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Pistas para la homilía

  •   Domingo Junio 19 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Un diálogo pedagógico sobre el discipulado

• Lecturas:

o Libro de Zacarías 12, 10-11; 13, 1
o Carta de san Pablo a los Gálatas 3, 26-29
o Lucas 9, 18-24

• Los buenos profesores se preocupan por evaluar periódicamente a sus estudiantes. Así van verificando los aprendizajes que éstos van logrando y las dudas que han podido quedar.

• Pues bien, en el relato del evangelista Lucas que acabamos de escuchar, vemos cómo Jesús aplica un test a sus discípulos. Este test consta de dos preguntas. La primera de ellas es: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Es interesante preguntarse por qué Jesús hace esta pregunta. Quería verificar si sus discípulos estaban avanzando correctamente en el conocimiento de su Persona y de la revelación del Reino. Las respuestas que reproducen sus discípulos, que son eco de los comentarios populares, sugieren que estaban un poco despistados: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que Elías, y otros que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

• Al oír estas respuestas que recogían los rumores populares que circulaban, Jesús quiere concretarlos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Este test para verificar los aprendizajes de sus discípulos es de gran importancia porque en manos de ellos quedará la construcción de lo que en pocos años sería la Iglesia…

• Después de esta introducción sobre el test al que deben responder los discípulos, los invito a explorar los textos bíblicos de este domingo, que nos ofrecen unos elementos teológicos muy ricos para comprender el significado del discipulado. Para ello, empecemos por analizar las enseñanzas de la Carta a los Gálatas. Allí encontramos dos conceptos clave: qué efectos produce el bautismo y qué se deriva de allí:

o El apóstol Pablo nos explica que mediante el bautismo somos incorporados a Cristo y hemos sido revestidos de Él.

o Palabras tan solemnes necesitan ser desglosadas, y de ello se encarga el mismo Pablo: gracias al bautismo nos convertimos en hijos de Dios y también somos herederos de la promesa hecha a Abrahán y sus descendientes. Y esta participación en la vida divina produce una revolución social que arrasa con todas las barreras discriminatorias levantadas por los hombres: “Ya no existe diferencia entre judíos y no judíos, entre esclavos y libres, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Las consecuencias del rito bautismal son inconmensurables porque el sacramento transforma nuestra relación con Dios y las formas tradicionales de las relaciones sociales.

• Veamos qué otros elementos nos aporta el evangelista Lucas sobre esta incorporación a Cristo y haber sido revestidos de Él. Jesús explica, con palabras crudas, la suerte que le espera: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos…” Tal va a ser la suerte del Señor; y la incorporación a Él no va ser como un crucero de placer por el Caribe. Incorporarnos al Señor es vivir la pascua con Él, que implica pasión-muerte-resurrección.

• Como el llamado a ser discípulos suyos implicará una cuota de sacrificio muy alta, el Señor necesita verificar qué han entendido hasta el momento para que no se llamen a engaño. Por eso hace este test que consta de dos preguntas: “¿Qué dice la gente que soy yo? Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

• Después de describir con realismo impactante la muerte que le espera y su resurrección, Jesús describe el estilo de vida del auténtico discípulo:

o El discipulado no consiste en una afinidad intelectual o afectiva de quien se siente cercano a un marco teórico o se identifica con una corriente filosófica. Ser discípulo no es como afirmar “soy kantiano o soy hegeliano”, “soy del Barca o del Real Madrid”. Confesarse cristiano es asumir un proyecto de vida total, que el Señor describe con el verbo acompañar: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo”. Acompañar al Señor significa hacer nuestro el proyecto del Reino y jugarnos la vida por esta opción.

o El discipulado desplaza el eje de nuestra existencia que ya no pasa por el centro del Yo, sino que pasa por el Otro, que es Jesucristo. Ya no funcionamos dentro de la lógica humana que se motiva por la búsqueda del beneficio personal. Por eso los verbos perder, ganar, conservar, que entran en los cálculos que preceden a toda decisión, adquieren una significación totalmente nueva que no se encuentra en ningún texto de Economía: “El que quiera conservar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”.

• Después de estas reflexiones sobre lo que significa ser discípulos del Señor, los invito a responder, en la intimidad de nuestro corazón, a las dos preguntas que Jesús hace a sus inmediatos colaboradores.