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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 26 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

La más primitiva confesión de fe del pueblo judío está asociada con los productos de la tierra prometida. «Tomarás las primicias de todos los productos del suelo… y dirás: Mi padre era un arameo errante…» (Dt 26:25-27). Pero no solo los productos para la subsistencia sino también los supererogatorios para la alegría que empezaría con Noé, su viña y su embriaguez. Igualmente se dice que Melquisedec, rey de Salem, sacó “pan y vino” para celebrar el pacto con Abrahán. En la plagas de Egipto hay referencia al granizo que destruye los viñedos del faraón. En los profetas la imagen de la cepa, la viña, la plantación expresan el derecho de Yahvéh sobre la tierra, pues la tierra siempre fue de Yahvéh, quien la prestaba a todo el pueblo . La imagen de la viña queda consagrada en la parábola del “canto de la viña” del profeta Isaías. La relación de Dios con Israel se expresó en multitud de imágenes: Dios es padre (Israel el hijo), rey (Israel el pueblo con un rey justo), salvador (de la esclavitud de Egipto y el destierro en Babilonia), pastor (Israel el rebaño que es conducido a buenos pastos), refugio (frente el descarrío de los pueblos vecinos), consolador (de los atribulados en Babilonia), rocío (como el que refresca el monte Hermón); Israel es consiguientemente: hijo, novia, esposa, propiedad, viña, cepa. Estas características se fijan en una relación de colaboración de manera que Yahvéh existe para el pueblo y éste existe para Yahvéh; no es posible concebirlos separados. Varias parábolas del reinado de Dios tiene que ver con viñas, como los dos hijos enviados (el que dice sí y el que dice no), los viñadores perversos en varias versiones, el dueño que arrienda su viña, los llamados a diferentes horas a trabajar en la viña, la poda de la viña, vid y sarmientos, además de las comparaciones con vid, vino, cáliz, fruto de la vid que tienen una relación directa. Se dice que en el primer Templo —destruido por Nabucodonosor— había una parra de oro como símbolo de Israel. La ley mosaica permitía que un caminante comiese de la vid hasta quedar satisfecho, pero no podía llevarse nada en un receptáculo, puesto que esto se consideraría robo. Según la ley mosaica, no se podían plantar otras semillas diferentes a la uva en una viña, aunque podían plantarse árboles, como la higuera. La vendimia era una temporada de canto y de alegría. También era un tiempo gozoso para los pobres y los residentes forasteros de la tierra, a quienes se permitía rebuscar las viñas después de la cosecha general. La parábola de los viñadores homicidas es de extrema crueldad pero en el contexto social de la época en que los dueños (adueñados) de las tierras vivían lejos, en muchos casos incluso fuera del país, sucedían historias parecidas, en las que los arrendatarios desconocían a los cobradores y hasta podían matarlos, con el fin de quedarse con la tierra. Los personajes centrales de la parábola son los arrendatarios, que quieren apoderarse de la viña por todos los medios, en una escalada de violencia. Apalean y despiden a los diferentes servidores enviados por el dueño. Finalmente acaban con el hijo: «Este es el heredero: lo matamos y será nuestra la herencia. Lo empujaron fuera de la viña y lo mataron». Vista como una parábola de legitimación de la propiedad es errar en su punto de contacto que es la violencia como mecanismo. En el relato de Caín y Abel, que es uno de los relatos (junto con la caída de Adán y el diluvio de Noé) de origen del mal, éste aparece como violencia contra el hermano. En la parábola son los oyentes los que ven como lógico que el comportamiento futuro del dueño de la viña: «Exterminará a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen a su tiempo los frutos correspondientes». Tampoco era extraño que procedieran así los dueños, pero sería inadmisible que fuera pensable para Jesús. La parábola es pues un llamamiento de Jesús (el narrador) a sus contemporáneos para que no lleguen tan lejos como llegaron los viñadores. En la versión de Lucas los oyentes indignados son los letrados y los sumos sacerdotes como viñadores (no propietarios que han convertido el santuario en cueva de ladrones) de Israel. Esta parábola pretende ser un espejo en el que los dirigentes judíos se vean reflejados y actuando como dueños absolutos del pueblo y no como sus servidores traman eliminar a Jesús, «el hijo querido» según el testimonio en el bautismo. En la lectura alegorizada de los cristianos, esta parábola es la historia de salvación dentro de la que se dio muerte a los profetas. Según el libro de las Crónicas, el profeta Zacarías fue apedreado en el patio del Templo por mandato de Joás cuando él le anunció el castigo de Yavé a los habitantes de Jerusalén. También en la carta a los hebreos se menciona la lapidación como destino de los profetas. Jeremías murió lapidado en Egipto, luego de ser desterrado. También Jesús morirá pero no exactamente con la muerte de un profeta sino como anticipo de su resurrección. Muere más como grano de trigo que da fruto, como pastor que da la vida por sus ovejas, como quien no tiene más amor que dar la vida; no para legar un viñedo que nunca consideró suyo sino del Padre. Su reino no tenía que ver con tierras, ni con plantaciones, ni con pueblos, ni con razas, ni con género, ni con amos, ni con esclavos, sino con la humanidad toda. La cosecha siempre le perteneció al padre como en la parábola del trigo y la cizaña. Así, la parábola original de Jesús permite aplicarse a diferentes grupos o persona: Marcos da como destinatarios de la parábola a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos; Mateo, a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, o a los jefes de los sacerdotes y a los fariseos; Lucas al pueblo o a los escribas y jefes de los sacerdotes. Todos tenemos la tentación de la violencia en diferentes expresiones. La parábola, como muerte de Jesús, encuentra algunos escollos, pues en Marcos el hijo es asesinado dentro de la viña y solo después es arrojado el cadáver fuera de la viña. Los viñadores profanan todavía el cadáver, ya que lo arrojan por encima del muro y niegan la sepultura al asesinado, algo recriminable en la cultura judía. Muy diferentes es la muerte de Jesús y su sepultura. En Mateo y Lucas, al revés, el hijo es primero expulsado de la viña y luego muerto fuera de la misma —quizás una alusión a la muerte de Jesús fuera de la ciudad. Tampoco puede leerse como la substitución de Israel. Mateo insinúa la disolución del pueblo de Dios del Antiguo Testamento y su suplantación por el pueblo nuevo del Mesías. La comunidad a la que se dirige este evangelio de Mateo no vivía ya dentro del marco del judaísmo por lo cual la relación de Israel con la Iglesia estaba en la primera línea de sus intereses. Pero como dice Pablo, y lo entiende hoy el Vaticano II, Israel sigue siendo el pueblo de la promesa. El verdadero pueblo de Dios no es ni Israel ni la Iglesia sino la humanidad toda. Dentro de ella la Iglesia ha de ser sacramento de salvación y no arca de Noé. La viña hoy es la casa común, como lo expresa la encíclica Laudato si´. La salvación, para ser tal, ha de abarcar a toda la humanidad. La viña es el mundo.

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1 Filosóficamente el concepto de propiedad privada no se deriva de la Biblia sino de otras fuentes como Rousseau, Proudhom, Locke, Hegel, Aristóteles.