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“Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme” (Mc 10, 17-30)

  •   Domingo Octubre 14 de 2012
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy presenta a un joven rico, que busca a Jesús. No le pide salud. Le pide ‘heredar’ algo, es decir, conseguir algo sin trabajar, porque así son las herencias. Pero además, esta herencia es muy grande, la más grande que uno se puede imaginar. ¿Cuál será? ¿Qué le responde Jesús? Escuchémoslo.
Lectura del santo evangelio según San Marcos (Marcos 10, 17-30)
NARRADOR/A – En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
JOVEN – Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
NARRADOR/A – Jesús le contestó:

JESÚS – ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

NARRADOR/A – Él replicó:

JOVEN – Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

NARRADOR/A – Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

JESÚS – Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme.

NARRADOR/A – A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

JESÚS – ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

NARRADOR/A – Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

JESÚS – Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.

NARRADOR/A – Ellos se espantaron y comentaban:

DISCÍPULO – Entonces, ¿quién puede salvarse?

NARRADOR/A – Jesús se les quedó mirando y les dijo:

JESÚS – Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

NARRADOR/A – Pedro se puso a decirle:

PEDRO – Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

NARRADOR/A – Jesús dijo:

JESÚS – Les aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casa, y hermanos y hermanas, y madre e hijos, y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura la vida eterna.

Pregunta 1 – ¿Hay jóvenes que buscan a Jesús?

Ahora y siempre.

Hay jóvenes que dijeron NO al Señor; pero hay jóvenes que dijeron SI al Señor.
Muchos de estos fueron impactados por frases evangélicas. Por ejemplo:

"Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, y dáselo a los pobres y luego ven y sígueme" (Mc 19, 17.30) (S. Antonio Abad, Egipto, años 251-356, era de familia muy rica, escuchó esta frase al entrar a una iglesia, y sólo se quedó con un poco de dinero para él y su hermana.

"No se preocupen por el día de mañana” (S. Antonio Abad). Más adelante oyó esta segunda esta frase, aseguró a su hermana en un convento de monjas para su educación, dio el resto a los pobres y se fue al desierto. Y muchos jóvenes le siguieron.

Un crucifijo le dijo a S. Francisco de Asís (Años 1182-1226): “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas.” Vendió lo que tenía y se puso a reconstruir la Capilla de S. Damián y otras más, hasta que escuchó estas palabras del evangelio: No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos... (Lc, 10). Él cambió su afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del Evangelio.

“¿De qué te sirve ganar todo el mundo, si pierdes tu alma?” (S. Ignacio de Loyola le repetía a Francisco Javier (1528-1535), campeón en deporte universitario. Por fin éste se convirtió y los dos forman parte del primer grupo de jesuitas).

S. Agustín, estando en su jardín con un amigo, oyó la voz de un niño de una casa vecina que decía: Toma y lee. Tomó la biblia y leyó: “Actuemos con decencia como de día: basta de banquetes y borracheras, basta de lujuria y libertinaje, no más envidias y peleas. Revístanse del Señor Jesucristo y no se dejen conducir por los deseos del instinto” (Rom 13, 13-14). Y cambió de vida.

Muchos jóvenes dijeron SÍ al Señor, pero otros muchos dijeron No al Señor.

Éste es el caso del joven rico de este evangelio, a quien Jesús respondió con las frases más radicales de la Escritura.

Pregunta 2 – ¿Dónde está la radicalidad en este evangelio?

Después de una misa, en que expliqué esta frase: - "Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, y dáselo a los pobres y luego ven y sígueme", una joven me comentaba: “Esa perspectiva es muy dura: quedarse sin comida y durmiendo en la calle”. Le respondí:

Jesús presenta dos posibilidades: la normal y universal para todos, que es cumplir los Mandamientos. Pero, al insistir el joven, Jesús le presenta el plan especial de vivir como Él vivió: “Dalo a los pobres…” Eso hizo S. Onofre, S. Ignacio de Loyola. Eso hacen hoy día quienes entran en la vida religiosa.

Las frases que Jesús dirige a sus discípulos después de que este hombre “se fue triste, porque era muy rico”, son de una contundencia implacable:

“¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios”.

Frases tan exigentes hicieron que los discípulos, asombrados, se preguntaran:

“¿Y quién podrá salvarse?” A lo que Jesús respondió:

“Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él no hay nada imposible”.

No se trata simplemente de dar un «consejo» a los que buscan la perfección en la vida religiosa. Resulta casi imposible que un rico entre en el Reino de Dios.

El dinero comprará una cama, pero no sueños. Libros, pero no el cerebro.

Comida, pero no apetito. Adornos, pero no Belleza. Una casa, pero no un hogar. Medicinas, pero no salud. Lujos, pero no cultura. Diversión, pero no felicidad.

Un crucifijo, pero no un salvador. Un banco en la iglesia, pero no en el cielo. Lo que el dinero no puede comprar, Dios lo da libremente sin cobrar.

Al joven rico que busca a Jesús, aunque sabe cuál es el medio para ser un hombre bueno, le falta lo más importante, poner en el primer plano de sus preocupaciones o de su proyecto personal la justicia querida por Dios. Esta justicia que Dios quiere comienza por el desprendimiento de la riqueza; así podrá ser sensible a las carencias de los demás” (Schökel, Lc. 18, 18-30).

Pregunta 3 – ¿Entonces el dinero es una trampa?

Efectivamente. Te contaré algo sobre “La cacería del mono”.

Algunos indígenas tienen una forma original de entrampar monos. Parten un coco por la mitad, vacían ambas mitades, y en una de ellas hacen un agujero suficientemente grande como para que pase la mano de un mono. Entonces colocan una naranja en la otra mitad del coco, unen bien las dos mitades y las atan con un mecate a un árbol.

Tarde o temprano un ingenuo mono aparece entre las ramas, huele la deliciosa naranja y la descubre dentro del coco. El mono mete su mano por el agujero, agarra con fuerza la naranja, y trata de hacerla pasar por el agujero. Imposible. Mientras tanto los cazadores se van acercando.

Pregunta 4 – ¿Te dio lástima el pobre mono? ¿Qué consejo le darías?

“Suelta la naranja, para que tu mano pueda escaparse por el agujero, y huye”

El mono no puede tener a la vez la naranja y la libertad. Está entrampado.

Esto es exactamente lo que Jesús le dice al joven rico. Lo ve en peligro de perder su oportunidad de la vida eterna por culpa de su adhesión a la riqueza. Y le recomienda:
“Deja tu riqueza y salva así tu vida eterna”.
Más aún, si el mono pudiera orar, rezaría así: “Dios mío, ayúdame. Pero no me pidas que suelte la naranja”.

Esto te puede resultar cómico. Pero así rezaría el joven rico: “Dame la vida eterna, Señor; pero no me pidas dejar mi riqueza”. (1er binario de los Ejercicios de S. Ignacio).

Las enseñanzas de Jesús pueden parecer duras e incomprensibles, pero al final nos las da por nuestro bien. Vienen de alguien que nos ama y que conoce mejor que nosotros qué es lo que más nos conviene tener o dejar.

Jesús le dice: “Vete, vende lo que tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”.