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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 13 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Cuenta una leyenda de Francisco de Asís que en el pueblo de Borgo San Sepolcro había una banda de ladrones que debido al buen trato y comida que le dieron los frailes, cambiaron de oficio y algunos se hicieron frailes. La moraleja es que si superamos todo maniqueísmo que distribuye la bondad de un lado y la maldad del otro, podremos quizás ver que en cada uno se esconde un posible ladrón y un posible fraile.

Con tierno afecto se puede rescatar el fraile escondido dentro del ladrón. Y esto fue lo que ocurrió en el citado poblado. Hoy el evangelio nos presenta el llamado que hace Jesús a alguien que para los judíos era odioso, pecador público y probablemente gentil . Jesús llama al discipulado a cualquiera, sin barrera alguna: a personas puras, pero también a pecadores y publícanos (caso de hoy), a zelotes (como Simón "el zelote") y a hombres de toda condición: cuatro pescadores, un jefe de publicanos (Zaqueo), una persona casada (Pedro) y a muchas otras, hombres y mujeres, sin mayores especificaciones. Tanto en el llamamiento de Zaqueo, como en la vocación de Leví, se recogen las murmuraciones de los justos (o al menos así se creían) por haberse auto invitado el Maestro a la mesa. Jesús, después de proclamar que su visita ha traído la salvación, declara que ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. En términos más explícitos: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Es la imagen del buen pastor que va en busca de la oveja perdida y no espera que el pecador venga a él como hacía el Bautista en el Jordán. Las parábolas de la misericordia: la oveja perdida de cien, la dracma perdida de diez, los dos hijos, el Padre Misericordioso, son la expresión, en el lenguaje de Jesús, del perdón y la misericordia que son la columna vertebral del evangelio de Lucas. Las dos primeras, de la oveja extraviada y de la dracma perdida, se cierran con una alusión a la alegría que causa en el cielo el hallazgo-conversión, aunque sea de un solo pecador. La cuarta, llena de indicaciones de fina psicología paternal, muestra cómo un hijo pródigo y libertino es esperado afanosamente por su propio padre, que anhela su retorno y que, al divisarlo de lejos, se llena de compasión y corre a abrazarlo.

Es la imagen más viva del amor ilimitado del Padre (Abba) celestial. Sin embargo, proceder así, llevará a Jesús a ganarse el título irónico de «amigo de los publícanos y de los pecadores». Pero allí es donde se da la novedosa manifestación de Dios. Nos dice el evangelio que Jesús oraba en momentos claves de su vida, pero no aparece orando en el Templo. Sí dice que muchos fariseos iban a orar allí, como el publicano y el fariseo. Pero de Jesús para acá, el Templo es el hombre. De Jesús para atrás el Templo era muy importante; de Jesús para acá, pierde su significado pues el Templo es el hombre donde habita su Espíritu. Se toma conciencia de que Dios trabaja inhabitando. Dios se encuentra donde trabaja y trabaja edificando el hombre desde dentro, incluido Leví o Mateo. En casa de Leví no solamente es criticado Jesús por comer con publicanos y pecadores sino que también son criticados sus discípulos porque festejan en vez de ayunar. Mientras el judaísmo, mirando el pasado humano, se aferraba a la idea de pecado, Jesús, mirando el futuro de todo ser humano obvia el pecado con el perdón y llama a la conversión o nueva vida. El pecado no es ya una barrera que se oponga a la salvación. El que aporta la salvación perdona los pecados a fin de que ésta pueda recibirse mediante el proceso de conversión. Aunque no aparezca la expresión expresa del perdón, está implícita en el llamado, como lo está en el abrazo y fiesta del Padre Misericordioso con el hijo pródigo. Los fariseos y los escribas de oponen al perdón, a no ser, a través del ritualismo judío. A los presos en Curran-Fromhold (Filadelfia) les decía Francisco: «Jesús viene a sacarnos de la mentira de creer que nadie puede cambiar» y por ello ningún castigo, ninguna pena debe anular la esperanza y la posibilidad de la rehabilitación. Leví, al igual que los discípulos a la orilla del lago, abandona, su oficio su vida pasada para seguir a Jesús. También al joven rico le pide Jesús dejarlo todo, pero se marcha “triste” porque tenía muchos bienes. Aunque no aparezca Leví en escenas posteriores de la vida pública de Jesús, comporte las mismas condiciones de seguimiento. Leví puede ser un ejemplo de muchos que compartieron el seguimiento de Jesús y que son anónimos en los evangelios. Ambrosio, en su comentario a este episodio va más allá de lo que pueda decir el texto y pone en boca de Leví: «Ya no soy un publicano, ya no soy más Leví. Me he despojado de Leví para revestirme de Cristo. Detesto mi raza, siento horror de mi vida pasada. Ahora soy solamente tuyo, ¡Señor!». Este tipo de frases exaltadas son injustas y no describen bien el proceso complejo y a menudo lento de la conversión. El mismo Pablo dice que luego de la experiencia de Damasco, vagó por Arabia unos tres años. «Partí para la Arabia y de nuevo volví a Damasco. Luego, pasados tres años, subí a Jerusalén» (Gal 1:17). En las conversaciones que se tienen durante el banquete se ve cómo se ha de entender la condición de discípulo de Jesús. Lucas gusta de presentar a Jesús como invitado en el banquete. En la literatura griega se designa como symposion (conversación durante la comida), diálogos de profundo sentido. Estando el evangelio de Lucas dirigido a los gentiles (no judíos) sitúa a Jesús en el mundo griego. Los Evangelios son historia, pero a la vez historia «deshistoricizada» o teologizada. En ellos habla a su comunidad el Señor experimentado vivo en la misma comunidad por la resurrección. Los fariseos y los escribas murmuran porque su manera de conseguir un “pueblo santo” era apartándose de todo lo que consideraban como no santo. Para esto les servía la rigurosa aplicación de las leyes de pureza. Lo que era legislación para los sacerdotes en funciones en el Templo, lo extendían al pueblo entero. El ideal del Deuteronomio «sed santos como Yahvéh es santo» es modificado o reformulado en Lucas como «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6:36).

De tal manera que Jesús estaba más cerca de dicho ideal recibiendo a un publicano que los escribas y fariseos rechazándolo. Jesús sigue el método del médico. Si un médico quisiera ocuparse de los sanos y apartarse de los enfermos, entonces no habría entendido su profesión. La misión de los discípulos no va a consistir en que se aparten de los pecadores, sino en ofrecer la salvación a todos, se crean justos o se les llame pecadores, no en la preocupación llena de inquietud por la propia salvación, sino precisamente por la salvación de otros: “el que pierda su vida la encontrará”; esto suponía arrojo y atrevimiento para enfrentar una sociedad que entonces como ahora, pasa por costumbre sancionada el pecado estructural o social. Jesús obra en forma paradójica y a sus seguidores les toca otro tanto, por más escandaloso que parezca.

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1 Esto saldría de su nombre extranjero Mateo o judío si tomamos el nombre de Leví, por el que se podría hasta suponer que es el nombre judío de su tribu de pertenencia.