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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 08 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El Papa Francisco nos regaló el 25 de mayo del año pasado una Encíclica sobre la Ecología a todos los cristianos del mundo, pero que también tiene valor para todos los habitantes del planeta. La Encíclica comienza con las dos primeras palabras del Cántico de las Creaturas de San Francisco de Asís: “Alabado seas“.

Hoy celebramos el Domingo de la Ascensión y los Hechos de los Apóstoles nos ponen a mirar no sólo al cielo a donde subió el Señor, como nos dice el texto: ”Después de decir esto, lo vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista” (Hch 1, 9), sino a la tierra como dice más adelante: “Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo?” (Hch 1, 11), como traduce la Biblia de América.

En el capítulo III de la encíclica, el Papa nos señala los límites que estamos cruzando. Podemos quedarnos admirados mirando hacia arriba o aterrizar: “La humanidad ha ingresado en una nuera era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada” (Nr. 102).

Con toda claridad nos afirma: “Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo, la electricidad…. La revolución digital, la robótica, la biotecnología y las nanotecnologias…” (ibídem).

Y aunque el Papa alaba todos estos inventos humanos, nos llama la atención, pues tendemos a creer que todo incremento en este sentido constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud de los valores, “como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico” (Nr. 105).

El Papa nos advierte del peligro de que sucumbamos ante los dioses de la tecnología y el poder, olvidando que el ser humano ”está desnudo y expuesto frente a su propio poder, que sigue creciendo, sin tener los elementos para controlarlo” (n. 105). Es decir, que nos quedemos mirando un cielo ficticio, que sólo sirve en resumidas cuentas al Capitalismo.

Hoy la tecnología implica una gran dificultad para mirar el conjunto y no sólo a los dueños del poder y el dinero y ”esto mismo impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas complejos del mundo actual, sobre todo del ambiente y de los pobres, que no se pueden abordar desde una sola mirada o desde un solo tipo de intereses” (n. 110).