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Pistas para la homilía

  •   Domingo Marzo 20 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Acompañemos al Señor en Jerusalén

• Lecturas:
- Profeta Isaías 50, 4-7
- Carta de san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
- Lucas 22, 14—23,56

• El Domingo de Ramos es el comienzo de la Semana Santa. En los días del Triduo Pascual – Jueves, Viernes y Vigilia Pascual -, los cristianos conmemoramos la pasión. muerte y resurrección del Señor, que son la culminación de la misión que le fue confiada por su Padre. En su misterio insondable, el Padre Eterno quiso que su Hijo encarnado realizara la tarea de la redención recorriendo el camino del sufrimiento, el cual no terminó con la sepultura del cuerpo de Jesús, sino con su resurrección gloriosa y exaltación como Señor del universo. ¿Por qué el camino de la cruz? Las decisiones que tomamos los seres humanos son el resultado de un estudio cuidadoso de los costos y beneficios esperados; dentro de nuestra mentalidad utilitarista, no alcanzamos a comprender por qué esta manifestación del amor infinito de Dios pasa por la aniquilación de la cruz.

• Cuando nuestros amigos planean su agenda de la Semana Santa, se mueven en escenarios distintos:

- Para la mayoría, se trata de un periodo de vacaciones. Para satisfacer este mercado, las agencias turísticas hacen propuestas muy atractivas las cuales, este año, exploran destinos nacionales por el alza enloquecida del dólar.

- Hay otro segmento de la población que programa estos días según intereses antropológicos; consideran las celebraciones de la Semana Santa como unas manifestaciones folclóricas que se nutren de tradiciones españolas e indígenas. Para estas personas, las expresiones de la religiosidad popular son objeto de curiosidad, y buscan destinos atractivos por sus expresiones religiosas.

- Finalmente, estamos los fieles cristianos que vemos estos días como una ocasión para profundizar en los misterios centrales de la redención, cuando Jesús hace el máximo gesto de amor al entregar su vida por nosotros; la Pascua del Señor sella la Alianza nueva y definitiva con Dios e inicia una nueva creación. Los invito a vivir estos días, no como simples turistas o como observadores curiosos de unas tradiciones, sino como activos participantes en la vida de la Iglesia.

• El relato evangélico que hemos leído antes de bendecir las palmas nos relata el ingreso de Jesús en Jerusalén, que era la capital política y religiosa de Israel; era la ciudad del rey David, lo cual le daba una carga simbólica muy especial. Jesús entra cabalgando un burro y es aclamado por los niños y por el pueblo sencillo. Jesús es el Mesías anunciado por los profetas, es el descendiente del rey que toma posesión de su capital. Pero su reino es diferente; carece de los elementos vistosos que se asocian con los desfiles de los personajes famosos; los poderosos no son los que lo acogen. Este mensaje de humildad, que Jesús proclama al entrar como rey en Jerusalén, lo confirmará unos días más tarde, el Jueves Santo, cuando lavará los pies de sus discípulos. Con estos gestos Jesús está señalando el camino de sencillez y de humildad que deberán seguir sus discípulos hasta el fin de los tiempos.

• Los invito a detenernos en el riquísimo texto de la Carta de san Pablo a los Filipenses que nos ilumina el misterio de la cruz como instrumento de redención y la manera como el heredero de David entra en su capital. San Pablo nos explica que el Hijo Eterno de Dios, al asumir la misión de redimir a la humanidad, se despojó de su condición divina. Leamos pausadamente las palabras escritas por san Pablo: “Cristo, siendo Dios, no consideró que debería aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz”. El Viernes Santo se celebra el rito de la adoración de la cruz, durante el cual los fieles besamos este signo de nuestra redención. Este beso no debe ser un gesto mecánico, sino un reconocimiento agradecido al Hijo que se despoja de los atributos divinos para acercarse a nosotros, compartir nuestra suerte y mostrarnos el camino hacia la casa del Padre misericordioso.

• ¿Quién de nosotros quiere despojarse de los atributos del poder, por insignificantes que sean? A los seres humanos nos seduce ascender en la escala social, que nos inviten a ocupar los primeros puestos, aparecer en los medios de comunicación. Aquí quedan en evidencia dos lógicas: la lógica humana de querer aparecer, y la lógica de la redención que pasa por el ocultamiento.

• En este Domingo de Ramos hemos escuchado la lectura de la pasión. El objeto de este texto es prepararnos para las celebraciones de los días santos: El Jueves Santo tendremos el lavatorio de los pies y la Cena del Señor; el Viernes Santo, en una liturgia muy austera y simple, escucharemos el relato de la pasión, adoraremos la cruz y recibiremos la comunión; y en la noche del Sábado Santo se bendecirá el fuego nuevo; esa luz que brilla en medio de la oscuridad simboliza la resurrección del Señor, quien triunfa sobre la muerte.

• Los invito, pues, a vivir con devoción estos días santos, en los que acompañaremos al Señor en la etapa final de su ministerio apostólico. Escuchemos con atención la Palabra de Dios, pongamos atención a los símbolos que utiliza la liturgia, simples y llenos de sentido. Que la Semana Santa vivida en familia sea una profunda experiencia de vida interior.