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Pistas para la homilía

  •   Domingo Febrero 14 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

“Creer con el corazón y declarar con la boca”

• Lecturas:

- Libro del Deuteronomio 26, 4-10
- Carta de san Pablo a los Romanos 10, 8-13
- Lucas 4, 1-13

• El Miércoles de Ceniza es el comienzo de la Cuaresma. Es un periodo en el que la Iglesia nos invita a prepararnos para la celebración de la Pascua del Señor. En los textos bíblicos que leeremos a lo largo de las próximas semanas, veremos cómo la predicación del Maestro va cargando de odio a sus adversarios, quienes harán uso de todos los medios para deshacerse de este incómodo personaje.

• La palabra cuaresma tiene un significado simbólico, pues hace referencia a los cuarenta años que duró la peregrinación del pueblo de Israel hasta llegar a la Tierra Prometida. Como lo acabamos de escuchar en el relato evangélico, Jesús se retiró al desierto durante cuarenta días, con el fin de prepararse para su ministerio apostólico. Esta relación de la Cuaresma con la travesía del desierto y con el retiro de oración del Señor, nos ilumina el simbolismo del número 40 en la tradición bíblica. Se trata, pues, de un proceso de interiorización y de preparación para un acontecimiento espiritual muy importante como es la Pascua.

• Los invito a tomar en serio el tiempo de Cuaresma. La liturgia nos exhorta a reflexionar, encontrarnos con nosotros mismos, revisar nuestro proyecto de vida, reconocer las incoherencias entre lo que decimos y lo que hacemos.

• Como tema de esta meditación dominical, les propongo las palabras del apóstol Pablo sobre la fe, que acabamos de escuchar: “Hay que creer con el corazón para alcanzar la santidad y declarar con la boca para alcanzar la salvación”.

Esta manera de comprender la fe contrasta fuertemente con ciertas opiniones que circulan entre los fieles:

- El Catecismo del Padre Astete, ya descontinuado, pero que fue durante mucho tiempo la fuente de formación religiosa de muchas generaciones, enseñaba que “fe es creer lo que no vemos porque Dios lo ha revelado”. Aunque esta afirmación del Padre Astete es correcta desde el punto de vista teológico, deja un mal sabor en la comunidad científica y entre los intelectuales. Parecería que el discurso religioso es incompatible con la razón humana, y que un creyente debería renunciar a algo consustancial a su ser como es la capacidad de hacer preguntas.

- Una cosa es reconocer con humildad la infinitud de Dios frente a nuestra insignificancia como creaturas, y ser conscientes de que el misterio de Dios supera las coordenadas espacio – temporales dentro de las cuales se mueven nuestros esquemas lógicos; y otra cosa muy distinta es estigmatizar como irracional el acto más sublime de nuestra condición humana, que es contemplar agradecidos el misterio de Dios, quien se nos revela como Padre amoroso y nos hace hijos suyos.

- También es muy frecuente identificar la vida cristiana con las normas morales; cuando leen la Biblia, muchos cristianos no perciben con claridad que allí Dios nos comunica su plan de salvación y se nos auto-manifiesta, sino que creen estar leyendo un código de comportamiento y una lista de preceptos morales.

• ¿Qué nos sugiere la expresión de san Pablo “Hay que creer con el corazón”? Culturalmente, la referencia al corazón nos traslada al mundo de las relaciones interpersonales, la confianza, las expresiones de afecto. El Dios que se nos ha revelado en Jesucristo no es un frío e impersonal teorema matemático ni la suprema Ley fisca que regula la expansión del universo. Es un Ser personal, plenitud de la verdad y el amor. Creer con el corazón es abrirse a la vida divina que nos comunica, es hacer de su voluntad la única agenda que nos inspira, es poner toda nuestra confianza en Él. Por eso el Salmo 90, que acabamos de recitar, dice: “Tú eres mi refugio y fortaleza; “tú eres mi Dios y en ti confío”.

• ¿Qué nos sugiere la expresión de san Pablo “Hay que declarar con la boca para alcanzar la salvación”? Esta profunda experiencia de Dios – a quien descubrimos contemplando la naturaleza, compartiendo con los hermanos, meditando la Biblia – genera una dinámica que transforma la vida diaria. Declarar con la boca es la búsqueda continua de la coherencia entre las convicciones más íntimas y la manera como actuamos en la familia y en la vida profesional; declarar con la boca es dar testimonio de los valores evangélicos. Nuestras palabras y silencios, nuestras acciones y omisiones son una declaración continua de lo que llevamos dentro del corazón. Por eso no es posible llevar una vida profesional y social neutra en valores. Aunque no lo queramos, nuestro ser y nuestro actuar son una permanente declaración. Y el testimonio que demos será cuidadosamente evaluado por las personas que están a nuestro alrededor. De ahí la riqueza de las palabras de san Pablo: “Hay que creer con el corazón para alcanzar la santidad y declarar con la boca para alcanzar la salvación”.