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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 21 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

No era fácil ni en la mentalidad judía ni en la griega, para quienes el evangelio era escándalo y locura respectivamente, aceptar que la vida pública de Jesús fuera la revelación de Dios Padre. Para hacerlo más creíble, el evangelio ubica dos confesiones desde el cielo en el bautismo y en la transfiguración con contenido similar: «Este es mi Hijo a quien yo quero, mi predilecto». Pero tal confesión tiene en la transfiguración una elaboración más refinada, con entronque en personajes del Antiguo Testamento. Las otras confesiones de Jesús como hijo son las abusivas de los espíritus impuros criticadas por Jesús y la del centurión al pie de la cruz. También los adversarios de Jesús, como el "tentador" en el desierto, insisten en este título para provocar una manifestación mesiánica espectacular. Elías aparece junto a Moisés que en la literatura apocalíptica —no rabínica— como precursores del Mesías, personaje querido y esperado en el judaísmo. Pero igualmente a ambos les tocó sufrir debido a su misión por causa de la obstinación del pueblo. Elías se veía también como un “padeciente” por Yahvéh, pues su inaugurado profetismo le causa la persecución de Jezabel y el rey Acab, que lo obliga a huir al monte Carmelo. Es de notar que en el relato de Lucas y Mateo el rostro de Jesús cambia así como sus vestidos; en cambio Marcos no menciona el rostro. La vestidura blanca también es elemento recurrente en la literatura apocalíptica con el significado de pureza y perfección. El equivalente en Juan (quien no registra la transfiguración) es la gloria (doxa) de Jesús que lo acompaña siempre. En Pablo encontramos igual término 77 veces con el sentido de honor, fama, prestigio, honra, respetar, ensalzar, recibir gloria, dar gloria a Dios, para gloria de Dios. Pero en el caso de Jesús la glorificación (transfiguración) de Jesús no acontece a través de su mera entrada en el cielo, sino que se realiza al mismo tiempo a través de su pasión, de su muerte, de su resurrección, y, por último, a través del testimonio del espíritu. En los tres relatos se impone el silencio, que es parte de lo que en Marcos se llama el “secreto mesiánico”. Sólo quien comprenda la pasión puede darle sentido a la transfiguración como idea de base. Los discípulos no dan la noticia a nadie, de que han visto a Jesús como transfigurado, es decir, como con un cuerpo de resucitado. De ahí que algunos comentaristas postulen que el relato de la transfiguración es una prolepsis (adelanto) de un relato de resurrección que daría claridad sobre la pasión. La relación entre Jesús y Moisés es presentada de variadas formas en los evangelios. En Marcos, Moisés como legislador, da pistas para interpretar adecuadamente a Jesús; en Mateo un paralelo en sus biografías (amenaza de muerte, huida a Egipto, retorno a Palestina, ayuno en el desierto); Lucas vincula a Jesús y Moisés como profetas (elige 70 para darles poder; el que no escucha a Moisés tampoco a Jesús); en Juan Moisés ha sido superado por Jesús, pues quienes comieron su pan murieron y es Jesús quien puede dar vida eterna; en Pablo Moisés y Cristo se enfrentan antitéticamente. Moisés proporciona la letra de la ley mientras Jesús da el espíritu; quien lee a Moisés se cubre con un manto, pero el creyente ve con la cara descubierta y es en éste en quien se debe dar la transfiguración. En la transfiguración (en Lucas) Jesús, Moisés y Elías hablan del éxodo (partida) que tendría lugar en Jerusalén. Las dos grandes figuras del Antiguo Testamento brillan en el resplandor de la gloria de Dios, pero ambos tuvieron que pasar antes por el sufrimiento. Jesús cumpliría el tercer y definitivo éxodo después del de Egipto y el de Babilonia, hacia la libertad plena del “reinado” (no de un reino) siendo Jesús el guía y pastor. Lo llevaría a la Jerusalén celestial. La palabra usada en el relato lo es también por Pablo para explicar el proceso del creyente. «Y nosotros todos, con el rostro descubierto, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, su imagen misma, nos vamos transfigurando de gloria en gloria como por la acción del Señor, que es Espíritu» (2 Co 3:18). La nube, como elemento de la teofanía en el Sinaí aparece en la transfiguración como revelación definitiva de Dios pero esta vez en la pasión. La nube oculta y revela como sucede con la ambigüedad de todos los signos; sólo la fe logra captar el sentido. En la encarnación aparece igualmente: «El Espíritu santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra» lo que da lógica a la conocida frase de Agustín: «María concibió en su corazón antes que en su vientre». Desde el siglo IV se ha considerado el monte Tabor como el lugar tradicional del relato de la transfiguración, especialmente por influjo de la iglesia Ortodoxa, pero como está a unos 70 kilómetros de Cesaréa de Filipo, parece una ubicación improbable; además de que en su cima había una base militar romana. Si la ubicación geográfica es creíble, puede tratarse mejor del monte Hermón que con su altitud de 2.814 metros sobre el nivel del mar, podía considerarse una “montaña encumbrada” como dice Mateo. También llama este incidente “visión” «No digáis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos» (Mt 17:9). No implica irrealidad, como si los observadores fueran objeto de una ilusión. Tampoco fueron insensibles a lo que ocurría, pues estaban despiertos cuando presenciaron la transfiguración. La comprensión de Pedro, Santiago y Juan es ambigua pues mientras descendían de la montaña, hablaban entre sí acerca de lo que quería decir “esto de levantarse de entre los muertos”. La transfiguración tendría como propósito fortalecer a Jesús para sus sufrimientos con lo que adquiriría el cariz de una oración dramatizada, pues la montaña se asociaba a la oración desde la tradición de Moisés, y al mismo tiempo fortalecer y alentar la fe de los tres discípulos más cercanos a Jesús en los sinópticos. Los tres discípulos a los que toma consigo habían sido también testigos de la resurrección de la hija de Jairo. También serán testigos de su agonía en el huerto de los Olivos. En el evangelio de Juan es Andrés uno de los destacados. Antes de recibir de Pedro la confesión de Mesías y antes de comenzar la revelación de su pasión y muerte, había orado Jesús en la soledad. Ahora va a hacerse visible aquello de lo que ha hablado. Mostraría que la subida a Jerusalén (con su fatal resultado) tenía la aprobación de Dios y fue una vista por anticipado de su gloria y poder de la resurrección. Esta es la que nos puede transfigurar a nosotros.

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1 Según la tradición judía Elías y Henoc fueron arrebatados al cielo, pero también existían leyendas de que Moisés no habría muerto sino igualmente arrebatado como la forma digna para el fin de un gran líder de Israel.
2 El marfil se asocia con la pureza, el trébol blanco con la Trinidad, el elefante blanco con Buda, los escaques blancos del ajedrez con el bien, los trajes de novia, los fantasmas, la bandera blanca de la paz, se asocia al sacerdocio, el bautismo y la primera comunión.
3 (metamorfoo) transformar, transformarse, transfigurarse, es la misma palabra para metamorfosis usada en biología.