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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 16 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En la larga historia de la Iglesia, el envío de los discípulos, que en Lucas se estandarizan como “los doce”, se enmarca tanto en el sentido judío como en el griego. En el sentido judío, existía el encargo del shaliah a quien se le confiaba una misión y tenía plenos poderes para tratar en nombre de quien lo enviaba. Pero era un cargo temporal que cesaba cumplida la misión. El enviado no era propiamente misionero, pues el judaísmo no conoce el concepto de misión en el sentido de envío oficial, ni el shaliah ejerce influjo alguno en el campo del proselitismo. Al traducir las Escrituras al griego, se tradujo por apostello que era un título de carácter religioso y filosófico, especialmente del estoicismo, para el maestro ambulante que se consideraba como un mensajero y modelo de Zeus, según Epicteto. El enviado particular (de una persona, no de un movimiento) era llamado angelos (ángel). Pero la función del apóstol se nos complica aún más con el caso del apóstol Pablo quien no es mencionado en ninguna de las cuatro listas de “los doce” (Marcos, Mateo, Lucas y Hechos) y quien funda su apostolado de manera que quede libre del veredicto de apóstol de segundo rango, por encargo de Cristo mismo. «Pablo, apóstol no por autoridad humana ni por mediación de un hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos» (Gal 1:1). Pablo no era pues shaliah (enviado) de la comunidad de Jerusalén sino converso de la comunidad de Damasco. De hecho “los doce” —tal vez con excepción de Pedro— permanecen en Jerusalén como columnas escatológicas que han de juzgar al fin de los tiempos y ni siquiera pensaron en actuar como misioneros, sino que restringieron su predicación a Israel. Pablo se asemeja más al modelo griego de “apóstol” de una causa con valor universal. Mientras para la iglesia de Jerusalén el apóstol sería delegado de la comunidad, lo cual termina creando tensiones entre Santiago, Pedro y Pablo; en el caso de Pablo se designa como «apóstol de Jesucristo». Lucas adopta una imagen de apóstol que ya viene determinada por la desaparición de los representantes vivos de la generación apostólica, que sería la que refleja el evangelio de Marcos. Enviar a “los doce” de dos en dos es lo mismo que nos dice Lucas del envío de los setenta y dos y que obedece a la necesidad de dos testigos varones para que un testimonio tenga validez, según la ley judía. Es imposible determinar si viene del ministerio histórico de Jesús o de la práctica misionera de la primitiva comunidad. Las condiciones de viaje en el mundo antiguo pueden haber influenciado la práctica del acompañamiento por razones de seguridad y compañía. Esta indicación falta en los envíos descritos en Mateo y Lucas. También los profetas asumieron su misión en solitario. En el evangelio de Marcos son enviados en pobreza a hacer lo que habían visto hacer a Jesús: expulsar espíritus impuros, curar enfermos (con aceite) y predicar la conversión. La proclamación de la conversión de alguna manera es un antídoto contra el rechazo y suministra un punto de contacto con la predicación inicial de Juan el Bautista, con la cual comienza el evangelio de Marcos. Aún hoy, podemos decir que la conversión sintetiza bastante bien el evangelio, siendo el resto herramientas para conseguir la conversión. La autoridad sobre los espíritus impuros implica que ésta manifiesta, mejor que la predicación, que el reino de Dios ha llegado. Marcos no se ocupa mucho en especificar las enseñanzas mismas de Jesús, como aparecen en los otros evangelios. Al fin y al cabo el llamado en Marcos es a seguir a Jesús. En Marcos la actividad de Jesús se resume en: «convertíos y creed en el evangelio». En Lucas el envío es de “los doce” y “los setenta y dos” de manera similar, y deben proclamar el “reino de Dios” entendiendo que ya está presente en las palabras del evangelio. En Mateo deben proclamar que "el reino de Dios está cerca”.

Las características del envío, es como la de los filósofos mendicantes y similar a la de Pablo, quien vive igual en la abundancia o en la estrechez. Ligeros de equipaje con bastón, sandalias y túnica, pero sin pan, bolsa ni moneda en el cinto. Se asume la hospitalidad de los oyentes y se reinterpreta la costumbre judía de limpiar el polvo de los pies al entrar en la sagrada tierra de Israel. Ahora es testimonio contra las aldeas que no los reciban. Como gesto simbólico proclamaría que aquellas aldeas no son parte de Israel y sus aldeas debían ser tratadas como territorio gentil. La unción de los enfermos con aceite marca ya una práctica probable de la comunidad creyente pues en las curaciones de Jesús no se menciona ritual ninguno de curación y cuando mucho que en su pueblo natal impuso las manos a algunos enfermos. La práctica judía de la unción aparece en la carta de Santiago: «¿Está alguno enfermo? Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia, y oren sobre él ungiéndole con óleo en el nombre del Señor» (St 5:14).

Curiosamente Marcos muestra el éxito de la misión de “los doce” en un momento en que el mismo Jesús solamente ha tenido resultados parciales de su misión. Es como si los discípulos pudieran hacer con mayor éxito aquello que el mismo Jesús no pudo hacer: «No pudo, pues, hacer allí milagro alguno, fuera de curar a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y quedó extrañado de aquella incredulidad» (Mc 6:5). Los discípulos necesitarán instrucciones en varios momentos, de manera que ésta es una de ellas. También serán instruidos en casa y en el camino a Jerusalén.

Este envío, como modelo de la misión impuesta o confiada a la Iglesia es bastante demandante. Es como una admonición sobre los desvíos que pueden amenazar la misión y que sirve para el examen de conciencia de los predicadores que vendrán después. Los consejos que Jesús dio a los doce conservan su sentido y valor para los mensajeros de la fe y obliga a reflexionar si desempeñan su cometido en el espíritu de Jesús. La hospitalidad misma es pedagogía evangélica para los destinatarios, pues es abrir las puertas de la familia a la novedad del que llega. En Samaría, Jesús recrimina a Juan y Santiago (Boanerges) que pretenden castigar la inhospitalidad de las aldeas. Resalta el espíritu de simplicidad y sobriedad que riñe con la alta tecnología usada hoy en la evangelización. Fácilmente el medio se convierte en el mensaje mismo, como sucede con los medios masivos de comunicación. Los discípulos deben renunciar a todo lo superfluo y orientarse a la misión de manera que la renuncia a lo superfluo confirme su mensaje: la salvación de Dios llega para los pobres y los enfermos, y exige de todos la conversión. En Mateo y Lucas aparecen suavizaciones al rigor que se lee en Marcos pero queda la importancia del espíritu de sencillez apostólica, que muchas veces puede verse en la historia. Los grandes evangelizadores que fueron los monjes irlandeses en Europa no requirieron más allá de lo estrictamente personal, la Biblia y la Filocalía .


1 Resumen de lo mejor de los escritos de los Padres de la Iglesia.