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Pistas para la homilía

  •   Domingo Marzo 06 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

El nombre de Dios es Misericordia

• Lecturas:

- Libro de Josué 5, 9ª. 10-12
- II Carta de san Pablo a los Corintios 5, 17-21
- Lucas 15, 1-3. 11-32

• Uno de los capítulos más vergonzosos que registra la historia humana es la violencia ejercida en nombre de Dios. Es aterrador que, en nombre del Dios de la Vida, se torture, se asesine, se obligue a miles de seres humanos a dejar sus hogares. Por eso la Iglesia ha reconocido con humildad que se equivocó con la Inquisición. Igualmente, ha revisado la motivación que tuvo para emprender las Cruzadas, las cuales engendraron hondos resentimientos cuyos efectos llegan hasta nuestros días. Estos son dos ejemplos, entre muchos, para ilustrar el absurdo que significa ejercer la violencia en nombre de Dios.

• Actualmente, el mundo contempla horrorizado la violencia desencadenada por el llamado Estado Islámico o Isis, que es un demencial proyecto político – religioso que está causando genocidios y que obliga a la migración forzada de millones de personas y que se ha ensañado contra monumentos milenarios que son patrimonio cultural de la humanidad.

• ¿A qué viene esta introducción sobre la violencia ejercida, en diversos momentos de la historia, en nombre del Dios de la Vida? Estas consideraciones nos sirven para contextualizar la liturgia de este domingo, que tiene como centro la parábola del hijo pródigo. En ella se nos revela Dios como padre amoroso, dispuesto a perdonar los extravíos de sus hijos. Esta parábola es el trasfondo de un mensaje que el Papa Francisco repite incansablemente: El nombre de Dios es Misericordia.

• Al leer atentamente este texto, descubrimos tres elementos: su valor literario, su mensaje sobre Dios como padre misericordioso, y su mensaje social que nos motiva a construir un tejido social inspirado en la reconciliación y el perdón.

• Este sencillo relato es una joya literaria. Su principal valor consiste en la caracterización de los tres personajes:

- Es muy interesante la forma como el evangelista nos presenta la historia de este joven rebelde que quiere liberarse de la tutela paterna y vivir su autonomía. Después de la euforia por la recién estrenada libertad, se choca con la realidad. El sufrimiento lo lleva a reflexionar y así recompone su proyecto. Para poder empezar a escribir un nuevo capítulo de su vida, debe reconocer los errores y regresar a casa.

- Es enternecedora la imagen del padre de la parábola, que ha respetado la libre decisión de su hijo. Todos los días sale a esperar su regreso. Su amor de padre está por encima de los resentimientos; cuando el hijo regresa, no le lee un pliego de cargos, sino que lo abraza y lo besa.

- En este breve relato, el evangelista nos describe con precisión los sentimientos de envidia que envenenan al hermano mayor que es incapaz de alegrarse, de acoger y de mirar hacia adelante.

• Después de estas reflexiones sobre la parábola como texto literario, vayamos a su riquísimo mensaje teológico. Jesucristo es la plenitud de la revelación. El Hijo Eterno de Dios encarnado nos dice cómo es Dios en su misterio más profundo. Esta parábola nos descubre a Dios como padre amoroso que comprende nuestras debilidades y que está con los brazos abiertos para acogernos.

• Esta parábola debería cambiar la perspectiva de quienes, por motivos diversos, han elaborado una visión negativa de Dios considerándolo como un justiciero implacable que vive a la caza de los errores humanos para castigarlos. Hay personas que se sienten compitiendo con Dios como si Él fuera un rival que se opone al crecimiento y realización de los seres humanos. ¿Qué mayor alegría puede sentir un padre que ver el progreso de sus hijos? Esta parábola nos enseña que Dios no es un rival con el cual debemos enfrentarnos, sino el socio perfecto para adelantar nuestros proyectos.

• Esta parábola del hijo pródigo, que tiene un final feliz, debería sacudir el mundo interior de tantas personas cuyas mentes y corazones están plagados de desapacibles fantasmas de sentimientos de culpa, agravios acumulados, errores no reconocidos. Esta parábola es una potente medicina para la sanación interior.

Finalmente, esta parábola debe ser motivo de reflexión por parte de la sociedad colombiana. Estamos muy polarizados frente a las conversaciones de La Habana. No reaccionemos como el hermano mayor que siente rabia ante el hermano extraviado que regresa a casa. Invito, pues, a que abramos las puertas de la sociedad civil a quienes sinceramente deseen reintegrarse a la vida ciudadana y quieran apostarle a una manera civilizada de hacer política. Eso sí, ¡no debemos ser ingenuos! El regreso a la casa paterna debe estar acompañado de gestos auténticos de verdad, justicia y reparación.