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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Julio 10 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Podríamos tomar como centro de la homilía las palabras de Pablo: “Porque Dios quiso depositar en Él toda la plenitud de sus dones y reconciliar por Él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra…” (Colosenses 1, 20).

Pero también la parábola del Buen Samaritano nos permite hablar de tantas personas que “están a la vera del camino”, en nuestro caso, de la mina de oro explotada con sustancias dañinas para los campesinos, del río contaminado, del bosque deforestado.

Y si seguimos preguntando cuáles heridas y qué bandidos son los que asaltan al hombre al borde del camino, no será difícil responder, desde el un punto de vista ecológico. Hay multitud de campesinos maltratado por la transnacionales, la cuales, con legítimos – pero no justos - permisos del gobiernos, están dañando los ecosistemas, los bosques, las fuentes de agua, con la explotaciones de minas de oro.

El Papa Francisco envió hace semanas un mensaje, de una fuerte carga medioambiental al afirmar que estamos “al borde de lo irreversible” con respecto al cuidado de la creación, en un diálogo con la una radio argentina. Y concretamente a su amigo Marcelo Figueroa, en el programa Diálogos, de la FM Milenium.
Para el Pontífice “tenemos una mala relación con la creación en este momento y no nos preocupamos de cuidarla, porque prima ante todos el beneficio”, afirmó. “En el fondo está el dinero, el becerro siempre es de oro, el ídolo es de oro y está en el centro. Se ha desplazado al hombre del centro y ahí está el dinero”.

Y coloca un ejemplo muy diciente: “las represas hidroeléctricas que están planeadas por ejemplo en el Amazonas significan un desequilibrio total en el ecosistema”.

Indica además otra causa: “No somos amigos de la creación, la tratamos a veces como el peor enemigo. Pensar en deforestaciones, mal uso del agua, métodos de extracción de los minerales con elemento como el arsénico, el cianuro, que después terminan enfermando a los pueblos”.

Jesús nos propone considerar como prójimo no al que está cerca de nosotros, en este caso no a los vecinos del barrio tranquilo de la ciudad, sino al que nos hacemos próximos, prójimos, como sería a los campesinos que sufren todos estos males.

A estos debemos acercarnos con la oración y con las protestas a los poderosos, a los dueños de los becerros de oro y de los permisos legales, pero no justos, como los que están concediendo nuestros gobernantes.