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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 18 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El profeta Oseas se destacó por la defensa de los pobres y por buscar la Justicia Social. Una prueba de esto es la siguiente reprimenda a los explotadores, a los estafadores y a las personas que falsean las balanzas.

“Oigan esto, ustedes, que explotan al pobre y quieren acabar con los humildes. Con impaciencia esperan que termine la fiesta de la luna nueva para vender su trigo, y no ven el momento de que pase el sábado para abrir los almacenes. Disminuyen la cantidad y aumentan el precio, usan balanzas falseadas, y venden hasta el desecho del trigo” (Amós 8,4-5).

Sabemos que el impacto social y la explotación del oro, tanto la ilegal como la “legal”, en Colombia como en todo el mundo, está causando una gran catástrofe. Por supuesto no faltan defensores de esta llamada Locomotora Minera.

El 5 de septiembre pasado, el diario Portafolio presentó bajo el titular de “El auge del oro saca la cara por la actividad minera en el país”. Dicha publicación generó el rechazo de las personas que conocen cómo dichas empresas se llevan el 90% de lo que extraen y la nación apenas recibe el 10%.

Pero a este dato habría que añadirle varios aspectos. Son empresas que crean muy pocos empleos. Y sobre todo, el impacto negativo que producen tanto en lo social como en lo ambiental.

Ya el Papa Francisco en su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común había escrito: “En el cuidado de la biodiversidad, los especialistas insisten en la necesidad de poner especial atención a las zonas más ricas en variedad de especies, en especies endémicas, poco frecuentes o en menor grado de protección efectiva” (L.S., n37).

Por desgracia ha faltado más rechazo a este tipo de explotaciones. ¿Será porque “los mundanos son más astutos en sus negocios , que los que pertenecen al reino e la luz”, como nos dice Jesús en el evangelio de hoy?

Hoy termina oficialmente la Semana por la Paz. El Sr Cardenal Rubén Salazar nos ha escrito estas bellas palabra: “Por primer vez en nuestra historia, vamos a ser capaces de darnos la mano los que éramos enemigos, a sellar acuerdos aquellos que antes defendíamos posiciones irreconciliables, a empezar un camino nuevo en que quepamos todos, en el que no haya enfrentamientos insolubles sino que podamos, hombro con hombro, erradicar la injusticia y la violencia y construir un país fraterno y solidario, un país en paz”.

Durante esta semana se ha venido celebrando la Semana por la Paz, que lleva ya 29 años, desde cuando se vendió la famosa custodia, llamada “Lechuga” por el verde de las esmeraldas y con ese dinero se ha venido llevando a cabo las actividades del Programa por la Paz y en especial estas actividades de estas semanas.

Cuando pensamos en la Paz habría que pensar también en la paz con la naturaleza. Basta sólo pensar en los daños tan terribles que han causado las voladuras de los oleoductos del petróleo y la destrucción de los bosques para sembrar coca y sostener la guerra de parte de la guerrilla y los paras.

Pero también pensemos en la paz para el futuro y para pedirle a Dios por los niños que van a sufrir las consecuencias. Para hablar sólo de un caso, mencionemos al municipio de Cogua, cerca de Zipaquirá.

De acuerdo con la Agencia Nacional de Minería, de las 13.290 hectáreas que lo conforman, 5.852 corresponden a 42 concesiones o títulos mineros que ya fueron otorgados por este gobierno y 4.624 que están en trámite.

Si se suman ambas cifras, el 78.8% del municipio de Cogua estaría en riesgo de destinarse a la minería, cuando históricamente se ha venido haciendo extracción de arcilla y gravilla sólo en un área de 340 hectáreas.

No le falta razón al Papa cuando Afirma: ”Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufren la gente más pobre” (Laudato Si, nr.48).