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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 23 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

La presentación que hacen los evangelios de los fariseos nos deja un sabor amargo, pues es predominantemente negativa. Sin embargo, corresponde a la descripción de dicho grupo en la época de crecimiento de la primitiva iglesia cuando era la “competencia” de los creyentes. Así que tiene algo de “chivo expiatorio” y caricatura como hicieron de muchos “herejes” los apologistas. Los fariseos eran el grupo más afín a los cristianos, por su creencia en la resurrección (a su modo), respeto al libre albedrío, su apego a la totalidad de las Escrituras, respeto por la ley (Torah), sus prácticas devocionales (ayuno, oración y limosna), su inquietud intelectual y su vida regulada. La imagen más acertada es la que obtenemos a través de Pablo quien hace estribar la diferencia entre cristianos y fariseos en el modo de salvación: por la ley (fariseos) y por la gracia (cristianos). El fariseísmo en este sentido sería el culmen de lo que puede alcanzar una “religión” entendida como esfuerzo humano por allegarse a Dios. El cristianismo sería el esfuerzo de Dios por allegarse al hombre, por lo que el apelativo “religión” no le calza bien. A lo largo de la historia muchos movimientos llamados cristianos están más cerca del fariseísmo como ley que del cristianismo como gracia. Para muchos comentaristas las diatribas de Jesús con los fariseos no reflejan tanto la actitud de Jesús mismo sino los problemas de la comunidad. Así, los textos relativos a los fariseos debemos leerlos más como escritos para un examen de consciencia que para directrices de comportamiento. Recordemos como antes del Vaticano II se oraba por “los pérfidos judíos”, fórmula poco concorde con el evangelio. Hoy se ora a un Dios que «ni aun a los judíos excluyes de tu misericordia». En el evangelio de hoy se empieza paradójicamente alabando las enseñanzas de Moisés y quienes lo suceden en su cátedra y haciendo la diferencia entre enseñanza y práctica, concordancia que ninguna religión ha logrado y exige revisión y corrección permanente. Llamar esta diferencia hipocresía (quien más usa esta palabra es Mateo) es mirar negativamente el posible aporte del desfase; mejor llamarla desafío. Se extraña en el texto los temas medulares del evangelio como amor, bendición, cuidado, compasión, oración por el enemigo. No aparecen aquí las quejas que los fariseos pudieran tener contra los cristianos. Probablemente los veían como amenaza para el convaleciente judaísmo luego de la destrucción de Jerusalén y el Templo . En cuanto a las prácticas fariseas la crítica (que bien podemos aplicarnos los cristianos) se centran en el deseo de que las «obras las hacen para ser vistos de los hombres» mientras en el mismo evangelio, aludiendo a los discípulos como sal y luz del mundo, Jesús les recomienda: «Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos». De tal manera que las obras mismas no son el problema sino la intención última. Leon Tolstoy llegó a decir que las oraciones públicas de la Iglesia estaban prohibidas por Jesús (entra en tu aposento para orar…). No llamar padre ni rabí a nadie en la tierra porque únicamente Dios es padre y maestro, es un buen llamado de atención a quien ostenta tales cargos, si los pone al servicio de los demás o a su propia vanagloria. Además una crítica al patriarcalismo que no conocía mujeres rabí. Pero tales títulos tienen una larga tradición en todas las religiones hasta hoy no exento de buenas razones. Una cosa es el Espíritu que a todos enseña y otra el aprendizaje que transmite la cultura en todos los campos. Mirar las costumbres religiosas señaladas de los fariseos en este evangelio, contra las que se lanzan las quejas (¡ayes! que se contraponen a las bienaventuranzas) puede bien ayudarnos a revisar las nuestras. Con una imagen gráfica se muestra que se puede oprimir a los demás con exigencias de la ley, sin vivir previamente lo que se exige. Como quien carga los hombros de los coteros y no hacen nada pudiendo aligerar sus cargas. En la ley moral el aligeramiento se llama epiqueia en Occidente y “economía de la compasión” en Oriente. En los debates suscitados por el jansenismo, reapareció esta diferencia entre el tuciorismo y la casuística. La siguiente acusación alude como motivación de los fariseos para sus obras de piedad, el ser vistas por los hombres, convirtiendo sus obras en fingidas. La razón es que Dios conoce lo oculto («tu Padre, que ve en lo escondido, te dará la recompensa», Mt 6:18) enseñanza de la cual no se sigue la consecuencia del evangelio de hoy. Que Dios vea en lo escondido es independiente de que la obra se haga o no a luz del día. Los ejemplos que enumera el evangelio tampoco aclaran demasiado el sentido, pues no ataca que los judíos usen sus filacterias ni las fimbrias de los mantos sino que las excedan en su tamaño, haciéndolas más vistosas. Quienes hoy usan muchos símbolos religiosos, a menudo ciertamente exagerados en su tamaño, seguramente no sienten que esta crítica se les aplique, ni los vistosos monumentos religiosos públicos en cerros, plazas y parques. Lo que el evangelio puede decirnos es que podríamos prescindir de ellos conservando la intención que tuvieron. La simbología cristiana tiene un desarrollo tardío y muy discreto en sus comienzos hasta Constantino. La simbología judía es temprana y conservada hasta hoy. Las filacterias (tefillim en hebreo) son cajitas en cuero usadas por los varones adultos en la oración atadas con correas negras al brazo izquierdo y en la frente. Contienen cuatro pasajes de las Escrituras (dos del Exodo y dos del Deuteronomio). Su objeto es dirigir los pensamientos a Dios y a las enseñanzas de los cuatro pasajes, recordándoles que las Escrituras deben estudiarse día y noche. Deben provocar humildad y temor de Dios, evitar palabras vanas y pensamientos malvados. En el judaísmo contemporáneo lo usan también algunas mujeres. Los flecos del manto o fimbrias (tsitsit en hebreo) surgen del libro de los Números y son cuatro, una en cada costado del manto V(tallit en hebreo)// para no extraviarse en el mundo y mantener la santidad y dignidad de Israel. No debe tener menos de 28 centímetros. Es muy probable que los cristianos ya rehusaran usar estos elementos y buscan justificarlos con enseñanzas directas de Jesús. Finalmente alude el evangelio a ocupar los primeros puestos en banquetes y sinagogas, lo cual concuerda con la enseñanza general del evangelio de ser los últimos. Pero normas de etiquete tienen todas las culturas en este sentido. El Mahatma Gandhi solía decir que el evangelio lo entusiasmaba tanto como lo decepcionaba el actuar de los cristianos. La crítica al fariseísmo vale para todas las religiones e ideologías, para su examen de conciencia.

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1 (hypocrites) adivino, profeta; intérprete, actor, comediante; hipócrita.
2 La primitiva comunidad cristiana se caracterizaba por no tener apego a lugares, lenguas, nacionalidades ni costumbres ancestrales, algo esencial en el judaísmo. Desde entonces la patria del judío la lleva en su corazón.
3 Del latín tutior (más seguro) afirmaba que la ley moral más obligante era la moralmente aceptable y que la sola presunción de la existencia de la ley moral obligaba al creyente. La casuística consideraba tiempos, lugares y personas.