Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 19 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En Mateo podemos decir que su idea de seguimiento de Jesús es hacer la voluntad de Dios en la tierra como ya se ha hecho en el cielo. Para contrastar la novedad nos presenta la justicia de los escribas y fariseos que consistía en el apego estricto a la ley (Torah); pero, a menudo la ley terminaba en contra de la misericordia. Dice Jesús que debe superarse dicha justicia. Para ilustrarlo presenta una de las normas de la ley más antiguas como es el “no matar” pero muestra cómo se puede empezar a darle cabida empezando por irritarse contra el hermano. Contentarse solamente con el no llegar al acto de matar a alguien se queda corto frente a lo que sucede en el cielo en donde se aspira es ser capaz de amar incluso al enemigo. Más adelante, Mateo presentará la gama de sentimientos y actuaciones que deben ir más allá de los escribas y fariseos. La ira y las relaciones, el adulterio y lujuria masculina, el divorcio y el agravio comparativo en contra de la mujer, la coherencia entre palabra y acción, resistencia no violenta al mal y amor a los enemigos. Estas enseñanzas partirán de la afirmación de la ley y la tradición judía: «Habéis oído que se os dijo… pero yo os digo». Cuando el cristiano reduce su moral al simple cumplimiento de las leyes puede llegar a ser un buen ciudadano pero se queda corto en ser un buen cristiano. Pablo, quien enfrenta su tradición farisea y legalista llega a decir «la letra mata pero es el espíritu el que da vida» (2 Co 3:6). En la vida cristiana debe vivirse una ética de principios y no de normas. Aún en el caso en que el cumplir el precepto es ya avanzar bastante, Jesús lo utiliza para exigir más de sus discípulos o ampliar el precepto a fin de interpretar sus implicaciones éticas y sociales para la vida humana, especialmente de los marginados o excluidos. Cuando el precepto impide la misericordia (por ejemplo no tocar un leproso para no quedar impuro) Jesús lo quebranta con bastante libertad. En el caso de no matar, Jesús muestra que la cólera manifestada en violencia verbal es una variación o entrada en la pendiente de la muerte en la medida en que destruye relaciones y personas y señala, en una hipérbole (exageración) el mismo castigo por la cólera que por el asesinato. ¡Dejarse llevar por la cólera puede llevar a una ruptura total¡ Hoy la moral diferencia la intención del acto, considerando la complejidad humana desconocida en la época de Jesús , pero no deja de ser un buen consejo de higiene mental y espiritual. El hermano o hermana aquí es un miembro de la familia o un seguidor de Jesús, pero para el creyente debe extenderse a toda la humanidad. La cólera lleva un germen destructivo. La ilustración avanza incluso más a la palabra ofensiva. Quien insulte (literalmente diga “raca” merece juicio en el sanedrín (asamblea) y quien diga “loco ” a la gehena (juicio escatológico o futuro). Aquí sanedrín no alude probablemente a la asamblea de Jerusalén, pues seguramente para esta época del evangelio de Mateo la ciudad ya ha sido destruida. Puede aludir a algún tipo de asamblea disciplinaria operada por los creyentes para juzgar actuaciones de los mismos creyentes. Este encadenamiento de la ira con el daño al prójimo ya era conocido en el Antiguo Testamento en el libro de los Proverbios conde se aplicaba a expresiones como «privar del pan al pobre es homicidio» así como en el relato sobre el origen del mal en la muerte de Abel a manos de Caín. Aquí también había empezado por la irritación de Caín y ceder a tal sentimiento: «a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar» (Gn 4:7). La ilustración de Jesús se mueve ahora a un terreno sensible para el sentimiento judío. No olvidemos que el evangelio de Mateo es el más judío de los cuatro pues seguramente estaba dirigido a creyentes procedentes del judaísmo. Ahora se trata del culto y no importa el culpable, primero deben recomponerse las relaciones con los hermanos. La moral más alta que la de los escribías y los fariseos estriba en este caso en que es el ofendido el que carga con la responsabilidad de buscar la reconciliación, «si tu hermano tiene algo contra ti». Hay un eco aquí de la oración del Padrenuestro en la que se pide perdón a Dios previsto que perdonemos al hermano. La ilustración final se toma de una situación de la vida corriente como es un acusador y un juez. No hay descripción ni condena en la disputa; pero la acción apropiada no es de cólera, sino de reconciliación. El verbo que emplea en griego tiene el sentido de “mostrar buena voluntad”, “estar bien dispuesto”, “pensar bien”: lo contrario de la ira. En un lenguaje más práctico para estimular la búsqueda de la reconciliación se advierte al lector que el agresor puede terminar en la cárcel. «Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo» que puede referirse a alguna deuda o algún tipo de punición pecuniaria. La comunidad de Mateo es animada a evitar las instituciones de la época, pues debían mostrar el reino de los cielos en una estructura alternativa acá en la tierra. Pudo perfectamente suceder que tuvieran un cuerpo judicial paralelo para los creyentes por el que pudieran evitar llegar hasta la autoridad civil. Esa es la cárcel en la que deben evitar ir a dar los creyentes, como los actuales jueces de paz. La cólera que lleva a matar literal o metafóricamente —con palabras— personas y relaciones, resulta inconcebible en el reinado de Dios. Es la violencia simbólica que tan fácilmente se puede ejercer hoy en los medios de comunicación y en las relaciones sociales. La alternativa es reconciliación, restablecimiento de la paz y guardarse de la ira o sentimientos semejantes. Los escribas, llamados también rabinos, eran los maestros oficiales en el país y en la metrópoli de Jerusalén, pero también los jueces en los procesos menores de las comunidades rurales. Buscaban la justicia según la ley judía. Eso también lo hacían los fariseos, quienes sin ningún cargo oficial en el pueblo, tenían una gran influencia personal. Se calcula que eran unos seis mil. Querían observar la ley con especial celo y por esto eran adversarios de toda tibieza y mediocridad, radicales e inflexibles en las cuestiones religiosas. De alguna forma a Jesús se le pudo identificar con el grupo de los escribas, por comentar, contradecir o criticar la ley, por lo que también es llamado en los evangelios rabí y raboni. Así aparece cuando instruye a sus discípulos como un maestro ambulante. Los mismos discípulos debieron ser instruidos en su niñez por rabinos, y presenciarían en las calles y plazas el celoso comportamiento de los fariseos en lo que se refiere a la ley. Pero la justicia de los discípulos de Jesús debe distinguirse porque tiene como criterio último de aplicación y de interpretación de la ley la misericordia, algo que en sí excluye cualquier medida con el metro de la ley. Como lo aclara Pablo, es una ley inscrita en el corazón del creyente por el Espíritu y es la ley de la caridad. También en el evangelio de Juan aparece como la ley del amor. Es parte de lo que seguimos soñando.