Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Agosto 21 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy nos presenta unas palabras de Jesús muy fuertes a ciertas personas: “No los conozco” dice el dueño de la casa. Más aún, cuando continúan tocando la puerta les dice: “No los conozco ni sé de dónde vienen”. Estas palabras se la podemos aplicar a la personas, a las entidades, a los gobiernos que no están cuidando la Casa Común, pero que se creen dueños de la misma.

Pasemos, por tanto, a analizar una noticia ecológica también muy fuerte. Desde el pasado 8 de agosto los habitantes de la tierra hemos consumido la totalidad de los recursos que el planeta puede renovar en un año. Es decir vamos a seguir viviendo hasta el 31 de diciembre de “sobre giro”, como afirma la ONG que hizo este cálculo, la Global Footprint Network.

En realidad, esta ONG tuvo en cuenta la huella de carbono, los recursos consumidos para la pesca, la ganadería y la agricultura, así como los gastos de las construcciones y el uso exagerado del agua.

Otro dato impresionante. Según el informe anual sobre el estado del Clima, un documento publicado a inicios de agosto en una reunión donde participaron 450 científicos del mundo entero, las emisiones de gas de efecto invernadero, alcanzaron niveles récord en el 2015, catalogado como el año más caliente de la humanidad.

Estábamos enseñados a que los recursos de la tierra eran ilimitados. Pero no es así. Que una persona de la calle, como decimos, ignore la realidad, pase… Pero que los gobiernos y entidades que manejan mucho dinero como las de la minería, lo ignoren no es justo. Ni tampoco que nosotros, los que nos creemos buenos cristianos, ignoremos esta realidad.

Por fortuna el Papa Francisco en su encíclica LAUDATO SI, Alabado seas, Señor, nos lo ha advertido en numerosas partes de este genial documento. Basta con leer las siguientes frases: “El cambio climático es un problema global con graves consecuencias ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad” (nr. 25).

Por supuesto que no deja de llamarnos la atención, en seguida, de cómo muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por este fenómeno. Es uno de los aspectos típicos de esta encíclica la cantidad de veces que hace referencia a sus hermanos preferidos, los pobres.
Pero si queremos ahora, aplicarles a algunas personas las duras palabras de Jesús del evangelio de hoy, basta que leamos en el siguiente número: “Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político pareen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático” (nr. 26).

Lo mismo podríamos decir sobre el uso del agua, de los bienes de consumo, pero en especial, sobre el deterioro de la calidad de vida, en especial cuando se trata de los países más pobres y de sus habitantes.