en los cuatro evangelios. Estrictamente hablando Juan Bautista no tiene mucho que ver con los cristianos, aunque Jesús inicie su vida pública según el movimiento desatado por el Bautista (bautismo en el Jordán y conversión). El movimiento del Juan Bautista es anterior al de Jesús, inclusive anduvieron en paralelo, separados y con conflictos. En los Hechos de los Apóstoles todavía hay discípulos del Bautista por los lados de Efeso o de Corinto que no entienden sino el bautismo de Juan, no habían oído del Espíritu Santo y querían ser cristianos. Sólo Mateo dice expresamente que el Bautista bautizó a Jesús y eso luego de una discusión. En el evangelio de Juan, el Bautista es desde el comienzo discípulo de Jesús y quien le consigue seguidores. La historia del Bautista es pues una historia edificante que prepara el lector del evangelio para penetrar en la muerte de Jesús. La condena a muerte de Jesús tiene carácter político, como la de Juan, pero también religioso por acusación de blasfemia. Esta blasfemia significa que lo que condenó a Jesús no fue, por así decir, la maldad «monstruosa» de los malos, sino la «legalidad» de los buenos, o la maldad no reconocida de los buenos. Este rasgo hace que la muerte de Jesús sea distinta a la del Bautista. Al Bautista lo manda matar Herodes y el relato busca justificarlo con los desvaríos de un baile y su amor por Herodías. Es un esquema frecuente en el Antiguo Testamento en donde la mujer introduce el desarreglo o el pecado que disculpa al hombre. Pero con Jesús no funciona tal esquema y aunque Pilatos y Herodes vacilan, terminan cediendo a los intereses (epitymías) de los sumos sacerdotes, los intereses de Roma (la pax romana), la Torah (ley judía), la independencia judía que quería el pueblo. Todos coinciden en la condena, según la justicia de este mundo y solamente unas mujeres de Jerusalén lloran el destino de Jesús camino del Gólgota. El Bautista murió la muerte del mártir y por eso, tras su muerte, podía seguir adelante su causa, regada incluso con la sangre martirial como sucedió en las posteriores guerras de los judíos. Jesús, en cambio, no sufrió la muerte del mártir, sino la del condenado. La diferencia básica entre el Bautista y Jesús es que el Bautista anuncia la inminencia del juicio de Dios mientras Jesús predica la cercanía del reino como buena nueva, como "evangelio". Aquí está el núcleo central de lo que significa gracia. Que Dios se acerque en gracia y no en justicia es paradójicamente el gran obstáculo para la aceptación de Jesús. Es una gracia que nos cuesta la vida. Ante ese Dios el hombre "religioso" (fariseos, saduceos, sumos sacerdotes, rabinos, maestros de la ley) se siente inseguro; y en cambio, lo siguen los no religiosos como son los pecadores, los publicanos, los enfermos impuros, para quienes Jesús es novedad absoluta de la manera de ser de Dios. Las razones políticas de Herodes Antipas contra el Bautista venían de la crítica a su matrimonio porque ponía en riesgo su poder. Herodes encarcela al Bautista en Maqueronte, cerca de la extremidad sur de sus dominios y cerca al mar Muerto. Herodías era nieta de Herodes el Grande y por tanto sobrina de los dos hermanos. La esposa anterior de Herodes Antipas era la hija de Aretas, rey de Arabia; pero Antipas persuadió a Herodías, esposa de su medio hermano Felipe, a abandonar a su esposo y a vivir con él, bajo la condición, dice Josefo, de que él despidiera a su propia esposa. Esto ocasionó que Aretas declarara guerra contra Herodes a quien derrotó totalmente y destruyó su ejército. De estos efectos Antipas nunca pudo restablecerse y se agravaban por el temor a Juan el Bautista. La consanguinidad de la pareja entraba en las prohibiciones del Levítico, aunque Herodes era asmoneo y no plenamente judío. Según Josefo el nombre de la bailarina era Salomé. Herodes ya había desbocado sus pasiones expresados gráficamente en el banquete, los invitados y sus excesos. Sin escrúpulos morales o religiosos manda degollar al Bautista más para expresar su poder que para cumplir una promesa. Así cae en el relato más cruel de los tres que contempla el Antiguo Testamento para el pecado humano: el relato de la muerte de Caín a manos de su hermano Abel, el asesinato. Quizás el único rasgo misericordioso del relato es: «Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro» y comunicaron a Jesús los sucedió. Según Marcos, Jesús empieza su ministerio público cuando el Bautista ya está en la cárcel. El Bautista es una bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

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1 Aquí entran lo que tradicionalmente se llaman obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo ha menester, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas de nuestros prójimos, rogar a Dios por los vivos y muertos.
2 Era hijo de Herodes el Grande, el de la matanza de los inocentes, quien a su muerte dejó el reino dividido entre cuatro hijos (los tetrarcas) de los muchos que tuvo: Herodes Antipas, Herodes Agripa, Filipo y Arquelao.