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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 11 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Hoy termina oficialmente la Semana por la Paz. El Sr Cardenal Rubén Salazar nos ha escrito estas bellas palabra: “Por primer vez en nuestra historia, vamos a ser capaces de darnos la mano los que éramos enemigos, a sellar acuerdos aquellos que antes defendíamos posiciones irreconciliables, a empezar un camino nuevo en que quepamos todos, en el que no haya enfrentamientos insolubles sino que podamos, hombro con hombro, erradicar la injusticia y la violencia y construir un país fraterno y solidario, un país en paz”.

Durante esta semana se ha venido celebrando la Semana por la Paz, que lleva ya 29 años, desde cuando se vendió la famosa custodia, llamada “Lechuga” por el verde de las esmeraldas y con ese dinero se ha venido llevando a cabo las actividades del Programa por la Paz y en especial estas actividades de estas semanas.

Cuando pensamos en la Paz habría que pensar también en la paz con la naturaleza. Basta sólo pensar en los daños tan terribles que han causado las voladuras de los oleoductos del petróleo y la destrucción de los bosques para sembrar coca y sostener la guerra de parte de la guerrilla y los paras.

Pero también pensemos en la paz para el futuro y para pedirle a Dios por los niños que van a sufrir las consecuencias. Para hablar sólo de un caso, mencionemos al municipio de Cogua, cerca de Zipaquirá.

De acuerdo con la Agencia Nacional de Minería, de las 13.290 hectáreas que lo conforman, 5.852 corresponden a 42 concesiones o títulos mineros que ya fueron otorgados por este gobierno y 4.624 que están en trámite.

Si se suman ambas cifras, el 78.8% del municipio de Cogua estaría en riesgo de destinarse a la minería, cuando históricamente se ha venido haciendo extracción de arcilla y gravilla sólo en un área de 340 hectáreas.

No le falta razón al Papa cuando Afirma: ”Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufren la gente más pobre” (Laudato Si, nr.48).