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Pistas para la homilía

  •   Domingo Febrero 28 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

¿Somos higueras estériles? Llamado a la conversión

• Lecturas:
- Libro del Éxodo 3, 1-8. 13-15
- I Carta de san Pablo a los Corintios 10, 1-6. 10-12
- Lucas 13, 1-9

• El mensaje central de la Cuaresma es el llamado a la conversión. En su reciente viaje a Méjico, el Papa Francisco repitió insistentemente esta invitación. Francisco se presentó como peregrino de la misericordia. Él mismo escogió los lugares que quería visitar y las comunidades con las que quería encontrarse. No quería visitar el Méjico que disfrutan los turistas ni el rostro publicitario del país con sus mariachis, pirámides y tequila. Por el contrario, quería comunicarse con el Méjico de los excluidos: los indígenas, los jóvenes que no encuentran oportunidades, los migrantes, las mujeres atropelladas.

• En unas impactantes intervenciones y mostrándose como un comunicador excepcional, interpretó los dolores del pueblo mejicano, que son los mismos de millones de hermanos latinoamericanos, y les señaló el sendero de la esperanza. Denunció las consecuencias nefastas del uso indebido del poder político, la corrupción, el narcotráfico, la violencia ejercida contra las mujeres, la discriminación de los indígenas, la falta de oportunidades para los jóvenes que los obliga a emprender el camino de la migración forzada, las condiciones inhumanas en las cárceles.

• Las homilías y discursos del Papa Francisco han sido la palabra de un Pastor que, inspirado en los valores del Evangelio, llama a la conversión. Sus mensajes estuvieron cargados de esperanza. Anuncia al Dios de la misericordia. Siempre es posible cambiar, siempre es posible mejorar. Si queremos, podremos crear una sociedad más justa e incluyente. Ciertamente, después del viaje a Méjico del Papa Francisco, los excluidos se han sentido escuchados y comprendidos; seguramente, muchos dirigentes de los diversos colectivos de poder, se han sentido señalados por las denuncias del Papa. Su viaje como peregrino de la misericordia constituye un vigoroso mensaje de conversión en este tiempo de Cuaresma.

• Después de esta contextualización, vayamos a los textos que nos propone la liturgia de este III Domingo de Cuaresma. En su I Carta a los Corintios, san Pablo exhorta a los miembros de la comunidad a que no repitan las conductas negativas de sus mayores: “Todas estas cosas les sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros y fueron puestas en las Escrituras como advertencias para los que vivimos en los últimos tiempos”

• En este texto de san Pablo, es interesante la insistencia que hace en la memoria: “Hermanos: no quiero que olviden que en el desierto nuestros padres estuvieron todos bajo la nube”. San Pablo hace referencia a las experiencias de gracia y de pecado vividas por el pueblo de Israel. Este llamado a tener presente la memoria es de una gran sabiduría. Si los pueblos aprendieran de las experiencias históricas, no volvería a repetirse el horror de las guerras y de las exclusiones. S los individuos aprendiéramos de los errores propios y ajenos, nos ahorraríamos muchos sufrimientos. Pero todos, individuos y pueblos, padecemos amnesia y no incorporamos estos aprendizajes. En este texto que nos ocupa, el llamado a la conversión que hace san Pablo se fundamenta en la memoria.

• Pasemos ahora al Evangelio. El texto que nos propone el evangelista Lucas consta de dos partes: un diálogo que sostiene Jesús y una parábola, la de la higuera estéril. Dos momentos y un único tema, que es el llamado urgente a la conversión.

• En el diálogo que sostiene Jesús con unos interlocutores que no son identificados, habla de una decisión tomada por el gobernador Pilato, quien ordenó la muerte de unos galileos; y también Jesús menciona la muerte de 18 personas, que fueron aplastadas por la torre de Siloé. Jesús une estos dos episodios e interpela a sus interlocutores y, a través de ellos, a todo el pueblo de Israel: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”; y refiriéndose a las víctimas de la torre de Siloé, interpela a quienes lo escuchan: “¿Piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”. Este fuerte llamado la conversión, lo refuerza Jesús con la parábola de la higuera estéril.

• Las parábolas de Jesús son unas obras maestras de pedagogía; a través de imágenes muy simples, tomadas de la vida diaria del pueblo, arrojan luz sobre asuntos muy hondos del misterio de Dios y sobre la existencia humana.

• En esta parábola de la higuera, Jesús ilustra un tema enormemente complejo como es el sentido de la vida; dar frutos equivale a sentirnos realizados como seres humanos mediante el servicio a los hermanos; por el contario, una vida estéril es la que arrastran los egoístas que solo piensan en su provecho individual. No necesitamos evaluadores externos que nos hagan una medición que permita concluir si hemos vivido una vida fecunda o estéril. La conciencia, testigo insobornable, se encarga de formular este juicio, el cual muchas veces queremos silenciar atiborrándonos de mil actividades que no nos dan tiempo para pensar.

• El dueño de la higuera sabe que ésta lleva tres años sin dar frutos; a pesar de querer cortarla, cede a la petición de misericordia que le hace uno de sus empleados, y le da una última oportunidad: “Señor, déjala todavía este año, voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto”

• Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismo, hacer un balance de nuestros avances y retrocesos. Siguiendo la imagen de la parábola, aflojemos la tierra y abonemos nuestra vida interior.