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Pistas para la homilía

  •   Domingo Julio 31 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

¿Quieres ser más o simplemente tener más?

• Lecturas:
- Libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
- Carta de san Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11
- Lucas 12, 13-21

• Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre el uso responsable de los bienes materiales. No es fácil abordar este tema en el contexto de una sociedad consumista, en la que el valor de los seres humanos es directamente proporcional a la riqueza que poseen.

• En su Encíclica Laudato si, el Papa Francisco hace unas agudas reflexiones sobre la grave crisis ambiental que amenaza la vida sobre la tierra, y nos hace tomar conciencia de los erráticos comportamientos de la humanidad en cuanto al modelo de desarrollo económico y los valores que rigen la convivencia social. Los invito a leer atentamente las palabras de Francisco; hablando de la contaminación producida por los residuos, afirma: “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables (…) La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (Laudato si, n. 21); refiriéndose al calentamiento global, afirma: “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan” (Laudato si, n. 23)

• Esta Encíclica del Papa Francisco constituye un avance muy significativo de la enseñanza social de la Iglesia. Su principal aporte es el concepto de Ecología integral, que nos permite comprender que todo está conectado con todo, es decir, que el modelo de desarrollo económico, los problemas de la pobreza, el calentamiento global, etc., no son asuntos independientes, sino que deben ser analizados en su conjunto.

• Teniendo como telón de fondo estas reflexiones del Papa Francisco en su Encíclica sobre el cuidado de la casa común, los invito a descubrir los aportes de cada uno de los textos bíblicos sobre el uso de los bienes materiales.

• Lo primero que tenemos que afirmar es la bondad de los bienes materiales, porque ellos son el resultado de la voluntad creadora de Dios. Es el ser humano quien desfigura el plan original de Dios sobre la creación, y deja de usarlos como medios al servicio de la calidad de vida del ser humano, para absolutizarlos como si fueran dioses y acumularlos de manera egoísta.

• ¿Qué nos aporta el libro del Eclesiastés? Allí leemos: “Todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión. Hay quien se agota trabajando y pone en ello todo su talento, su ciencia y su habilidad, y tiene que dejárselo todo a otro que no lo trabajó”. Estas sabias palabras nos recuerdan algo que todos conocemos: el dinero se gana y se pierde; las fortunas desaparecen arrasadas por el tsunami de una crisis económica, una devaluación descontrolada, una decisión equivocada o la irresponsabilidad de unos herederos. El dinero da una falsa seguridad. Por eso no hay que construir el proyecto de vida sobre el tener, sino sobre los valores del ser.

• En su Carta a los Colosenses, Pablo exhorta a los miembros de esta comunidad: “Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios”. Estas palabras de san Pablo son una invitación a establecer una clara escala de valores, es decir, tener criterios definidos acerca de lo que es verdaderamente importante en la vida. Si queremos tomar decisiones sabias y no andar perdidos en la vida, necesitamos unos valores éticos y religiosos muy precisos, los cuales no son negociables bajo ninguna circunstancia. Por carecer de esta brújula, muchas personas sucumben a la tentación del dinero fácil. Tristemente, el narcotráfico, con sus secuelas de corrupción y muerte, ha contaminado todas las estructuras sociales.

• Vayamos ahora al texto del evangelista Lucas. Allí Jesús nos da unas importantes lecciones sobre el uso de los bienes materiales. “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. Y a continuación propone la parábola de un agricultor muy rico que había obtenido una cosecha abundante. Empieza, entonces, a programar lo que haría con la riqueza que le había llegado. Sólo piensa en él: almacenar, acumular riqueza, disfrutar. Pero la muerte le trunca sus aspiraciones. Él no tiene la más remota intención de compartir su riqueza, bien sea creando nuevos puestos de trabajo o atendiendo las necesidades de los más pobres.

• Al analizar los razonamientos de este agricultor rico, es inevitable pensar en las cifras actuales de la economía mundial que muestran que los ricos son cada día más ricos, y cómo se hace cada vez más profundo el abismo que separa a los países ricos, que tienen el conocimiento para investigar nuevos productos y servicios, y los países pobres que se limitan a exportar materias primas que son mal pagadas en el comercio internacional.

• ¿Qué conclusiones podemos sacar de estas reflexiones sobre el uso de los bienes materiales? Todo lo que ha salido de las manos creadoras de Dios es santo y bueno. Los seres humanos debemos actuar como administradores responsables de la casa común. Sin embargo, la destrucción del medio ambiente, el cambio climático, la pobreza en que viven millones de seres humanos, nos muestran, de manera irrefutable, que la humanidad camina hacia la auto-destrucción. Los textos bíblicos y la voz del Papa nos hacen un llamado urgente a revisar el modelo de desarrollo, los hábitos de consumo, las políticas sociales y el manejo ambiental.

• Ya para terminar, quiero recordar que en este día, 31 de julio, los jesuitas celebramos la fiesta de nuestro fundador, san Ignacio de Loyola, sabio maestro de la vida interior. Sus famosos Ejercicios Espirituales son una profunda escuela de oración, y ofrecen una metodología para descubrir la misión que Dios nos pide realizar en este mundo. Al fundar a la Compañía de Jesús, Ignacio quiso crear un cuerpo apostólico al servicio de la Iglesia, con una gran capacidad de adaptación para responder con agilidad a los retos cambiantes del entorno.