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Pistas para la homilía

  •   Domingo Abril 24 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Dinámica misionera de las primeras comunidades

• Lecturas:

- Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27
- Apocalipsis 21, 1-5ª
- Juan 13, 31-33ª. 34-35

• La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos ofrece una ventana para observar la dinámica misionera de las primeras comunidades. Cristo resucitado les ha dado la misión de ser sus testigos ante las naciones; en Pentecostés, esta misión se verá fortalecida por los dones del Espíritu Santo. Es una energía incontenible. Estos creyentes entusiastas no se quedan encerrados entre las cuatro paredes de su Iglesia local, sino que toman muy en serio su vocación misionera. En palabras del Papa Francisco, son una Iglesia en salida que va a las periferias. Y ¿cuáles son esas periferias? El mundo pagano de ese entonces estaba organizado políticamente bajo los pendones de las legiones romanas.

• En el relato de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar, encontramos a Pablo y Bernabé que, de manera incansable, siembran la semilla de la Palabra en Listra, Iconio y Antioquía, Pisidia y Panfilia, Perge y Atalía. En la actualidad, las comunidades cristianas radicadas en esta parte del mundo, son víctimas de una despiadada persecución por parte del llamado Estado Islámico que incendia iglesias, asesina a los fieles y expulsa de sus territorios a los sobrevivientes.

• ¿Qué hacen Pablo y Bernabé en sus correrías apostólicas? Son constructores de las comunidades de fe:

- Las nuevas comunidades cristianas se construyen sobre la predicación de quienes fueron los testigos de la Resurrección del Señor. La Persona y el mensaje del Resucitado son el corazón del anuncio. No se trata de divulgar una doctrina ni de reclutar adeptos para un proyecto político. Se trata de dar a conocer al Señor y su llamado al Reino.

- El relato de los Hechos de los Apóstoles utiliza dos verbos muy expresivos: “Allí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe”. Estos dos verbos expresan una cercanía de los pastores con sus comunidades pues estaban en medio de ellas; conocían sus problemas cotidianos, compartían sus alegrías y preocupaciones. No nos imaginamos a Pablo y Bernabé encerrados en su despacho, atendiendo en un horario cómodo. Todo lo contrario. Las crónicas de los Hechos de los Apóstoles los muestran como ministros incansables de la Palabra en muy diversos escenarios: conversando con pequeños grupos, predicando en las plazas, haciendo un debate teológico con los doctores de la Ley, defendiendo su libertad de anunciar la Buena Nueva frente a las autoridades civiles y religiosas que pretendían silenciarlos.

- Las comunidades necesitan ser animadas, pues en todas partes hay problemas y crisis. El pastor debe estar presente para que los miembros de la comunidad no se desanimen en su lucha diaria; allí, en medio de la gente, ayudará a descubrir la voluntad de Dios; muchas veces lo que parece un caos incomprensible, a la luz de la fe puede tener un sentido y ser un lugar para la manifestación de Dios.

• Continuando con la lectura de los Hechos de los Apóstoles, encontramos una observación muy importante: “En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído”:

- Estas comunidades, cuyos cimientos construían los Apóstoles a partir del testimonio de la Resurrección, necesitaban unos animadores que continuaran profundizando en la Palabra, convocando para la partición del Pan. Estos eran los presbíteros, hombres comprometidos con el anuncio del Evangelio, con una vida honesta y respetados por la comunidad.

- Un rasgo esencial de estos presbíteros era su cercanía con las comunidades, que los acogían con afecto pues no eran extraños a sus procesos. No eran funcionarios distantes que cumplían con unas funciones definidas en algún Manual.

• Los fuertes vínculos de comunión que encontramos en las comunidades de los orígenes del Cristianismo se explican por el elemento que las aglutinaba, que es el amor. El evangelista Juan lo expresa con elocuencia: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. Estas palabras nos ayudan a comprender que pertenecer a la comunidad eclesial genera unos vínculos muy diferentes a aquellos que existen entre un socio y su club social o deportivo; no se trata de pagar un cuota y cumplir un reglamento. Ser miembro de la Iglesia es pertenecer a una comunidad de fe, que se reúne para escuchar la Palabra y compartir el Pan de Vida, que expresa como comunidad su oración de alabanza y de acción de gracias, y tiende las manos a los necesitados.

• Pablo y Bernabé se apoyan, para sus correrías apostólicas, en la comunidad de Antioquía, que sirve de base de operaciones. Por eso leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles que, al final de este viaje misionero, “Se embarcaron para Antioquía, de donde habían salido, con la gracia de Dios, para la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe”. Esta experiencia de la Iglesia Apostólica nos enseña que las comunidades más fuertes y maduras deben servir de plataforma misionera para llevar la Palabra de Dios a las periferias, es decir, a aquellas comunidades donde no ha echado raíces la semilla de la Palabra.

• Que el Espíritu Santo nos ayude a no quedarnos inmovilizados en la zona de confort de nuestros amigos, y nos abramos a nuevos desafíos.