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Pistas para la homilía

  •   Domingo Abril 03 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- Hechos de los Apóstoles 5, 12-16
- Apocalipsis 1, 9-11ª. 12-13. 17-19
- Juan 20, 19-31

• En este II Domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la Divina Misericordia. Este ha sido uno de los mensajes más insistentes del Papa Francisco. Hace poco apareció un libro del periodista Andrea Tornielli, cuyo título es El nombre de Dios es misericordia. El periodista reproduce una amplia entrevista que le concedió el Papa Francisco sobre este tema, que es central en su ministerio como cabeza de la Iglesia universal. Podemos abrir al azar cualquiera de sus páginas; por ejemplo, en la página 29 leemos: “Etimológicamente, misericordia significa abrir el corazón al miserable. Y enseguida vamos al Señor: misericordia es la actitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonar. Jesús ha dicho que no vino para los justos, sino para los pecadores. No vino para los sanos, que no necesitan médico, sino para los enfermos. Por eso se puede decir que la misericordia es el carné de identidad de nuestro Dios”.

• En su Exhortación Apostólica El Gozo del Evangelio (EG), Francisco motiva a la Iglesia para que salga de sus estructuras y vaya a las periferias, donde están las personas que necesitan esta pastoral de la misericordia. En este texto, el Papa utiliza expresiones impactantes que no son frecuentes en el estilo diplomático del Vaticano: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG, 49)

• Pues bien, en la primera lectura que hemos escuchado, tomada de los Hechos de los Apóstoles, encontramos el testimonio de la Iglesia Apostólica, vibrante, entusiasta, que comunica el gozo del Evangelio, que sale a los lugares públicos – el pórtico de Salomón – y que se preocupa por los enfermos y necesitados. Nos dice el texto: “La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que al pasar Pedro, su sombra por lo menos cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban”.

• Este es el modelo de Iglesia en salida que inspira al Papa Francisco; es una Iglesia que da testimonio del amor misericordioso de Dios. Infortunadamente, la labor evangelizadora de la Iglesia se ve oscurecida por ciertos estilos pastorales que privilegian los aspectos jurídicos y administrativos sobre los verdaderos problemas que angustian al pueblo de Dios.

• El Salmo 117 que acabamos de proclamar, alaba la misericordia de Dios: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia”.

• Después de estas consideraciones sobre la Divina Misericordia, inspiradas en el texto de los Hechos de los Apóstoles y en el Salmo 117, vayamos a las apariciones de Jesús resucitado que nos narra el evangelista Juan.

• Lo primero que observamos es el saludo de paz que les dirige el Señor: “Paz a vosotros”. Es el gran anuncio del Resucitado. Después de las persecuciones y odios que culminaron con la crucifixión, empieza una realidad nueva. Ahora bien, la paz del Resucitado no significa ausencia de problemas, pues la cruz como signo de contradicción acompañará el devenir de la Iglesia hasta el fin de los tiempos. La paz del Resucitado es la certeza de saber que está vivo y presente en medio de la comunidad, que el don del Espíritu acompaña al pueblo de Dios en sus discernimientos; es la certeza de saber que Él es camino, verdad y vida.

• Después de este saludo de paz, “les enseñó las manos y el costado”; mostró las manos perforadas por los clavos y el costado atravesado por la lanza del soldado. Con esto el Señor quiere dejar constancia que es Él mismo y no un fantasma, aunque su corporalidad ya no esté sometida a las contingencias del espacio y del tiempo. Al hablar de la Resurrección de Jesús, es necesario tener presente que es totalmente diferente de las resurrecciones de Lázaro y demás personajes a quienes Jesús resucitó durante su ministerio; ellos volvieron a esta vida espacio-temporal, y se reincorporaron a su grupo de familiares y amigos. Jesús resucitado inicia una etapa diferente, gloriosa. La referencia a las manos y al costado confirma que se trata del mismo Jesús que murió en la cruz, pero que goza de una vida diferente, que no alcanzamos a expresar con nuestras palabras imprecisas y humanas.

• Además del Señor resucitado, el otro gran protagonista es el apóstol Tomás, escéptico y desconfiado como el que más. La actitud de Tomás es compartida por millones de hombres y mujeres de todos los tiempos, que se niegan a aceptar como válidos otro tipo de testimonios y experiencias que no pertenecen al mundo de lo empírico y sensorial.

La cultura contemporánea está marcada por este tipo particular de conocimiento, que solo reconoce lo que es experimentable y medible. De ahí surge un enorme reto para la acción evangelizadora de la Iglesia y, muy en particular, para las Universidades Católicas: ¿Cómo facilitar el diálogo entre la fe, la ciencia y las culturas?, ¿cuáles son aquellos temas de conversación comunes a filósofos, teólogos, humanistas, científicos y líderes de opinión?? La Encíclica Laudato si, del Papa Francisco, abre unos espacios de diálogo muy prometedores, pues a todos nos interesa el futuro de nuestra casa común.