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La sabiduría, un conocimiento diferente

  •   Domingo Octubre 14 de 2012
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 7, 7-11
  • Carta a los Hebreos 4, 12-13
  • Marcos 10, 17-30

La primera lectura que hemos escuchado, tomada del libro de la Sabiduría, es una pieza maestra de la literatura bíblica; en ella, la sabiduría es elogiada como el bien más deseable y como la joya más valiosa.

Ciertamente, el contenido de este texto así como el lenguaje que utiliza contrastan fuertemente con los paradigmas de la cultura contemporánea, en la que circulan otras maneras de pensar y de valorar. Recordemos, por ejemplo, el primado de la razón que fue la bandera de la modernidad, o el utilitarismo de quienes solo reconocen como significativo el conocimiento útil que se traduce en productos y servicios intercambiables, o el hedonismo que privilegia el placer como supremo criterio para tomar decisiones en la vida. Este texto del Libro de la Sabiduría en nada se parece a los mensajes que circulan por las redes sociales.

Esta manera de pensar, sentir y escribir pertenece a la llamada literatura sapiencial, cuyos orígenes se remontan a las culturas milenarias del Próximo Oriente (Egipto, Fenicia, Siria, Mesopotamia) y que conocemos porque nos ha llegado a través de la Biblia. Estas culturas fueron acumulando sus experiencias más hondas, elaboradas en el seno de las comunidades, y transmitidas en frases breves e impactantes, que ayudaban a resolver los misterios profundos de la vida, establecían pautas para la vida en comunidad, orientaban a los gobernantes y fijaban criterios para la administración de la justicia

Ahora bien, la sabiduría que nos transmite Israel no es un simple eco de las experiencias culturales que circulaban en esa región del mundo; es una sabiduría reelaborada a luz de la experiencia única de la Alianza, que da a la sabiduría de Israel una coloración inconfundible.

Así, pues, el término sabiduría tiene multitud de matices y se va enriqueciendo a medida que el pueblo escogido avanza en su descubrimiento del plan de salvación; y se abre a dimensiones nuevas con la Encarnación del Hijo eterno del Padre, y cuando el don del Espíritu se comunica a los seguidores del Resucitado reunidos en oración, junto a María. En razón de la brevedad de esta meditación, trazaremos unas cuantas pinceladas sobre algo que amerita un tratamiento mucho más profundo.

La sabiduría es un conocimiento al que se accede, no por el raciocinio de los filósofos o de los experimentos hechos en un laboratorio, sino a través de una mirada contemplativa del mundo, en la que juega un papel muy significativo el corazón.

La sabiduría es un conocimiento que se va construyendo y decantando en una comunidad; se va tejiendo en esas conversaciones en las que todos los participantes – viejos y jóvenes, eruditos y personas sencillas - tienen una riqueza para compartir. Dada la importancia de este conocimiento construido en una comunidad, hay que vigilar atentamente las implicaciones que tendrán, para la sociedad en el futuro, las largas horas que pasan los jóvenes frente a una pantalla de computador, creyéndose conectados con el mundo, pero en realidad viviendo aislados en un dramático autismo digital.

La sabiduría es un conocimiento de profundas implicaciones políticas, porque permite la elaboración de las prácticas básicas para una convivencia civilizada. Por eso el rey Salomón es el referente del gobernante sabio, porque la sabiduría le permitió gobernar a su pueblo con equidad.

La sabiduría es un conocimiento religioso, mediante el cual el ser humano reconoce su condición creatural y se abre a la trascendencia. Ahora bien, esta apertura tuvo en Israel un factor absolutamente único, que fue la Alianza que Dios quiso establecer con la comunidad: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. A la luz de la historia de la salvación, la sabiduría como conocimiento religioso adquiere una significación muy particular; nos referimos a la fe como don de Dios, quieb invita a participar en su vida divina.

Vemos, pues, que el término sabiduría se va enriqueciendo en su significación y adquiere coloraciones fascinantes. Así llegamos al Nuevo Testamento, donde leemos, en el Prólogo del evangelio de san Juan: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Con el misterio de la Encarnación, la sabiduría en cuanto conocimiento de Dios rompe todas las fronteras, pues Jesucristo es el revelador del Padre, su Sabiduría hecha carne; siguen resonando en nuestro interior las impactantes palabras del Maestro: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

En Pentecostés, el Espíritu Santo irrumpe en la comunidad de los creyentes y les comunica sus dones, uno de los cuales es el don de sabiduría, que consiste en una gracia especial de Dios para avanzar en su conocimiento por la vía de la oración, gustar de las realidades espirituales y establecer una relación diferente con el mundo de las realidades materiales.

Concluyamos esta meditación dominical. La primera lectura nos ha invitado a profundizar en el término sabiduría, que tiene significados inmensamente ricos y sugerentes; es una manera de conocer la realidad, que implica el corazón; es un conocimiento que se construye a través de las experiencias compartidas en una comunidad y que debe impactar la organización social y política de estos colectivos; la sabiduría también significa apertura a la trascendencia, pues crea las condiciones interiores para que podamos escuchar la voz de Dios en nuestro interior y acoger la plenitud de la revelación en Cristo y abrirnos a la acción del Espíritu Santo en nosotros.