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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Marzo 08 de 2016
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

El relato del evangelio de hoy tiene lugar en un sitio significativo. Las excavaciones arqueológicas en Jerusalén, en la piscina probática (de Betzata, Betesda, Betsaida, probática o de las ovejas) han sacado a la luz un lugar de curaciones con cinco pórticos, dos baños y unas pequeñas salas. El nombre de probática viene del griego y significa oveja. Precisamente el evangelio de Juan enfatiza la figura del pastor que da la vida por las ovejas. Así, se sugería que busca en la “piscina de la ovejas” a la perdida. Técnicamente sería una piscina donde se podía abrevar la sed de las ovejas. Probablemente estaba ya en actividad en tiempos de Jesús. Había una multitud de enfermos esperando la curación. Curar a un hombre en aquel lugar y de la forma que lo hace, era un desafío, como quien da unas lecciones de austeridad y pobreza en el corazón de Wall Street (centro bursátil mundial en New York). Dada la multitud de enfermos ciegos, cojos paralíticos y que según la creencia solamente el primero que entrara en la remoción anual del agua quedaba curado, podemos imaginarnos la desventaja en la que entraba el paralítico . Los textos judíos no hablan de que un ángel removiera el agua, lo que debe corresponder a leyendas y tradiciones populares. La piscina probática constaba de dos estanques, uno al norte y otro al sur, unidos entre sí por unos conductos, de manera que el agua podía fluir del estanque del norte al del sur, y desde éste al valle del Cedrón, lo que explicaría el movimiento del agua. No se necesitaba fe para entrar de primero, como tampoco en el relato del evangelio aparece la fe, sino el deseo de curación. Pero irónicamente el enfermo no necesitará entrar al agua para ser curado. Lo que necesita es desear ser curado: «Jesús le pregunta ¿Quieres curarte?». No necesita más que la orden de Jesús (palabra encarnada): «¡Levántate, toma tu camilla y vete!»; lo que logra es poder caminar y llevar la camilla, una acción que no puede hacer en sábado, según las normas del judaísmo. Ahora el mismo enfermo tendrá problemas como los tuvo el ciego de nacimiento. La frase que Jesús le dice luego al encontrarlo en el Templo nos devuelve al problema resuelto con el “ciego de nacimiento”. «Ya quedaste sano; no peques más, para que no te suceda algo peor» parece volver al pensamiento judío de la enfermedad como consecuencia del pecado, pero lo peor no sería un agravamiento de la enfermedad o tener otra peor sino el pecado (hamartia) que no es el quebrantamiento de una ley (parábasis, pareptoma) sino la inclinación fundamental del corazón humano a desbocar sus pasiones de tener, poder y placer. Superar o contrarrestar esta tendencia era la misión de Jesús y no curar, siendo esto el signo de aquello. Juan ubica el tiempo de esta curación en una fiesta judía sin especificar. Algunos piensan que sería Pentecostés o fiesta de las cosechas de primavera. Esto da aroma de multitudes a los hechos de Jesús, en momentos en que el espíritu religioso estaba en alto, máxime siendo un incidente en sábado. A diferencia de lo que sucede a menudo en los sinópticos Jesús no justifica su actuación en base a razones humanitarias, sino en base a revelar su autoridad suprema. A pesar de que el Génesis dice que Yahvéh descansó de su actividad creadora el sábado, los rabinos dudaban de que pudiera mantenerse el universo sin la acción de la providencia en sábado. La creación exigiría solamente conservación. Admitían pues que aunque el hombre descansara, Yahvéh continuaba trabajando en sábado y dando vida, así como recompensando el bien y castigando el mal. Jesús pues, actuaba en sábado como actuaba su Padre, pues hace lo que ve hacer a su Padre. En el evangelio de Juan se presenta la tensión entre el cristianismo y el judaísmo, centrado básicamente alrededor de la figura del Mesías y el nuevo «lugar» de la presencia de Dios (sábado, Templo, nuevo pueblo), como la «crisis de la religión», tanto judía como cristiana, pues ambas se encuentra como en una encrucijada frente a la cual tienen que decidir su futuro. La historia de la curación recuerda curaciones parecidas de los sinópticos. La más notoria es la del paralítico bajado por el techo. En Marcos se designa explícitamente al enfermo como «paralítico»; en Juan no se nombra de forma explícita la enfermedad, pero por la descripción y por la afirmación de que el hombre la padecía desde hacía 38 años, se deduce debía tratarse de un paralítico. En ambos casos el enfermo toma su camilla y se va andando. Las diferencias muestran la intención de Juan. En Marcos el episodio es en Galilea mientras en Juan es en Jerusalén, centro del poder político y religioso. Al igual que los sinópticos aparece en Juan el conflicto sabático. En el reemplazo del sábado por el domingo, (primero día del sol en Constantino y luego día del Señor por la resurrección) el cristianismo ganó en identidad pero perdió otros sentidos inherentes al shabbath judío, como el concepto de menuha , hoy necesitados de recuperación por la crisis ecológica. Los incidentes en sábado son: arrancar las espigas, distintas curaciones como la mano seca, curación de una mujer encorvada, de un hidrópico, del ciego de nacimiento. Desde finales del destierro babilónico, la rígida observancia del descanso sabático cuenta entre las instituciones más sagradas del judaísmo. Sin embargo, desde la guerra de los macabeos, se admitieron excepciones, incluso entre los fariseos, para casos de necesidad, aunque fueron siempre muy reducidas. En peligro de muerte estaba permitida a todas luces la transgresión del precepto sabático. Pero los casos narrados no se refieren a necesidad extrema ni de peligro de muerte. El hombre de la mano seca o la mujer encorvada hubieran podido esperar muy bien un día más; y otro tanto cabría decir del enfermo que lleva 38 años esperando. El hecho de que Jesús practicase, frente al precepto riguroso del sábado, una conducta liberal, abierta, provocaba la oposición de los círculos piadosos. También se dice que Jesús entra el sábado en la sinagoga y enseña en ella. El resumen moral lo encontraron los cristianos en: «El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado». Los gestos de Jesús en sábado se leen mejor como insistencia del sentido escatológico (futuro) que debía tener el sábado.