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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 15 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En la historia del judaísmo, el periodo más creativo teológicamente fue el del profetismo. Al profeta le tocó el trabajo más difícil y arriesgado como fue el ser conciencia crítica frente a la monarquía y el Templo. Verdad es que muchas veces usamos los textos de los profetas para la reflexión personal y el llamado a la conversión, pero no es su escenario natural . Los profetas analizaban la situación de acuerdo en el deseo de Yahvéh y emitían un juicio, ordinariamente condenatorio o de advertencia, es decir, de lo que malo que vendría si no se cambiaba la situación. En otros palabras, para evitar que sucediera lo malo. Por ello todos los profetas terminaron mal. Elías es desterrado al monte Carmelo, Isaías muere aserrado, Jeremías apedreado, Ezequias muere despeñado, Amós golpeado hasta morir, Zacarias asesinado, Juan Bautista decapitado y Jesús (si lo consideramos profeta) muerto en la cruz. El texto de hoy ha sido denominado de diferentes manera como juicio de las naciones, juicio universal, juicio de las gentes y con algunas sutilezas lingüísticas también juicio de los gentiles (no de los judíos). La idea de un juicio final (Yom ha-din en hebreo) es propia del judaísmo como juicio de toda la humanidad y realizado por Yahvéh. En las parábolas del fin también Jesús reserva el juicio al Padre; sería el “día de Yahvéh” porque exaltaría al pueblo de Israel. Es Amós el profeta que más impulsa tal juicio incluyendo al mismo pueblo de Israel y el castigo para éstos seía el exilio. El resto (los justos) retornará a esta tierra para disfrutar de una vida próspera. Zacarías ve en la reconstrucción del Templo la señal de que se acerca tal día. Al no suceder, se empezó a hablar del juicio de los últimos días y se vuelve objeto de la literatura apocalíptica, como juicio de todo el cosmos incluyendo a los ángeles. Previamente todos los muertos resucitarían para el juicio, precediéndole los días de la tribulación. Poco a poco la literatura apocalíptico va virando hacia “el mundo venidero”. El judaísmo adelanta el conocimiento de la suerte final en la celebración del Yom-Kippur o día de la expiación en el cual el creyente se sintoniza con la voluntad de Yahvéh para formar parte de los salvados. En el texto de Mateo no es Dios Padre el que preside el juicio sino “el hijo del hombre”. Extendido a todas las naciones hace de Mateo no solamente el evangelio judío (es de los cuatro el que más características del judaísmo incorpora) o el “evangelio de la Iglesia” sino también el de quienes no han oído de Cristo. Muchos se hicieron la pregunta por la suerte de los que mueran antes de tal juicio y la respuesta de Agustín fue la del “juicio particular” al momento de la muerte, como fue expresado para el buen ladrón: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23:43). Según Agustín, el alma estaría separada del cuerpo hasta el juicio final en el cual se reunirían de nuevo para gloria eterna o sufrimiento eterno. Es el sentimiento más popular pero no tan en concordancia con las Escrituras, pues en el judaísmo no hay propiamente doctrina ninguna de inmortalidad. Aunque muchas reflexiones sobre este evangelio se han ido por el lado de las penas, la condenación, el infierno, no exentas de fantasías y especulaciones que han llevado a mostrar un Dios más ansioso de venganza que de justicia, también ha habido reflexiones sobre la descripción del juicio como algo que se da cada día en nuestro mundo. En las cartas de Pablo el castigo tiene un sentido terapéutico y en los evangelios el sentido universal de salvación. Los criterios de juicio en este texto son bien “mundanos” como el hambre, la sed, la desnudez, la prisión, el desplazamiento, la enfermedad, la cárcel. No aparecen criterios de ortodoxia, pertenencia religiosa, sacramentos, profesión de fe. Aparece en cambio un “hijo del hombre” que se identifica con todos los necesitados de tal modo que siente como propio «todo lo que hicisteis con uno de estos hermanos más pequeños , conmigo lo hicisteis». Las figuras literarias usadas como ovejas y cabritos nos ponen en aprietos para entender la imagen benévola del buen pastor que busca la descarriada entre cien. En cambio la entrada al reinado de Dios está marcada por la razón “porque” (gar en griego) que en las disputas de la Reforma llevó a enfatizar si las obras de caridad abrían sus puertas o era consecuencia de la fe y signos de gratitud humana por la gracia divina. Una disputa lógica sin solución como la del huevo y la gallina. La suerte de las ovejas muestra que lo reprochable en el paralelo de los cabritos no es un mal que hayan hecho sino un bien que han dejado de hacer. En sus cálculos lo hubieran hecho si hubieran sabido que reportaba ganancia. Pero clave en los evangelios es la gratuidad (gracia, carisma, Espíritu) que se recibe precisamente sin mérito . Es la gran diferencia entre la salvación en Pablo y en el judaísmo y su salvación por la observancia de la ley (Torah). Todas las obras de compasión, misericordia y ayuda al necesitado operan cuando se da tal gratuidad. La identificación del “hijo del hombre” con Cristo llevó a muchas actitudes compasivas como la regla benedictina de tratar al huésped “como Cristo mismo” y a formular las obras de misericordia corporales y espirituales que forman la matriz de la vida cristiana explícita o anónima. Hoy puede ser un proyecto de convivencia universal. En el evangelio de Juan el juicio no es asunto del futuro (como en el profetismo) sino del presente. Todo ser humano emite su propio juicio de aceptación o rechazo de Jesús y su modo de amar. Visto así, el evangelio de hoy es un compendio de la doctrina y de la reclamación de todo el evangelio con sus curaciones, parábolas, bienaventuranzas y Padrenuestro. Frente a “estos hermanos más pequeños” que siguen estando presentes y en abundancia en todas las latitudes, los juzgados dignos, por su actuación desinteresada; o indignos, por su omisión interesada, pueden emitir el juicio del éxito o fracaso de sus vidas y afianzar o rectificar su proceder hacia el futuro. En el círculo estrecho del judaísmo Jesús ha dicho que «quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia» (Lc 10:16) aludiendo a los apóstoles. Ahora el rango se ha ampliado a toda la humanidad con el calificativo de hermano, que infortunadamente no ha logrado superar las diferencias en la vida familiar de las culturas (Caín y Abel, primogenitura judía, machismo). Por esto el evangelio prefiere mostrar un “hijo del hombre” parcializado con «estos hermanos más pequeños» los mismos que Jesús sintió más cerca durante su vida pública. El juicio de las naciones es más que religioso; implica la política, la economía, la sociedad, las iglesias, el derecho, y tendremos que reconocer que quizás es un juicio que estamos perdiendo, con muchos cabritos buscando intereses y pocas ovejas dándose a los demás.

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1 Los especialistas en el tema lo llaman el “Sitz im Leben” del alemán, “colocación en la vida”. Tiempos, lugares y personas que produjeron el texto.
2 El superlativo griego empleado significa: pequeño, insignificante, minoría, inferior, menos importante.
3 Calvino decía que el “reino” no es la paga de un obrero sino la herencia de un hijo.