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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Marzo 04 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Según el Talmud, el número de los mandamientos es de 613, divididos entre 248 positivos (algo para hacer) y 365 negativos (algo para evitar). Ya los judíos entendían que era físicamente imposible cumplirlos todos. Consideraban que los gentiles estaban obligados por los siete mandamientos de la ley de Noé . Algunos consideraban que los 613 preceptos eran los deberes de los miembros pero no consideraban los deberes del corazón. Los diez mandamientos (decálogo) serían la fuente de los 613 mandatos. El decálogo, o pacto del Sinaí, tendría una parte comunicada a todo el pueblo y otra en privado a Moisés, acompañada de truenos, nubes, fuego, relámpagos, sonido de cuernos, según el Exodo. Contienen dos tipos de leyes religiosas: obligaciones personales hacia Dios y obligaciones con el prójimo. Igualmente están concebidos como positivos (hacer algo) y negativos (evitar algo). Según el Deuteronomio, todo el decálogo fue comunicado en privado a Moisés por el temor del pueblo de enfrentarse a Yahvéh. Habría sido escrito dos veces en tablas, luego que Moisés destruyó las primeras con ira por la idolatría del pueblo (becerro de oro). Se depositaron en el Arca de la Alianza, para la cual se construye el Templo y desaparece con la invasión de Nabucodonosor. Cuando se enumeran en la sinagoga los judíos se ponían de pie, pero en ningún momento se suponía que el decálogo suprimiera los 613 preceptos. Para algunos rabinos el decálogo existía antes de la creación del universo; que Yahvéh los ofreció a todos los pueblos, pero solamente los judíos los aceptaron. Jesús no entra en la casuística rabínica del contenido de los preceptos o de su clasificación en mandamientos menores que pueden descuidarse y el mandamiento mayor, sino en el objetivo último de todos ellos. Tanto Jesús como el escriba lo llaman protos que también tiene el sentido de “más noble”, y se rehúsa a separar el amor a Dios del amor al prójimo. Su significado en la forma más plena será la auto donación amorosa de Jesús a todo la humanidad, que al no deducirse de la maraña de preceptos judíos se va a llamar “mandamiento nuevo” en Juan. En la mentalidad rabínica la ley era el instrumento más perfecto dado por Dios para vencer los malos instintos, pero Pablo desarrolla un tesis totalmente contraria en la carta a los romanos, pues es el Espíritu (del Resucitado) la fuerza que puede lograrlo. Esto quiere decir que el hombre no es capaz por sí mismo de controlar y liberarse del mal ni de la muerte espiritual, y en consecuencia no puede justificarse por sí mismo, ni por el arrepentimiento de sus pecados pasados, ni por los diversos ritos de expiación del judaísmo, ni por fabricarse una auto justicia a base de cumplimiento de mandamientos. En el mejor de los casos, los mandamientos (si se cumplieran) producirían “buenos ciudadanos” pero Jesús espera que sus seguidores vayan más allá de la ley de los escribas y fariseos. Sin el amor que el Espíritu derrama en los corazones, los mandamientos pueden convertirse en letra muerta e incluso en “letra que mata”. De ahí que el sacramento de la reconciliación o conversión cristiana es un proceso de identidad con el crucificado, no con los mandamientos, sino con la entrega en bien del otro. El sacramento celebra el proceso de conversión. En el judaísmo la idea de Dios creador era igual a la de juez y éste juzgaba de acuerdo a los mandamientos; de manera similar sucedía con los profetas. Una idea de Dios que no dejaba nada impune. El pensamiento en el Nuevo Testamento es bien distinto, de manera que Jesús alude al comportamiento frente a los demás, como en el caso del joven rico, o en el juicio universal o de las naciones en Mateo: «Tuve hambre y me diste…». El decálogo no es una ley sino un espíritu. Así, tenemos pasajes como “oíste que se dijo no matarás” pero yo les digo que “quien odia a su hermano…” Cuando el creyente se examina con base en el decálogo fácilmente se justifica. El problema del mandamiento compendio de todos interesaba muy particularmente al judaísmo, consciente de la imposibilidad de cumplir toda la ley, pues la Torah, como la sharia de los musulmanes, era ley religiosa y civil. Luego del destierro no era posible su implementación civil, que estaba en manos de los romanos para la época, pero sí como ideal de perfección. Sin embargo, el ideal cristiano está en Lucas formulado de una manera diferente: «Sed misericordiosos, como misericordioso es vuestro Padre» (Lc 6:36). El popular rabino Hilel , resumió su respuesta a la pregunta que le hicieron a Jesús: «Lo que a ti te resulta molesto, no se lo hagas tú al prójimo; ahí está toda la ley, todo lo demás es interpretación», lo cual es al menos un buen indicio de no desear males a los demás. Pero Jesús esperaba más que una simple regla de oro negativa. Así aparece formulada en labios de Jesús: «Por eso, todo cuanto deseéis que os hagan los hombres, hacedlo igualmente vosotros con ellos. Porque ésta es la ley y los profetas» (Mt 7:12). No se trataría pues de evitar hacer el mal (sentido negativo) sino de hacer el bien a los demás (sentido positivo). La respuesta de Jesús en el evangelio de hoy, está formada por citas bíblicas que en el Pentateuco aparecen separadas. La primera es el comienzo del shema (¡escucha!), así llamado por la primera palabra en el Deuteronomio. El shema había pasado a ser la profesión de fe judía, que se recitaba cada día mañana y tarde, ya en tiempos de Jesús. Era una confesión de fe monoteísta en un Dios que había que amar con todo el corazón y con toda el alma. Como la palabra hebrea correspondiente a «alma» puede también significar «vida», se incluyó hasta la exigencia de dar la vida por Dios. «Con todas tus fuerzas» se aplicaba corrientemente a la hacienda, a las posesiones materiales. Jesús sigue la tradición judía y califica el mandamiento del amor a Dios como el «primero»; pero lo une inmediatamente, con segundo, el amor al prójimo, según el libro del Levítico. Por la parábola del buen Samaritano sabemos que el «prójimo» era el compañero de religión, aunque también el extranjero que tenía su residencia en la tierra de Israel aunque solía limitarse el extranjero prosélito. El buen Samaritano muestra el derrotero cristiano: hacer del necesitado (cualquier hombre) un prójimo y del prójimo un hermano. El prójimo no existe por sí mismo sino porque la generosidad del creyente lo hace tal. En el amor al prójimo es donde el amor de Dios tiene su campo de operaciones y donde consigue mantenerse. Este amor está por encima de todos los holocaustos y sacrificios.


1 Basados en el Génesis, consistían en prohibiciones contra la blasfemia, la idolatría, la inmoralidad sexual (incluyendo homosexualidad), homicidio Incluyendo aborto), robo, ingerir presas de animales vivos, y necesidad de administrar justicia. Su violación incluía la pena de muerte.
2 El primero; el principal, el mejor, el más noble, el más distinguido, el más excelente, el más alto.