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Pistas para la homilía

  •   Domingo Febrero 21 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- Libro del Génesis 15, 5-12. 17-18
- Carta de san Pablo a los Filipenses 3, 17—4, 1
- Lucas 9, 28b-36

• La liturgia de este segundo Domingo de Cuaresma tiene como elemento central la Transfiguración del Señor, que es una solemne manifestación de la gloria de Dios y una confirmación de la identidad de Jesucristo y de la misión que le ha confiado el Padre: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”.

• Además de este relato de gran densidad teológica, la liturgia propone a nuestra meditación dos relatos de transformaciones muy hondas que la gracia produce en el interior de los creyentes y en su proyecto de vida. Nos referimos a la alianza que Yahvé sella con Abrán (así era su nombre original; posteriormente será llamado Abrahán) y la descripción que hace san Pablo de la vida de los seguidores del Señor.

• Los invito a considerar atentamente este relato de la alianza que el Señor establece con Abrahán:

- Después de leer este texto, nos surge una pregunta: ¿Por qué escogió Dios a este arameo errante que vivía cerca de Ur, ciudad de los caldeos? Esta pregunta, como todas las que nos hagamos sobre los planes de Dios, desborda la lógica humana. Dios, que conoce todas las intimidades de nuestros pensamientos y sentimientos, escoge a quien quiere. No es posible identificar un patrón particular para este llamado. Cada vocación tiene una historia única e irrepetible.

- Llama la atención la familiaridad del diálogo: “Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes. Así será tu descendencia”. Dios trata a Abrahán como lo hacemos entre amigos. Es una relación personal, cálida. En el Nuevo Testamento, las enseñanzas de Jesús nos revelan que Dios es nuestro Padre, quien siempre tiene abiertos sus brazos para acogernos, a pesar de nuestras infidelidades; por eso nuestra oración debe ser simple y confiada. Este es el mensaje de la parábola del hijo pródigo. El Papa Francisco no cesar de recordarnos que el nombre de Dios es misericordia.

- Con esta alianza o pacto que Dios establece con Abrahán, se inicia un capítulo único en la historia espiritual de la humanidad. Dios quiere auto-manifestarse en la historia y para ello escoge a Abrahán y a su descendencia, que es el pueblo de la elección. Nosotros los cristianos reconocemos a Abrahán como nuestro padre en la fe; nos nutrimos de la misma savia espiritual; lo que para Abrahán y sus descendientes era una promesa, se hace realidad en Jesucristo, cuya sangre sella la alianza nueva y eterna de Dios con la humanidad.

- En el diálogo entre Yahvé y Abrahán, éste vive una experiencia única de la gloria de Dios. El texto bíblico nos lo comunica a través de imágenes muy expresivas: profundo letargo, temor intenso y misterioso, densa oscuridad, brasero humeante, antorcha encendida. Estos elementos nos señalan una experiencia especialísima que transformará la vida de Abrahán y de su familia, y es el comienzo de la auto-manifestación de Dios en la historia particular de un pueblo.

• Pasemos a la segunda lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Filipenses. En ella Pablo presenta dos escenarios que contrastan fuertemente: la miserable existencia de quienes “viven como enemigos de la cruz de Cristo”, y la de aquellos que se abren a la acción transformadora del Espíritu:

- Pablo describe con palabras fuertes la realidad de los que dan la espalda a la oferta de salvación: “Su dios es el vientre, se enorgullecen de lo que deberían avergonzarse y solo piensan en cosas de la tierra”.
- Por el contrario, quienes se abren a la gracia, experimentan una transformación de su ser y de su obrar; Pablo lo dice con humildad, pues todo lo atribuye a la gracia de Dios y no a méritos personales: “Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo”.

• Después de estas reflexiones sobre las transformaciones obradas por la gracia en Abrahán y sus descendientes, y en los seguidores de Jesucristo, vayamos, así sea brevemente, al relato de la Transfiguración del Señor. Este texto contiene un vocabulario propio de las teofanías o manifestaciones particularmente solemnes de la gloria de Dios, como es la referencia a la cima de una montaña, el resplandor de las vestiduras, la nube, la voz que se escucha…

- En la cumbre del monte se manifiesta la gloria que le es propia como Hijo eterno de Dios, de la cual se había despojado al asumir nuestra condición humana. Esta Transfiguración es una anticipación de la gloria que le espera cuando haya resucitado de entre los muertos.

- La presencia de Moisés y Elías tiene un profundo significado pues muestra a Jesucristo como la plenitud de la Ley y los Profetas. Su muerte y resurrección sellarán la alianza nueva y definitiva de Dios con la humanidad, alianza que se inicia con Abrahán, nuestro padre en la fe, y que transformará nuestro ser y nuestro actuar, como lo describe san Pablo en el texto que acabamos de escuchar.

- En medio de una densa nube, se escucha una voz que afirma: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Es una confirmación de la identidad de Jesucristo como Hijo eterno de Dios encarnado, y cuya misión es revelar el misterio de Dios a través de sus enseñanzas, milagros y su Pascua.

• Tomemos en serio este tiempo de la Cuaresma. A través de las meditaciones de los textos litúrgicos, acompañemos a Jesús en su camino hacia Jerusalén, donde llevará a cabo el máximo gesto de amor, que será entregar su vida por nosotros.