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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 24 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Una de las tendencias más fuertes del ser humano, por ser limitado o creatura, es la ambición de poder. Ya desde el Génesis se declara al hombre como el que «somete la tierra» (Gn 1:28) que se entendió como un campo ilimitado de poder, hoy desmentido por la crisis ecológica. En los evangelios no hay ningún mecanismo para erradicar el poder porque sería desintegrar al ser humano; pero si ofrecen un antídoto para limitar su desenfreno y es el servicio. La frase de Pablo: «No hay autoridad que no venga de Dios» (Rm 13:1) fue interpretada a menudo como legitimadora de poderes oscuros en todos los órdenes. Aunque no cabe aquí un análisis detallado del sentido en Pablo, no riñe con el servicio como criterio de legitimidad del poder. Jesús venía de anunciar su pasión en Jerusalén por tercera vez y la madre de los hijos de Zebedeo (Juan y Santiago) la ve como la posibilidad de que sus hijos adquieran poder. En Marcos son directamente Juan y Santiago los que ambicionan puestos. Pero la copa que menciona Jesús es el sufrimiento y no la libación. Si el reinado de los cielos tiene una jerarquía, no es otra que la que da el servicio, no el poder. Serán dos ladrones los que ocupen puestos a la derecha e izquierda en la crucifixión. Santiago (intendente de la iglesia en Jerusalén) morirá decapitado por Herodes. Los honores, como los juicios, en las parábolas son reservados al Padre en palabras de Jesús. No muestran estos discípulos interés por lo que pueda suceder a su maestro y sí, en cambio, por su posición en un futuro reino. Estos discípulos también harán una petición inadecuada cuando pidan fuego del cielo para los pueblos inhospitalarios de Samaría. Pero el reinado de los cielos no va a consistir en dominar a otros ni les va a reportar la categoría y el prestigio que esperan, pues no imita las estructuras imperiales ni los modelos sociales vigentes. A Jerusalén le tocó beber el cáliz al ser expugnada por Babilonia; a su vez lo experimentó Babilonia y nuevamente Jerusalén por las armas de griegos y romanos. El poder no puede mantenerse eternamente por la fuerza. Juan y Santiago afirman que pueden beber el cáliz, sin percatarse que el reinado es de Dios y no de ellos. Pero Santiago y Juan con su ambición crean malestar en el grupo: «Cuando los otros diez oyeron esto se indignaron con los dos hermanos», algo que la historia confirma con todos los poderes que se consiguen a costa de arrebatar o negar poder a otros. Jesús termina de desengañarlos respecto al tipo del reinado de los cielos, pues se configura como una comunidad de servidores (esclavos) sin la contraparte del amo. Gregorio el Grande, primer papa de la Edad Media, acuñó para su pontificado el título de Servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios) que es una buena síntesis de lo enseñado en este evangelio. Pablo también interpretará la actitud del creyente como siervo (esclavo) de un único Señor (Kyrios). La comparación con los reinos de este mundo, sigue teniendo bastante vigencia: «Los gobernantes de los pueblos señorean sobre ellos y los grandes los someten a su poder». El poder, sea desde el punto de vista militar, político, económico, social e incluso religioso, terminan usando en beneficio propio y contra las mayoría desfavorecidas. Los dos verbos utilizados para dichos poderes repiten el del Génesis (kyrios) y el de la autoridad en Pablo (ousia) que son predicados de Jesús. Atribuidos a sí mismo son usurpación humana. Los gobernantes y los grandes ejercen la autoridad y el gobierno que pertenece a Dios. En célebre frase de León Tolstoy «solamente quien tiene fe puede ser realmente un disidente» pues no sacraliza ningún poder terrenal por legítimo que se crea. El gobierno imperial en la época de Jesús comete un acto de soberbia al traspasar todos los límites y atribuirse la autoridad y el gobierno de Dios. Por otro lado obstaculiza los planes del reinado de los cielos trayendo pobreza, opresión y negación de derechos (poder) a los hijos de Dios. Los discípulos son llamados a buscar un nuevo orden, que en vez de someter a otros a su poder destructivo, como hacen los grandes (Sanedrín y Roma) con el mismo Jesús: ser grandes por la humildad . «No ha de ser así entre vosotros» es la invitación a no resignarse al dominio de entonces ni a su estilo de vida. El modelo escogido por Jesús para la comparación, puede resultarnos chocante por la lamentable historia de amos y esclavos en la humanidad. La esclavización de una raza en la que entraron por igual musulmanes, protestantes y católicos es un lunar en la historia de estas religiones. Aristóteles ponía la relación amo y esclavo como la tercera fundamental en el funcionamiento social, luego de la de marido y mujer, padre e hijo. El esclavo vive sometido, depende de su amo de quien es propiedad; no decide por sí mismo, se halla a merced del dueño y le debe obediencia. El esclavo era un marginal, físicamente vivo pero socialmente muerto . En la época de Jesús se consideraba como cosa normal la esclavitud. Pero mirando la expresión de Jesús desde otra perspectiva, podemos percibir el deseo de igualdad (desaparición de los amos) en vez de jerarquía; el sometimiento de todos es a Dios y no al domino de otro, y todos esperan la manumisión en el futuro (escatología). Todos esclavos de quien es «Señor de cielo y tierra» (Mt 11:25) para ser libres frente a cualquier señor de esta tierra. Jesús se auto define con esta posición, pues «no ha venido a ser servido sino a servir» como en la anunciación se auto define María como «sierva del Señor». El cristianismo subvertía la escala de valores, aunque su efecto no fue inmediato y aún queda camino por recorrer. Jesús llega hasta el final pues entrega su vida «en rescate por muchos» que es un lenguaje propio de la manumisión del esclavo. Pero el rescate (lytrosis) no es para convertir al esclavo en amo sino para que sea esclavo (servidor) con plena consciencia y libertad. Era lo que buscaba la liberación de la esclavitud en Egipto, que no se hace con pago de rescate sino con la conducción del pueblo a la libertad. Ni aquí ni en Pablo hay indicios de se pague un precio a Dios o al diablo, como luego argumentaron teólogos medievales. Así se auto definió Pedro Claver como “esclavo de los esclavos” en bien de los esclavos. Jesús da su vida voluntaria y libremente y su muerte no termina siendo ninguna victoria de la élite religiosa y política. Hace con su vida lo que quiere que se animen a hacer sus discípulos; «por muchos» que en el contexto significa la multitud y todos en el lenguaje de Pablo: «Quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2:4).

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1 (katakyreusate) que también ha tenido otras buenas traducciones como mayordomía, administración, cuidado.
2 (exousia) poder, derecho, facultad, posibilidad, libertad, licencia, desenfreno, arbitrariedad, potestad, magistratura.
3 Aceptar auto limitarse a sí mismo por el bien del otro: compartir cuando se tiene, servir cuando se puede, enseñar cuando se sabe.
4 Cuando Constantino decreta el descanso dominical, excluye a los esclavos y en debates sobre la esclavitud se llegó a debatir sí tenían alma.